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» Clarin
Fecha: 26/04/2026 07:25
Si mirás fijamente al abismo, el abismo terminará mirando dentro de ti, o quizás nos terminaremos mimetizando. Roberto Esposito, uno de los filósofos contemporáneos a los que más atención deberíamos prestarle, escribe que la historia no tiene un solo sentido, salvo, cada tanto, uno provisorio, que de vez en cuando nace de la lucha entre las potencias que combaten para conquistar las palabras que definen a una época. No es una metáfora, es una batalla cruel y sangrienta, como el odio de Dios . Entonces ¿cómo sobrevivir en una época sin nombre, que ha cedido sus derechos de autor a los nuevos editores y programadores de la humanidad, esa cofradía de iluminados tecnológicos, que disponen de nuestras vidas, voluntades y la de nuestras instituciones, o casi? Seguramente no con frases hechas, términos engañosos, lugares comunes, que nos hacen correr el riesgo de producir una niebla interpretativa, que por un lado nos impide comprender la gravedad de ciertos hechos (esos que muy livianamente definimos como autoritarismo, fascismo, populismo) y por otra parte nos lleva a suponer que se tratan de estados pasajeros y regresivos, y de esta manera no llegamos a comprender el peligro que estas simplificaciones implican, como reflexiona la filósofa italiana, Donatella di Cesare en su libro Tecnofascismo. Nos tienta calificar esta época, caracterizada por el exceso de inmediatez e inmanencia (la inmanencia fue la innovación del fascismo, mientras la trascendencia fue la del resto de las creencias y supersticiones , como las religiones y el comunismo soviético) como fascismo, ese que se hizo carne con Mussolini, aunque poco tiene que ver con la complejidad de este momento. Vivimos hipnotizados por los conquistadores de la IA, que por un ratito saborean el gusto de ser dioses antes de ser también ellos condenados al olvido de la matriz del post humano (Giuliano da Empoli). Me conecto y una caterva de atrocidades me avasallan. Quiero mirar para otro lado, pero la IA insiste en que vuelva a ver una y otra vez las mismas imágenes de muerte y degradación, en un intento algorítmico por anestesiar los sentidos hasta convertir la vida en algo indiferente, para ser jugada en una play o apostada en una app,esas costumbres que conocimos por el futbol y que ahora se dedican a hacer fortunas con otra forma de entrenamiento:las guerras ( https://edition.cnn.com/2026/03/07/politics/iran-war-prediction-markets-polymarket-kalshi) Recuerdo una película que me impactó cuando era un adolescente: I como Icaro (1979),cuya secuencia clave demuestra cómo personas comunes pueden infligir dolor extremo a otros, ilustrando el tema de la manipulación y la sumisión ciega a figuras de poder. Era un experimento educativo, en el cual se intentaba demostrar que a través del dolor, se podía mejorar el aprendizaje. Un doctor formulaba una pregunta a un voluntario y si la respuesta no era la correcta, otro voluntario, que observaba sin poder ser visto desde la sala de interrogación, debía aplicarle un descarga eléctrica de la intensidad que consideraba, hasta lograr que la respuesta fuese la apropiada. La intensidad fue aumentando hasta dejar inconsciente a quien respondía. Ahí descubrimos que era una actor, que las descargas eran ficticias y que el experimento estaba destinado a comprobar el nivel de sadismo y de obediencia debida de quien las aplicaba y de los espectadores, es decir, nosotros, los mismos que hoy nos conectamos con ese juego de apuestas y manipulaciones en lo que se convirtió nuestra realidad en el que las tinieblas solo hablan con las tinieblas en una especie de catarsis de las devastación. Sobre la firma Newsletter Clarín
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