26/04/2026 08:22
26/04/2026 08:22
26/04/2026 08:22
26/04/2026 08:20
26/04/2026 08:19
26/04/2026 08:19
26/04/2026 08:19
26/04/2026 08:17
26/04/2026 08:15
26/04/2026 08:14
» TN
Fecha: 26/04/2026 07:04
Desnazificación Al finalizar la Segunda Guerra Mundial, la sociedad alemana seguía siendo la misma que había sostenido al régimen nazi durante 12 años. En mayo de 1949, se creó la República Federal de Alemania, y este nuevo estado democrático tuvo un problema inicial: qué hacer con millones de personas que habían pertenecido, en distintos grados, al aparato nazi. Se puso en marcha un proceso llamado desnazificación, que fue un conjunto de medidas impulsadas por las fuerzas de ocupación aliadas para identificar y juzgar a quienes participaron del régimen nazi. En términos prácticos, consistía en investigar antecedentes políticos, separar de sus cargos a dirigentes comprometidos con el nazismo y, en los casos más graves, juzgarlos penalmente. El objetivo era impedir que el nuevo Estado democrático estuviera dirigido por quienes habían sostenido una dictadura criminal. La desnazificación fue limitada y desigual. En los primeros años, hubo expulsiones y sanciones, pero pronto el proceso se volvió más indulgente. Alemania Occidental necesitaba funcionarios, jueces, policías, maestros y técnicos para funcionar, y muchos profesionales disponibles habían trabajado durante el Tercer Reich. A comienzos de los años ´50, numerosos exmiembros del partido nazi o del aparato estatal anterior regresaron a cargos públicos en la Justicia, la administración y las fuerzas de Seguridad. Esto no significó un retorno formal al nazismo, pero sí una continuidad que nunca fue discutida abiertamente. Al mismo tiempo, la República Federal se alineó política, económica y militarmente con Estados Unidos y sus aliados contra la Unión Soviética y la Alemania Oriental. En 1955, ingresó a la OTAN y permitió la presencia permanente de tropas estadounidenses en su territorio. El milagro económico Desde el punto de vista económico, el país vivió un crecimiento rápido y sostenido. Entre los años ´50 y mediados de los ´60 se produjo el llamado milagro económico: reconstrucción de ciudades destruidas, aumento del empleo, acceso masivo al consumo y mejora general del nivel de vida. El sistema político se estabilizó. Los grandes partidos dominaron el Parlamento. A mediados de los ´60 se aprobaron leyes de emergencia que otorgaban al Estado poderes excepcionales en situaciones de crisis. En esos mismos años, las universidades comenzaron a llenarse de estudiantes nacidos después de 1945. Esta generación no había vivido el nazismo, pero convivía con sus consecuencias. Muchos de sus profesores, jueces, políticos y policías habían sido adultos durante el Tercer Reich, y rara vez hablaban de ese pasado. Las preguntas ¿qué hiciste durante el nazismo?, ¿cómo fue posible?, ¿por qué nadie responde? no tenían respuestas públicas claras. Para estos jóvenes, la democracia alemana parecía eficaz, pero moralmente incompleta. En los años 60, era visible el malestar en sectores juveniles Las universidades se convirtieron en espacios de politización intensa. Allí confluyeron varias inquietudes: la ausencia de un debate público sobre el pasado nazi, la continuidad de viejas élites en cargos de poder, la rigidez del sistema político y el alineamiento automático con Estados Unidos. No se trataba todavía de violencia ni de clandestinidad, sino de protesta organizada, debates y marchas. Uno de los núcleos centrales de ese movimiento fue Berlín Occidental. La ciudad tenía una situación particular: era un enclave occidental dentro de territorio controlado por la República Democrática Alemana, dependía fuertemente de la protección estadounidense y concentraba universidades, medios de comunicación y una juventud politizada. El 2 de junio de 1967, se produjo un hecho decisivo. Ese día, visitó Berlín Occidental Mohammad Reza Pahlavi, gobernante de Irán, aliado estratégico de Estados Unidos y acusado internacionalmente de dirigir un régimen autoritario con una policía política represiva. Para muchos estudiantes alemanes, la visita simbolizaba la hipocresía de un Estado que se presentaba como democrático mientras recibía con honores a un dictador extranjero. Andreas Baader y Gudrun Ensslin La protesta tuvo lugar frente a la Ópera Alemana de Berlín. Participaron estudiantes, militantes de izquierda y curiosos. Durante los disturbios, los policías repartieron golpes y balazos. El estudiante Benno Ohnesorg, de 26 años, recibió un disparo y murió en el hospital. No estaba armado. A partir de