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Buenos Aires » Infobae
Fecha: 23/04/2026 11:28
La preocupación de padres y madres por la selectividad alimentaria en la infancia suele minimizarse, ya que se interpreta como una etapa transitoria. Sin embargo, especialistas advierten que, cuando este comportamiento persiste o se vuelve muy restrictivo, puede convertirse en un problema con impacto nutricional real. Entre las señales menos visibles se encuentran cambios en el ánimo y dificultades de atención, que pueden manifestarse antes que alteraciones físicas evidentes. La evidencia científica señala que las dificultades alimentarias pueden asociarse a ingestas insuficientes de hierro, zinc, calcio, ácidos grasos esenciales y vitaminas, incluso en niños con peso adecuado. La selectividad alimentaria forma parte del desarrollo, especialmente entre los 2 y 3 años, pero cuando se prolonga o limita de manera significativa la variedad de alimentos, puede comprometer el aporte de nutrientes esenciales, explicó la doctora Irina Kovalskys, médica pediatra, especialista en Nutrición y directora médica del Instituto de Nutrición y Metabolismo Infantojuvenil (INUMI). Por este motivo, los expertos enfatizan que debe prestarse atención no solo a cuánto come el niño, sino especialmente a qué deja de comer. Se estima que entre 25% y 40% de los niños sanos presentan algún síntoma de dificultad alimentaria durante su crecimiento, siendo la selectividad la forma más frecuente. Aunque en muchos casos es transitoria, puede no serlo, según estudios publicados en la Journal of the American Dietetic Association y en International Journal of Eating Disorders. Una alimentación diversa se asocia con adecuados niveles de micro y macronutrientes, biomarcadores en sangre estables y evolución esperable en términos de peso y talla; sin embargo, el peso y la talla, por sí solos, no reflejan necesariamente el estado nutricional interno. Señales de alerta para consultar al médico Diferenciar entre una etapa transitoria y una dificultad persistente resulta clave. Algunos indicadores de alerta incluyen una duración mayor a tres meses en la selectividad, menos de 10 a 15 alimentos aceptados, rechazo sistemático por textura, color u olor, tiempos excesivos para comer o conflictos frecuentes en la mesa, e impacto negativo en la dinámica familiar. El rechazo por características sensoriales, como la textura o el color, puede ser una señal de mayor complejidad, incluso asociada a dificultades en el procesamiento sensorial, agrega Kovalskys. Hasta un 20% de los niños con dificultades alimentarias no recibe un diagnóstico adecuado, lo que refuerza la importancia de la consulta con el pediatra o nutricionista para favorecer la detección a tiempo y tomar medidas preventivas, según la revisión narrativa publicada en Archivos Argentinos de Pediatría. Consecuencias del déficit nutricional y respaldo científico Los niños con dificultades alimentarias no alcanzan las recomendaciones establecidas y presentan riesgo de deficiencias nutricionales porque no incorporan cantidades adecuadas de alimentos y bebidas, excluyen grupos completos y mantienen baja diversidad en sus dietas. Un metaanálisis reciente publicado en BMC Nutrition indica una asociación significativa entre menor diversidad alimentaria y mayor probabilidad de anemia en niños y adolescentes, lo que confirma la relevancia de la variedad dietética como factor protector. Estrategias y enfoque integral para abordar la selectividad Superar la selectividad alimentaria exige un enfoque progresivo y sostenido, basado en la exposición repetida a nuevos alimentos, la incorporación gradual de cambios en preparaciones ya aceptadas y la construcción de rutinas claras en torno a las comidas. También resulta útil involucrar al niño en la compra y preparación de los alimentos, y adaptar aspectos sensoriales como la textura o la presentación para facilitar la aceptación. En aquellos casos en los que la variedad de la dieta es muy limitada o existe riesgo de déficits nutricionales, la evaluación profesional puede indicar el uso de suplementos nutricionales como herramienta de apoyo, mientras se continúa trabajando en la ampliación de la alimentación, sugiere la iicenciada Lucía De Nobili, magíster en Nutrición Materno Infantil y nutricionista del Hospital Ramón Carrillo. La alimentación infantil combina factores biológicos, conductuales y emocionales. El abordaje requiere una mirada integral: evaluación del crecimiento, historia alimentaria, observación de la conducta durante las comidas y, si es necesario, estudios complementarios. Reconocer el problema y consultar con profesionales permite acompañar a las familias con estrategias adecuadas y prevenir déficits nutricionales. En este proceso, el objetivo no es que el niño coma perfecto, sino construir, paso a paso, una relación más variada, suficiente y saludable con la comida.
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