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» La Nacion
Fecha: 20/04/2026 01:03
Luis Brandoni: una vida signada por los equívocos políticos Casa Rosada, martes 28 de mayo de 1974. El general Juan Domingo Perón clava su mirada en Luis Brandoni, secretario general de la Asociación Argentina de Actores, quien ha comenzado a hablar: Nuestra Asociación, señor presidente, cree que este es un momento óptimo para tomar una decisión verdaderamente trascendente que hace tanto a la cultura nacional como a la penetración ideológica. A Perón le quedan solo 34 días de vida y recibe a los gremios relacionados con la TV, en ciernes de pasar de la órbita privada a la estatal. Este episodio es uno de los tantos equívocos políticos por el que se juzgó erróneamente a Luis Brandoni y que tuvo consecuencias nefastas para él. Un mes después de la muerte del fundador del justicialismo, el 1 de agosto de 1974, los canales de televisión fueron estatizados de hecho. Alejandro Romay acusó a Brandoni de tomar esas emisoras a punta de pistola. Pero nada de eso sucedió. La participación del actor en aquella reunión y la leyenda que hizo circular Romay (que le valió un juicio en los tribunales por parte del actor) fueron suficientes para que las cámaras empresariales de la TV le hicieran la cruz y no lo llamaran para trabajar durante mucho tiempo. La Triple A lo sentenció a muerte y le dio 48 horas para que abandonara el país por izquierdista. Pero Beto no era izquierdista. Ídem la dictadura militar, que lo sumó a sus listas negras. Paradojas del destino, décadas más tarde volvió a estar informalmente enlistado en tiempos de los gobiernos cristinistas. Siendo uno de los actores mejor dotados tanto para la comedia como para el drama, en esa etapa en la que muchos de sus colegas aplaudían a rabiar a la entonces presidenta y participaban activamente de las campañas de aquel oficialismo, Brandoni casi no pudo pisar un set de cine. No era bien visto, a pesar de que antes y después de esa época, su nombre fue sinónimo de éxito asegurado en la enorme cantidad de títulos en los que participó, no solo en la pantalla grande, sino también en el teatro y la televisión. En 2017 renunció como afiliado al gremio que encabezó en los tiempos oscuros de los gobiernos de Isabel Perón y de Jorge Rafael Videla, en discrepancia a su conducción abiertamente kirchnerista. Después del golpe de 1976, Brandoni y su entonces esposa, la actriz Marta Bianchi, sufrieron un breve secuestro por parte de un grupo parapolicial comandado por Aníbal Gordon. Cuando en sus últimos años grabó videos breves convocando a marchas contra el kirchnerismo y participó de las mismas, un nuevo equívoco lo sobrevoló: lo calificaron de ultramacrista. Si bien Beto cultivó una buena relación con Mauricio Macri (tanto que su nombre estuvo en danza para acompañarlo como candidato a vice para las presidenciales de 2019, lugar que finalmente ocupó Miguel Ángel Pichetto) y en algunas concentraciones se lo vio acompañado por Hernán Lombardi, nunca fue del PRO y la única afiliación partidaria formal que se le conocía era a la Unión Cívica Radical. Fue asesor cultural muy estrecho del presidente Raúl Alfonsín, también por la UCR ocupó una banca de diputado nacional en 1997 y diez años después fue candidato a vicegobernador en la provincia de Buenos Aires, acompañando a Ricardo Alfonsín, actual embajador en España, y del que tomó distancia cuando el funcionario se volvió muy crítico de la actual conducción radical y se encolumnó con el oficialismo. Desde el radicalismo, Brandoni alentó primero a Cambiemos y después a Juntos por el Cambio, la alianza que sumó a macristas, radicales y lilitos, convencido de que había que dar una gran batalla republicana por ese lado. Por cierto, aunque es algo que muchos repiten hasta el día de hoy, Brandoni jamás fue peronista. Tal vez, aquel encuentro con Perón fogoneó esa idea, pero no asistió por afinidad ideológica sino en representación del gremio actoral. También pudo haber alentado esa versión la gran confraternidad que en los setenta supo tener con pares de la izquierda o del peronismo, como el actor Carlos Carella, quien hizo para Teatro Abierto y después para el cine la obra de Carlos Gorostiza, El acompañamiento. Precisamente la misma pieza que Brandoni estaba haciendo con David Di Nápoli en el Multiteatro cuando contrajo Covid-19. Muchos pensaron que la escasa convocatoria que obtuvo no se debió tanto al miedo a la enfermedad o al aforo limitado, sino que al volverse Brandoni más militante en la política de ideas de centroderecha, su público habitual, que lo había acompañado fielmente en su producción más contestataria, lo abandonó. En tanto que sus nuevos seguidores, que le festejaban sus arengas virtuales, no se interesaban demasiado en una obra como la de Gorostiza. Mariano Cohn, para su película 4X4, convocó a Brandoni, pero también a Dady Brieva ambas figuras ubicadas en extremos bien antagónicos de la grieta y los hizo jugar juntos algunas escenas. Igualmente apasionado por la actuación y la política, Luis Brandoni se involucró en la interna partidaria porteña de la UCR hasta último momento. Los programas políticos lo convocaban cada vez más seguido por sus fogosas performances, muy rendidoras para el rating.
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