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  • Ormuz: ya no alcanza con hablar de tregua

    Buenos Aires » Infobae

    Fecha: 20/04/2026 11:29

    Al inicio de la tregua, los mercados quisieron creer, otra vez, que lo peor había pasado. Pero la realidad volvió a desmentirlos. La idea de una tregua entre Estados Unidos e Irán duró poco. La región no entró en una normalización frágil: pasó a una fase distinta, más peligrosa y costosa, donde la diplomacia no logró consolidarse y el conflicto empezó a impactar de lleno en el sistema energético y logístico global. El dato decisivo es que el problema dejó de ser la amenaza de cierre total del estrecho de Ormuz. El riesgo ahora es más complejo. EEUU lanzó un bloqueo naval sobre puertos iraníes, varias naves fueron obligadas a retroceder y, aunque el tránsito no se detuvo por completo, sigue por debajo de la normalidad. El mercado ya no enfrenta solo un shock de miedo, sino uno de fricción persistente: menos flujo, más costo, más demora y más arbitrariedad en la circulación de energía. Por eso conviene corregir una idea: no hubo descompresión genuina. Hubo apenas un cambio de modalidad. Bajó por momentos la expectativa del escenario extremo, pero no se recompusieron las rutas marítimas ni desapareció la capacidad de Irán de condicionar el principal cuello de botella energético del planeta. Ormuz sigue siendo una válvula geopolítica bajo tensión. El dato decisivo es que el problema dejó de ser la amenaza de cierre total del estrecho de Ormuz. El riesgo ahora es más complejo En petróleo, esto ya se traduce en números. El Brent se movió en torno a los USD 99 por barril y distintos análisis prevén precios más altos en lo que resta del año. La Agencia Internacional de Energía recortó su visión del mercado y pasó de prever crecimiento de oferta a reconocer una pérdida de 1,5 millones de barriles diarios. No se trata de volatilidad abstracta, sino de menos barriles disponibles y de una recuperación que será lenta. La diferencia entre mercado financiero y físico vuelve a ser clave. La pantalla puede celebrar rumores, pero el barril real responde a disponibilidad, tiempos de entrega y riesgo. En una crisis así, el mercado físico tarda mucho más en normalizarse. Por eso una baja de futuros no equivale a una solución, sino, en el mejor de los casos, a una pausa. En gas natural, la situación es más delicada. El Reino Unido podrá atravesar el verano sin problemas de abastecimiento, pero los precios mayoristas subieron cerca de 50% desde el inicio de la crisis. Puede haber suministro suficiente para evitar una emergencia inmediata, pero a un costo mayor y con un sistema más estresado. Ormuz sigue siendo una válvula geopolítica bajo tensión Esto vale para Europa y aún más para Asia. Japón y Corea del Sur no enfrentan solo un problema de precios, sino de seguridad de suministro y continuidad industrial. Cuando Asia paga más, Europa debe responder, y los importadores más débiles quedan relegados. Esa es la lógica del sistema gasífero global: en crisis, la energía no desaparece, se reasigna. Ahí está el núcleo de esta etapa. Ya no es solo una crisis de interrupción, sino de asignación. La pregunta dejó de ser si el petróleo o el gas circulan, y pasó a ser quién accede primero. Los más fuertes sustituyen; los más débiles destruyen demanda. El impacto macroeconómico dejó de ser hipotético. El Fondo Monetario Internacional advirtió que la guerra eleva los riesgos para la estabilidad financiera global. Un shock energético en un mundo aún sensible a la inflación no produce solo suba de precios, sino también volatilidad y fragilidad en los países importadores. Por eso sería un error hablar de normalización. No estamos ante una región pacificada, sino ante un sistema bajo tensión permanente. Incluso si el diálogo se reactiva, el mercado ya aprendió algo difícil de revertir: el Golfo puede alterar en días el equilibrio energético global. Hoy hay que decirlo sin eufemismos: ni siquiera la idea de tregua describe el problema. Lo que existe es una crisis prolongada, donde la energía, la logística y la diplomacia operan bajo amenaza constante. El sistema puede no estar en su pico de pánico, pero sigue lejos de la normalidad. Y mientras Ormuz continúe condicionado, el mundo seguirá pagando una prima por una paz que todavía no existe. El autor es Director del Instituto de Energía de la Universidad Austral

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