ese momento, el movimiento estudiantil se radicalizó. El foco se desplazó hacia la legitimidad misma del Estado y de sus instituciones represivas. Para una mayoría de estudiantes, la violencia estatal debía ser denunciada, no respondida. Para una minoría, sí. De esta interpretación surgirá, en los años siguientes, el paso de algunos militantes desde la protesta pública hacia la violencia organizada. En 1968, aparecieron con nitidez dos figuras que pronto ocuparían un lugar central en la escena pública: Andreas Baader y Gudrun Ensslin. Andreas Bernd Baader nació en Múnich en 1943. Era un militante impulsivo, hostil a la autoridad. Gudrun Ensslin, nacida en 1940, era hija de un pastor protestante, crítica al capitalismo y con una lectura moral del pasado nazi. Ambos se conocieron en el ambiente de la militancia de izquierda y formaron una pareja política y personal. Para ellos, la República Federal de Alemania era un enemigo concreto al que había que atacar. El 2 de abril de 1968, Baader y Ensslin incendiaron, junto con otros, dos grandes almacenes en Frankfurt. En los comunicados posteriores, el incendio fue presentado como una respuesta directa a la guerra de Vietnam y a lo que consideraban la indiferencia de la sociedad alemana frente a los bombardeos estadounidenses. A todos los incendiarios, los detuvieron enseguida y fueron condenados. Por primera vez desde el fin de la guerra, militantes de izquierda en Alemania Occidental habían cometido un acto de sabotaje con motivación política explícita. Una organización clandestina permanente Antes de incorporarse a la acción ilegal, Ulrike Meinhof era una figura conocida. Había nacido en 1934. Estudió sociología y pedagogía y se destacó como periodista política en revistas de izquierda. Se involucró con Andreas Baader cuando este salió en libertad condicional en 1970 y en lugar de cumplir con las exigencias del tribunal, anunció que pasaba a la clandestinidad. Ulrike comenzó a ayudarlo. El núcleo formado por Andreas Baader, Gudrun Ensslin y Ulrike Meinhof tomó la decisión de constituirse como una organización clandestina permanente. Adoptaron el nombre de Red Army Faction (RAF). El término Red remitía al marxismo revolucionario; Army a la violencia organizada; Faction subrayaba que se consideraban una minoría armada. Un aspecto central de esta etapa fue la búsqueda de capacitación militar. Integrantes del grupo viajaron al Medio Oriente y recibieron entrenamiento en campamentos de grupos palestinos. El financiamiento se resolvió mediante robos a bancos. Entre fines de 1970 y mediados de 1972, la Red Army Faction pasó a la acción armada sostenida. El grupo comenzó a emplear explosivos contra blancos seleccionados. El 11 de mayo de 1972, colocaron una bomba en el cuartel general del V Cuerpo del Ejército de Estados Unidos en Frankfurt. El ataque causó un muerto y varios heridos. El 12 de mayo, un artefacto explotó frente a una comisaría en Augsburgo, hiriendo a varios policías. El 15 de mayo, otra bomba fue colocada en el auto del juez Alfred Klaus, que resultó gravemente herido. El 19 de mayo, un atentado con explosivos alcanzó instalaciones del grupo editorial Axel Springer en Hamburgo, símbolo del poder mediático y del apoyo a la política estadounidense. El ataque más grave de esta serie ocurrió el 24 de mayo de ese año, en la base militar estadounidense de Heidelberg. Una bomba mató a tres soldados e hirió a varios más. La respuesta estatal fue inmediata y masiva. Se crearon unidades especiales de búsqueda y se amplió la cooperación entre fuerzas federales y regionales. Andreas Baader fue capturado en Frankfurt el 1 de junio; Gudrun Ensslin cayó en Hamburgo el día 7; a Ulrrike Meinhof la atraparon el 15 en Hannover. A estos arrestos, se sumaron los de otros militantes Todos fueron enviados al complejo carcelario de Stammheim Prison, en las afueras de Stuttgart. Los presos fueron aislados, vigilancia constante y controles exhaustivos sobre correspondencia y visitas. A partir de 1973, los detenidos iniciaron prolongadas y coordinadas huelgas de hambre para denunciar aquellas condiciones de detención. El Estado respondió con alimentación forzada en algunos casos. El deterioro físico de algunos fue severo. El caso extremo fue el de Holger Meins, que murió el 9 de noviembre de 1974. El 9 de mayo de 1976, Ulrike Meinhof fue hallada muerta en su celda. Tenía 41 años. Meinhof estaba colgada de una cuerda fijada a la reja de la ventana. La fiscalía informó enseguida que se había suicidado. La reacción pública fue polarizada. Para amplios sectores de la opinión pública, la