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Paraná » Confirmado.ar
Fecha: 23/04/2026 21:04
Mientras la capital se hunde en una crisis salarial sin precedentes y las exportaciones provinciales se desploman, el Intendente capitalino elige centrar su agenda en la persecución judicial por pintadas y en aplicar multas recaudatorias a los vecinos. Una gestión que prioriza la estética sobre el hambre. - Por AF para Confirmado La Ciudad de La Rioja atraviesa uno de los momentos más tensos de la gestión de Armando Molina. Mientras las calles del centro y los alrededores de la Plaza 25 de Mayo son testigos de nuevas protestas de trabajadores sanitarios y docentes que exigen salarios dignos, la respuesta del Palacio Municipal parece provenir de una realidad paralela. El maquillaje de la Ruta 75 frente al abandono barrial En las últimas 24 horas, el foco del Intendente ha estado puesto en la flamante traza de la Ruta Nacional 75. Molina ha decidido judicializar las pintadas en los muros de esta obra, un movimiento que muchos sectores de la oposición califican como una cortina de humo. Mientras el municipio gasta recursos técnicos y legales en proteger la estética de una zona de paseo, los barrios periféricos denuncian que la recolección de residuos es intermitente y que la iluminación pública es, en vastas zonas, inexistente. La contradicción es total: se persigue el vandalismo estético con rigor judicial, pero se ignora el vandalismo institucional que significa tener calles intransitables y servicios básicos colapsados en los sectores más vulnerables de la capital. Un enfoque punitivo en medio de la asfixia económica Ayer miércoles, Molina supervisó operativos de limpieza con un anuncio que cayó como un balde de agua fría en la ciudadanía: el endurecimiento de las multas por desaprensión. En un contexto donde la provincia de La Rioja acaba de registrar una caída del 3,5% en sus exportaciones siendo la segunda provincia con peor desempeño del país según datos del primer trimestre de 2026, la receta municipal es más presión fiscal sobre el vecino. Resulta cínico que el Intendente celebre el aumento de las quejas vecinales como un indicador de participación, cuando en realidad es el grito desesperado de una sociedad que ya no tolera el abandono. Aplicar multas severas hoy, cuando el bolsillo del riojano está exhausto, demuestra una falta de sensibilidad social alarmante. El alineamiento irrestricto de Molina con la estrategia del Gobierno Provincial también le está pasando factura. Mientras la gestión se desgasta en peleas judiciales por el proyecto minero Vicuña o en disputas de límites con San Juan, la gestión local queda huérfana de soluciones inmediatas. El reciente fallo de la Cámara Tercera en lo Criminal, que declaró ilegal y arbitraria la detención de figuras de la oposición, no solo es un revés judicial; es un síntoma de una forma de hacer política que prefiere el amedrentamiento y el uso de la fuerza pública antes que el diálogo institucional. La gestión de Armando Molina parece haber elegido su camino: el de la cosmética, el castigo económico al ciudadano y la judicialización de la política. Sin embargo, los datos no mienten. Una ciudad no se gobierna solo con hidrolavadoras y expedientes judiciales; se gobierna con prioridades claras. Y hoy, la prioridad de los riojanos es llegar a fin de mes, algo que parece no figurar en la agenda de orden y limpieza del Palacio Municipal.
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