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Fecha: 22/04/2026 18:47
Las huellas que deja la actividad minera en la provincia de Buenos Aires podrían transformarse en nuevas oportunidades productivas y sociales. Allí donde antes hubo extracción de tosca, conchilla o arena, hoy quedan grandes cavidades inundadas que comienzan a ser observadas con otros ojos. Leé también: Europa revisa su ley ambiental mientras crece la presión del campo por cambios urgentes Un equipo del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET), a través del Instituto de Limnología de La Plata, avanza en un estudio integral para determinar si estos ambientes pueden reutilizarse, entre otros fines, para la siembra de pejerrey. El proyecto pone el foco en unas 20 canteras distribuidas en distintos puntos del territorio bonaerense, seleccionadas en articulación con la Subsecretaría de Minería provincial. El objetivo es claro: comprender las características físicas, químicas y biológicas de estos cuerpos de agua artificiales para definir su potencial productivo, ambiental y social. Ambientes artificiales con nuevas posibilidades Las canteras inundadas son el resultado de intervenciones humanas que, con el paso del tiempo, se integran al paisaje. Tras el cese de la actividad extractiva, estas excavaciones se llenan de agua por precipitaciones o napas subterráneas, dando lugar a ambientes acuáticos que comienzan a ser utilizados por las comunidades cercanas. En muchos casos, estos espacios se convierten en puntos de recreación espontánea: pesca, baño o avistaje de aves. Sin embargo, su uso sin regulación también implica riesgos. Leé también: El agua no puede salir: fuerte reclamo en un pueblo bonaerense por un terraplén que agrava las inundaciones Por eso, la investigación no solo busca determinar su aptitud para la acuicultura, sino también aportar información que permita ordenar y planificar su aprovechamiento. El investigador Javier Garcia de Souza explicó que se trata de ambientes muy distintos a las lagunas tradicionales. Son más pequeños, más profundos y con dinámicas propias, lo que obliga a estudiarlos en detalle antes de pensar en cualquier intervención. El desafío de adaptar la cría de pejerrey Una de las líneas más prometedoras del proyecto es la posibilidad de implementar técnicas de cría de pejerrey, una especie emblemática de las aguas bonaerenses. El Instituto de Limnología cuenta con una larga trayectoria en acuicultura ecológica y ya ha desarrollado métodos exitosos en lagunas pampeanas. El sistema consiste en la utilización de jaulas flotantes con redes finas donde se alojan miles de larvas. Estas estructuras permiten proteger a los ejemplares de depredadores, al tiempo que garantizan el ingreso de agua y alimento natural, como el zooplancton. Leé también: La carne de guanaco también se plantea como una alternativa para el consumo Sin embargo, trasladar este modelo a las canteras no es automático. Según el investigador Darío Colautti, existen diferencias clave. Las canteras presentan aguas más quietas, con menor circulación y, por lo tanto, menor disponibilidad de alimento natural. Además, sus paredes abruptas y su profundidad generan condiciones distintas en términos de temperatura, luz y oxigenación. En ese contexto, el desafío es adaptar la técnica para aprovechar las ventajas de estos ambientes como su mayor control y menor exposición a factores externos y compensar sus limitaciones. La investigación busca justamente encontrar ese equilibrio. Ciencia, territorio y desarrollo El trabajo de campo ya está en marcha en localidades como Samborombón, Florencio Varela y el Gran La Plata. Cada campaña incluye muestreos de agua, análisis de microorganismos y estudios de la topografía del fondo mediante ecosondas, herramientas que permiten generar mapas tridimensionales de las cavas. La becaria Ailén Solanas señaló que, por ahora, no hay un patrón único entre las canteras relevadas. Cada una presenta características propias según su origen, ubicación y uso previo. Esa diversidad obliga a evaluar caso por caso. Leé también: Sigue la protesta de camioneros en el Puerto de Quequén: hay 17 buques varados y pérdidas por US$300 millones Más allá de la acuicultura, el proyecto también contempla otras alternativas. En aquellas cavas que no resulten aptas para la cría de peces, podrían desarrollarse iniciativas de ecoturismo, senderos interpretativos o espacios educativos. La idea es promover una mirada integral que combine producción, ambiente y comunidad. La articulación con el Estado provincial resulta clave en este proceso. El acuerdo con el área de Minería no solo facilita el acceso a los sitios, sino que también aporta financiamiento y promueve el trabajo interdisciplinario. Para los investigadores, se trata de una oportunidad para generar conocimiento aplicado en territorios donde aún hay escasa información. En una provincia con fuerte tradición minera y agropecuaria, la posibilidad de resignificar estos espacios abre una nueva agenda. Las canteras abandonadas, muchas veces vistas como pasivos ambientales, podrían convertirse en activos estratégicos si se gestionan de manera adecuada. Leé también: Del discurso a las decisiones: el carbono empieza a medirse en el campo, para más productividad sustentable El camino recién comienza. Los resultados de los estudios permitirán definir qué cavas pueden integrarse a esquemas productivos y cuáles requieren otro tipo de intervención. Pero el enfoque ya marca un cambio: donde antes había un vacío, ahora hay potencial. En tiempos donde el uso eficiente de los recursos y la sostenibilidad son ejes centrales, la ciencia aplicada vuelve a ofrecer respuestas concretas. Y en este caso, lo hace desde el agua quieta de las canteras, donde se empieza a gestar una nueva forma de pensar el territorio.
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