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  • El increíble accidente aéreo de un caza de la Fuerza Aérea que causó muerte y destrucción en un barrio bonaerense

    » La Nacion

    Fecha: 20/04/2026 11:45

    En marzo de 1958 un Gloster Meteor que despegó de la Base Aérea de Morón cayó a tierra y produjo destrozos y víctimas fatales en un área poblada - 6 minutos de lectura' Sucedió en 1958. Fue una tragedia aérea que no afectó solamente a la aeronave y su piloto, sino que destrozó parte de un barrio bonaerense y dejó el triste saldo de 10 víctimas fatales. Ocurrió en Castelar, a poca distancia de la Base Aérea de Morón, cuando un Gloster Meteor, a poco de despegar, perdió el control, cayó y desató un infierno de fuego, muerte y destrucción en la localidad. La magnitud del accidente fue tal que se obligó a las autoridades de la Fuerza Aérea a cambiar la dirección del despegue de sus aviones. Y a pesar de los años transcurridos, los vecinos de Castelar aún repiten las referencias de sus padres o abuelos sobre cómo los conmocionó ese funesto hecho. De Gran Bretaña a Morón Los Gloster Meteor eran aviones caza a reacción. Originados en el Reino Unido, sirvieron a la Royal Air Force durante la Segunda Guerra Mundial (interceptaban bombas voladoras V1, el primer misil guiado que se usó en la guerra) y representaban la cúspide de la Ingeniería Aérea en aquellos tiempos. A partir del año 1947, en el primer gobierno de Juan Domingo Perón, una centena de estas naves llegaron a la Argentina. El país se convirtió, así, en el único de Latinoamérica en poseer cazas a reacción. En el caso de la nave siniestrada, arribó a estas tierras en julio de 1949. En términos técnicos, se trataba de un Gloster Meteor FMk-4, con la matrícula I-087. Para el año 1958, el avión integraba el grupo de Caza Interceptora de la VII Brigada Aérea que tenía su sede en la Base Aérea de Morón (BAM). Más precisamente en la zona sur de la ciudad de Castelar. Un aviador temerario y arriesgado Eran las 11.30 de la mañana del 10 de marzo de 1958. La flota de Glosters solía hacer vuelos de mantenimiento en los cielos de Castelar. Eso es lo que iba a hacer aquella mañana el teniente César Piñón, el aviador militar que esa jornada estaba a cargo de pilotear el I-087. El suboficial mayor Walter Bentancor, investigador de la Fuerza Aérea Argentina, contó al medio Castelar Digital un detalle de aquel mediodía fatal. Según él, un suboficial mecánico que había revisado el Gloster de Piñón, había susurrado cerca del piloto: Por favor, señor, tráigamelo sano. Eso porque el teniente tenía fama de ser un aviador temerario y arriesgado. Pocos minutos después, el avión hacía su postrero despegue. La causa de la caída del Gloster difiere según los testigos y aquellos que intentaron reconstruir los hechos. Una versión asevera que el piloto intentó realizar un tonel, una maniobra en la que el avión da una vuelta completa sobre su eje longitudinal. Al parecer, la pirueta quedó inconclusa y la nave, que estaba a unos 25 metros de altura se precipitó a tierra. La otra versión habla, sencillamente, de la falla de una de sus turbinas. Un recorrido funesto Más allá del motivo de este accidente, lo peor llegó después. El Gloster cayó en plena zona urbanizada, en el Barrio Parque de Castelar Sur. Su funesto recorrido en tierra inició con el impacto contra un poste de luz y continuó con destrozos más importantes. El fuselaje y uno de sus motores, el derecho, se estrellaron contra una vivienda de las calles Libertador y Maison. La otra turbina, completamente en llamas, continuó su trayectoria a lo largo de unos 400 metros sobre la calle Maison destruyendo todo a su paso. En su camino, el bólido ígneo pasó por el lateral de una plaza local, la Manuel Belgrano, y por la puerta de una escuela, la Número 17. Por fortuna, los niños todavía no habían salido de este establecimiento, porque el desastre hubiera sido mucho mayor. Finalmente, el motor detuvo su marcha al chocar contra una casa, en la intersección de Maison y Dardo Rocha. Las víctimas De acuerdo con la página especializada en registrar accidentes aéreos Aviation Safety Network, las víctimas fatales del accidente fueron diez personas. Incluido el piloto. Los heridos, en tanto, fueron cuatro, de distinta consideración. A una de ellas, una niña de siete años, debieron amputarle la pierna. Algunas de las víctimas del Gloster en tierra fueron una mujer que estaba en su casa, un obrero que trabajaba en ese momento en el poste de luz embestido por la aeronave, tres adolescentes que esperaban a que sus hermanos salieran de la escuela y una niña de 13 años, que volvía de hacer mandados con su pequeño hermano de 18 meses en brazos, que también falleció. El Ministerio de Aeronáutica se hizo cargo de los gastos del sepelio y entierro de las víctimas. Los cambios por el accidente Si bien ya habían existido otros accidentes con los Gloster en la zona (se contabilizaron cinco antes), este siniestro fue tan brutal que se conminó a las autoridades de la VII Brigada que se cambie la orientación de despegue de los aviones. Y así se hizo. Hasta el momento de la caída del avión piloteado por el teniente Piñón, los cazas despegaban desde el sur hacia el norte y el final de la pista estaba a 500 metros de la zona urbanizada. Tras el accidente, el rumbo cambió. Las naves ya no apuntaban hacia Castelar Sur, sino hacia la zona de la Estación Merlo Gómez, en aquel entonces mucho más despoblada. Los últimos 14 Gloster Meteor que quedaban en la Base Aérea de Morón hicieron sus últimos vuelos entre diciembre de 1970 y marzo de 1971. Actualmente, en el Museo Nacional de Aeronáutica, que se ubica en la mencionada base junto a otros aviones de la Fuerza Aérea, puede verse un Gloster muy similar al que produjo aquel desastre en Castelar. Un desastre que quedó grabado en la memoria de esa localidad.

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