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  • ¿Y si nos concentramos en los que estamos haciendo?

    » Clarin

    Fecha: 20/04/2026 06:55

    Se dice que la gran ventaja del Homo Sapiens sobre el Neandertal es que podíamos hacer dos cosas a la vez, o sea, podíamos estar persiguiendo al mamut y a la vez razonar sobre la forma de hacer fuego, mientras que los Neandertales podían concentrarse en una sola cosa. Esa falencia los derrotó. Nosotros éramos más hábiles a la hora de emplear el cerebro, pero bueno, en esta época en que no competimos con Neandertales y demás, el cerebro nos puede jugar malas pasadas. Por ejemplo, estamos en la cama dispuestos a hacer el amor y de pronto nos ponemos a pensar si apagamos el gas o si aquel gol que falló tal delantero hubiera cambiado el juego. En fin, somos una especie curiosa. Yo, como cubano, veo que el argentino es uno de los pueblos más dados a romperse la cabeza por cuestiones que a otra gente no le da ni frío, ni calor. A fuerza de concentrarnos en nuestra dinámica interna, los argentinos resultan más distraídos o desconcentrados comparados con otros pueblos. Alguien puede contar su vida amorosa a través del celular, mientras los demás viajeros en el subte fingen que no escuchan. Otra persona decide ser therian y de pronto se pone a aullar a las tres de la mañana porque es un lobo y se supone que a esa hora le aúlle a la amarilla luna. Como diría Borges, cosas estas sin demasiada importancia a decir verdad, con tapones en los oídos se resuelven. Otras son más peliagudas, porque van directo a la cama, lugar donde se puede ser feliz o no, pero para ser feliz hay que entregarse, no estar pensando en la inflación o en cuántos goles le faltan a Messi para alcanzar a Ronaldo. Muchas veces la felicidad, sobre todo en el sexo, consiste en soltarse, dejar de lado al personaje y ser uno mismo. Cuando lo logras te acercas a lo inefable, haces feliz al otro y por un efecto rebote te hacen feliz a ti, supongo que a los vecinos y de los vecinos salta la felicidad al país y del país al universo y hasta los multiversos puede que sean más felices. ¿Se han fijado en la cara de amargados que suelen tener muchos políticos, deportistas de elite, millonarios y galanes de TV y cine? Se supone que son felices porque tienen el mundo a sus pies, pero ¿por qué no se les nota? Es que no se concentran, están pensando en otra cosa mientras tienen el sorbo del mejor whisky en las manos. Ni cuenta se dan de cómo sabe ese licor, no son como los niños a los que un helado de dulce de leche le sabe a gloria y cierran los ojos con un placer que roza lo infinito. Si conservan esa capacidad de concentrarse en el presente, en el futuro serán personas capaces de hacer el bien a los otros y de ser felices ellas mismas. Algunas lo lograrán, otros por el contrario creerán que hay algo mejor que la entrega, algo superior, y nunca van a estar presentes del todo ya sea en la cama, en una actividad deportiva, en una conversación con sus hijos, o sus padres, o sus amigos. Les quedará luego la impresión de que se perdieron algo que no saben nombrar pero que duele. Sobre la firma Newsletter Clarín

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