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» TN
Fecha: 25/04/2026 05:46
La vida de Héctor Ortiz cambió de un momento a otro en 2016. Lo que empezó como una molestia que él mismo atribuyó a un golpe jugando al fútbol, se convirtió en una pesadilla crónica que hoy le impide realizar las tareas más simples, como ponerse una zapatilla o un pantalón. Al principio era raro, se me empezó a hinchar en la parte de abajo de la pierna. Fui al médico, hicimos estudios con osteópatas, recorrimos varios lugares. Siempre pensé que me iba a sanar, pero seguía creciendo más, recordó Héctor sobre los primeros años de una enfermedad que, tras la pandemia, avanzó sin tregua. Leé también: Es cirujano y los fines de semana trabaja vendiendo pochoclos en el parque: Es parte de mi identidad Un diagnóstico difícil y una esperanza en Buenos Aires Durante años, el joven que hoy tiene 28 años deambuló por consultorios en Corrientes y Posadas, recibiendo masajes y medicación que no atacaban el problema de raíz. Hasta que finalmente el diagnóstico definitivo llegó con nombre y apellido: linfedema tardío en miembro inferior izquierdo, crónico, asociado a trastornos tróficos cutáneos e infecciones a repetición. Tras mucho buscar, encontró en Buenos Aires al especialista que le dio una luz de esperanza. Héctor explicó en diálogo con TN la gravedad de su situación actual: Fue el único que me dijo es para operar porque si sigue mucho tiempo se va a complicar la columna. Es todo líquido lo que tengo en la pierna, ellos quieren sacar todo e incluso un pedazo de piel. El cuadro no solo es estético o funcional; es un riesgo constante para su salud general. Aunque no siente dolor físico diario, la enfermedad lo debilita sistemáticamente. Una vez al año me agarra fiebre y me tienen que dejar internado porque me agarra mal. Me dijeron que si sigo más así me puede pasar a la otra pierna, relató con preocupación. La lucha por el sustento y el peso de la mirada ajena A pesar de la dificultad para movilizarse, Héctor no se rinde. En su Corrientes natal sobrevive haciendo changas, pero el peso de su propia pierna se ha vuelto un obstáculo casi insalvable para el trabajo físico. Actualmente corto pasto, lavo autos, hago changas. Me complica para conseguir trabajo porque por el mismo peso parece que mi pierna quiere tocar la tierra. Caminar puedo caminar, pero es muy pesado. No puedo doblar la rodilla. A las limitaciones físicas se le suma el peso emocional de la mirada social. Ante esto, habló sobre lo incómodo que resulta el día a día: La gente me mira, a veces no me puedo poner ni un pantalón, las zapatillas no me las puedo poner. Hoy el joven correntino solo pide una oportunidad para volver a ser productivo y autosuficiente. Su mirada está puesta en el horizonte, en un trabajo en Córdoba donde lo espera su tía para trabajar, una vez que logre sanar. Yo quiero sanarme bien y quiero ir a trabajar, pienso en mi futuro, en comprar un terreno, hacer mi casa, mis cosas. Los médicos dicen que voy a estar bien, que la pierna va a quedar como la otra pierna y eso me pone feliz porque va a ser otra vida, una vida normal para mí, dijo con una mezcla de ilusión y determinación. Cómo ayudar: una carrera contra el tiempo La operación tenía fecha programada para el 30 de enero, pero Héctor y su familia compuesta por su papá, su mamá y sus hermanos que lo acompañan incondicionalmente no lograron reunir los fondos necesarios. Es por eso que la cirugía se terminó reprogramando y aunque todavía no tiene fecha, apenas pueda terminar de juntar el dinero necesario ya podría realizarse. El costo de la intervención es de 18 millones de pesos, a lo que se deben sumar 2 millones de pesos por cada día de internación. Además, el postoperatorio requerirá un tratamiento largo: masajes, uso de medias especiales, quizás muletas y una rehabilitación intensa para recuperar la musculatura, sumado a los viajes de control de Corrientes a Buenos Aires. Héctor sabe que el camino es largo, pero su deseo de volver a jugar a la pelota y a trabajar por lo suyo es más fuerte que cualquier impedimento. Hoy, el joven correntino depende de la solidaridad de la gente para poder costear la cirugía que le devolverá, literalmente, la capacidad de proyectar su vida.
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