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» Clarin
Fecha: 24/04/2026 09:40
"Yo viví mucho tiempo encerrado en mí. Creí que era un volcán que iluminaba todo un territorio y me di cuenta que apenas soy un fuego que esboza la sombra de mis pasos". Así, con el corazón arrancado, se sinceraba Juan José Camero en unas de sus tantas "resurrecciones", años después de ese alud de fama que casi lo asfixia. "Se habla más de vos que de Juan Domingo Perón", le dijo alguna vez Luis Sandrini, sin exagerar. Buena parte del país estaba hipnotizado por esa belleza que dolía, un rostro al que Leonardo Favio había elegido para Nazareno Cruz y el lobo y que entonces se volvió propiedad colectiva. La popularidad envolvió salvajemente a Camero, héroe trágico que empezó a sortear algunas desgracias también fuera de cámara. Entró en la inmortalidad cinematográfica y, sin embargo, a los 82 años vive un cierto olvido de los medios. Hace 25 años, semanas antes de la retirada de Fernando de La Rúa en helicóptero, un desafortunado ingreso al descarnado programa Reality reality condenó a Juan a una crítica injusta. La repetición y distorsión de imágenes en el encierro dilapidó su reputación y el actor nunca pudo recuperarse de tamaña trampa mediática. Lo recuerda por estos días su amigo y colega Maxi Ghione, que se despachó con una suerte de carta abierta en redes sociales. "Pienso en aquellos años donde la 'edición manipulada' de un reality dejó perpetua su imagen como una persona con problemas con el alcohol (lo cual no tendría nada de malo) y al no padecer esa enfermedad, fue y sigue siendo punto de crítica", se lee. "Se lo sentencia a algo que no es y, por la forma peyorativa, se ataca a la gente que sí lo padece, como si fuera una burla a lo trágico". "Juanjo no puede ver, perdió casi toda su visión, y a eso se le suman otros problemas de salud y su edad. Nunca, pero nunca nunca, vi a Juanjo en estado de ebriedad, pero ni un leve mareo. Todo, absolutamente todo lo que se ve en archivo, fue manipulado. Es triste ver imágenes que lo ubican en un lugar más incómodo aún que el momento de salud en el que se desplaza hoy". Gran lector que hoy usa lupa, su foto de Whatsapp es una suerte de poesía en blanco y negro, una imagen llevando a Jorge Luis Borges del brazo. Devoto del escritor, Camero hoy vive solo, en Pilar, alejado del "ruido" mediático. De vez en cuando comparte alguna reflexión borgeana en su cuenta de Facebook. Los motores siguen siendo una de sus grandes pasiones. Él, que fue modelo de publicidad fierrera, que hizo un curso de Fórmula 3 en Francia y llegó a correr rally en los noventa, sigue amando la velocidad y la adrenalina pistera, aunque su vida sea hoy un elogio de la lentitud, el reposo y la calma. Ante los llamados de Clarín, su respuesta es la no respuesta. "Él es ermitaño. Le cuesta salir de su casa y no quiere más entrevistas", explica alguien de su entorno, que evoca los días en que J.J salía por Mar del Plata con su barco pesquero a algo más que clavar el anzuelo: "a absorber horizontes". Supo torear mares revueltos y horizontes rabiosos Camero, que en distintas circunstancias fue sometido una angioplastia renal y a cuatro bypass. "Me sacaron el corazón, lo pusieron a un costadito y trabajaron en él", contaba en 1997, 24 años antes de confesar en un texto de puño y letra: "La niebla cubrió mis ojos. Tengo una ceguera relativa". Volver a filmar El cine fue "un accidente", una desviación de su pasión primaria. Fueron los fierros que tanto amaba los que lo llevaron a Camero a su debut cinematográfico. Suele contar que Sandro lo invitó a actuar en Siempre te amaré, el filme de 1971 en el que Camero aportaba y manejaba los autos, y esa aparición abrió una vocación. Hay que remontarse a 1988 para recordar a Camero en un protagónico de cine argentino. Para entonces, el director Miguel Pereira estrenó La deuda interna, un drama sobre la amistad entre un maestro rural recién llegado a Jujuy y un nativo de la Puna en el contexto de la dictadura y la Guerra de Malvinas. La siguiente película fue La vida anterior (2012, dirigido por Ariel Broitman) y desde entonces no se lo vio más en pantalla grande, a excepción de la participación del documental Favio, crónica de un director, de Alejandro Venturini. Federico Venzi, cineasta, actor y productor que tuvo el privilegio de dirigirlo por última vez junto Jano Piccardo, cuenta cómo fue ese rodaje a 50 años de Nazareno Cruz y el lobo. El llanto del perro se llama la película de suspenso y terror que aún no tuvo estreno comercial y se proyectó en el Festival Buenos Aires Rojo Sangre. "Se trata de una historia que escribimos con Miranda de la Serna y ese personaje dialogaba inconscientemente con Nazareno Cruz y el lobo. Piccardo lo contactó y Camero aceptó", detalla Venzi. "Las suyas fueron dos escenas filmadas en Ingeniero Maschwitz en un día. Su toma era de 30 segundos, pero él no quería cortarla y terminó siendo de treinta minutos". De aquella filmación histórica qu ocurrio en 2024, podría nacer un documental centrado en el regreso secreto de Camero. "La película trata sobre una mujer que busca domesticar personas para convertirlas en mascotas. El personaje de Juan José, un hombre misterioso