explicación oficial fue aceptada sin objeciones. Para otros, especialmente dentro de la izquierda radical, la muerte de Meinhof generó sospechas de homicidio. La segunda generación de la RAF Para jóvenes que ya simpatizaban con la RAF, la muerte de Ulrike confirmó la idea de que los presos corrían peligro real y que el Estado no estaba dispuesto a negociar. A partir de 1976, comenzó a consolidarse lo que luego sería llamado la segunda generación de la RAF. Esta segunda camada adoptó un objetivo central y explícito: forzar la liberación de Andreas Baader, Gudrun Ensslin y Jan-Carl Raspe. La estrategia fue el chantaje político mediante secuestros y asesinatos selectivos. El mensaje era claro: mientras los presos siguieran en la cárcel, la violencia continuaría. Leé también: El caso Holloway: una playa de ensueños, una joven desaparecida y una confesión tardía que no apagó el dolor El 5 de septiembre de 1977, la confrontación entre el Estado alemán y los terroristas entró en su fase más grave. Ese día, en Colonia, un comando secuestró a Hanns Martin Schleyer, uno de los empresarios más influyentes de la República Federal de Alemania. El secuestro fue ejecutado con precisión militar. Los automóviles de Schleyer y de sus guardias fueron interceptados. En segundos, los terroristas dispararon y asesinaron a los cuatro miembros de su escolta: tres policías y su chofer. A Schleyer lo metieron en un vehículo y se lo llevaron. Luego la RAF difundió un comunicado en el que exigía la liberación de 11 presos y su traslado a un país extranjero. El gobierno del canciller Helmut Schmidt no negoció. Estado de tensión permanente Durante las semanas siguientes, Alemania Occidental vivió un estado de tensión permanente. El 13 de octubre de 1977, la crisis se agravó. Un grupo armado palestino, actuando en coordinación con la R.A.F., secuestró el vuelo Lufthansa 181, que cubría la ruta Palma de MallorcaFrankfurt. El avión, con pasajeros y tripulación a bordo, fue desviado sucesivamente a Roma, Lárnaca, Dubái y Adén. La conexión entre ambos secuestros fue explícita: la liberación de los presos alemanes era nuevamente la condición exigida. El conflicto adquirió una dimensión internacional. El 18 de octubre de 1977, fuerzas especiales alemanas intervinieron en el aeropuerto de Mogadiscio, en Somalia, donde el avión secuestrado había aterrizado, y liberó a los rehenes. Pocas horas después, la atención se trasladó a la cárcel de Stammheim. En celdas separadas, fueron hallados muertos Andreas Bernd Baader, Gudrun Ensslin y Jan-Carl Raspe. Baader tenía un balazo en la cabeza; Raspe una herida similar; Ensslin fue encontrada ahorcada con un cable. En una celda contigua, Irmgard Möller estaba con serias heridas de arma blanca en el pecho; sobrevivió. La fiscalía informó que las muertes y heridas fueron producto de suicidios coordinados al conocerse el fracaso del secuestro aéreo. Leé también: El crimen de Ursula Herrmann, el caso que conmovió a Alemania y que 45 años después aún despierta sospechas La investigación oficial sostuvo que los detenidos habían logrado introducir armas y objetos prohibidos en la prisión, ocultándolos durante largos períodos. Las muertes generaron una conmoción inmediata. Ese mismo 18 de octubre, al conocerse las muertes de los terroristas detenidos, el grupo que mantenía cautivo a Hanns Martin Schleyer decidió asesinarlo. Al día siguiente, el cuerpo de Schleyer fue hallado en el baúl de un auto abandonado en Mulhouse, en territorio francés. Con estos hechos, se cerró el episodio conocido como el Otoño Alemán. En el lapso de seis semanas, el país había atravesado un secuestro con asesinato múltiple de escoltas, una crisis política prolongada, un secuestro aéreo internacional, la muerte de los principales dirigentes de la RAF encarcelados y el crimen de uno de los empresarios más poderosos de Alemania Occidental. Luego de estos hechos la RAF no se extinguió. A partir de 1978, comenzó a actuar lo que se conoce como tercera generación, integrada por militantes más jóvenes. Las acciones armadas continuaron de forma más esporádica y selectiva. La reunificación alemana en 1990 modificó de manera profunda el escenario político que había alimentado la narrativa original de la RAF, es decir la división alemana, la ocupación extranjera, la continuidad directa con el nazismo. El 20 de abril de 1998, la RAF difundió un comunicado en el que anunciaba formalmente su disolución. En ese texto, se afirmaba que el proyecto de lucha armada había llegado a su fin y que no existían ya las condiciones para continuarlo.
Ver noticia original