que aparece perdido a la mitad de la historia, comparte escena con ella (Clara Kovacic). Lo importante no era lo que Camero hacía en realidad, sino lo que generaba en el set, ver cómo se encendía su luz. Fue el regalo más lindo que nos hizo. Él siente la tragedia antes de que le suceda al personaje". "Dejamos la cámara encendida y esperamos que él hiciera. Él no quería irse del rodaje. Cuando se fue nos dijo que le habíamos devuelto las ganas de actuar. Tenemos todo el material guardado y quién te dice que podamos usarlo en el futuro", se emociona Venzi. "Creemos que ese rodaje le debe haber tocado alguna fibra. Todos volvemos a nuestro primer amor e imagino que él no debe querer irse de este mundo sin volver a sentir lo que es actuar". Jano Piccardo cuenta que lo conoció en 2004, cuando musicalizó un disco de poesía que Camero grabó con maestría. Forjaron un vínculo de discípulo y docente que hoy se transformó en una amistad con mateada habitual compartida. "Pasamos muchas horas juntos y cuando le pedí participar en mi película aceptó. Su personaje es un guiño al cine argentino. Fue una especie de tutor para mí. Juan es lo más bueno que hay, solo que lleva puesto como un escudo". Nazareno, bendición y maldición Pocos saben que Juan José intentó ser futbolista (llegó hasta la quinta de Huracán) y que cursó hasta tercer año de Arquitectura y abandonó la carrera. Tenía poco más de 30 años cuando Leonardo Favio le cambió la vida con su convocatoria. Desde entonces, la crítica empezó a mirarlo con otros ojos y Camero posó sus ojos en cuestiones más profundas. "Favio te mete las manos dentro del pecho como un pescador de perlas y saca al sol cosas que uno jamás pensó tener", se emocionaba. "Imaginate saltar al cine como lo hice yo, no pedí a nadie que me hiciera famoso. Un buen día tenía delante un libreto, lo estudié, me metí en el personaje casi con desesperación", explicaba sobre ese campesino noble marcado por la maldición de ser el séptimo hijo varón, el lobizón. "Se puede mentir a pocos o muchos durante un corto o largo tiempo, pero jamás alguien consiguió engañar siempre. Cuando viene una buena racha y los periodistas vienen a hacerte notas, las admiradoras te persiguen y te ves en todos los kioscos de la república, te tenés que agarrar bien fuerte para no caerte del caballo". Las puertas laborales que se le abrieron tenían como umbral un juego al que Camero no quería someterse y comenzó entonces la contradicción. "No quise hacer más reportajes. Me di cuenta de que eran nefastos. Se me toma como un objeto de consumo y estoy harto de que me utilicen", le decía a Clarín. Uno se pregunta qué pasó luego de esa cresta de ola con ese "surfer" que tenía todo para seguir en el candelero entre los más importantes actores del país. Su intermitencia, sus "retiros" respondían a situaciones personales que no parecían poder conjugarse con la fama. "Con la enfermedad y la muerte de mi madre, sentí que no podía conciliar lo que pasaba afuera con lo interno, que lo mejor era ponerle distancia a la cosa pública", explicaría tiempo después. "No se puede correr detrás de un montón de cosas materiales que en definitiva no conducen a nada. De pronto tuve necesidad de conocer gente simple y de pensar seriamente qué es lo que quiero y hacia dónde voy. Un día me senté en la puerta de mi casa me dije: 'pará un momento, flaco. ¿Quién te corre? Y ahí me di cuenta de todo". A mediados de los ochenta se instaló en Bialet Massé, Córdoba, en lo que fue un intento de cambio de vida. Horno de barro, huerta, amistad con "lugareños sencillos", silencio. "Lo urbano es depredador. Me fui para crecer", narraba. En 1991 se mudó a Paraguay sin imaginar que pasaría en ese país una década. Fue nombrado agregado cultural de la embajada argentina y regresó en 2000. La vuelta a la ciudad y la firma de un contrato con Canal 9 para un reality que compartió con Karin Cohen, Emilia Mazer, Sabrina Garciarena, Maxi Ghione y Gonzalo Heredia, entre otros, lo hirió y lo impulsó a abandonar la TV unos años. "Eso fue una basura", admitió en más de una ocasión. "No soy ladrón, ni alcohólico, ni drogadicto. Aquello fue casi un intento de asesinato civil que intentaron periodistas y productores. Hubo juicio penal y civil por calumnias, injurias y difamación. El daño que me hicieron no se puede reparar con nada". Dos preguntas sobre la soledad resuenan todavía. "¿Por que no formó una familia?", interrogó sin filtros la periodista Fernanda Iglesias en una entrevista en 1998. La sinceridad de Camero fue brutal: "No he sido tan responsable con los afectos. Y ahora lo padezco. Hay muchos te quiero que no dije. Una vez estuve a punto de casarme. Mi mamá consiguió una Iglesia y todo. Pero mi novia se arrepintió". En cintas crujientes de charlas perdidas está la clave para entender a ese artista que aprendió a correrse para evitar más llagas. Con forma de articular y enhebrar las palabras, JJ nos permite entenderlo en una simple y vieja definición: "Nunca voy a dejar de estar a contramano, porque nací a contramano. Me gustaría que el mundo fuera de otra manera. Soy un idealista, un romántico, un soñador". Sobre la firma Newsletter Clarín
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