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  • Luces y sombras de Cantinflas: los elogios de Chaplin, su infancia pobre y las infidelidades que marcaron su vida familiar

    Buenos Aires » Infobae

    Fecha: 20/04/2026 02:28

    En cualquier circunstancia, todo lo que hice lo tomé del pueblo. Siempre fui pueblo, dijo Mario Fortino Alfonso Moreno Reyes en una entrevista. El mundo entero lo había conocido gracias a su personaje de Cantinflas. Ese por el que el mismísimo Charles Chaplin lo había catalogado como el mejor comediante del mundo y el más querido. Y el que no solo lo sacó de la pobreza, sino que también lo convirtió en el actor mejor pago del planeta. Sin embargo, lejos de las luces de los escenarios y los sets de filmación, la realidad es que su vida personal siempre estuvo teñida por la oscuridad. Había nacido en Santa María de la Redonda, México, el 12 de agosto de 1911 como fruto del prolífero matrimonio compuesto por el cartero Pedro Moreno Esquivel y María de la Soledad Reyes Guizar, quienes trajeron al mundo catorce hijos y perdieron otros seis en partos. Moreno Reyes creció sintiendo en carne propia lo que era la pobreza extrema. Por eso, siendo todavía un niño, se las rebuscó para tratar de llevar algo de dinero a su casa. Entre otras cosas, se desempeñó como ayudante de zapatero, lustrabotas, mandadero, cartero, taxista, boxeador y torero. De hecho, mintiendo su edad para ser aceptado, con apenas 16 años se alistó como soldado de infantería mecanógrafo del ejército, hasta que su padre le pidió la baja. De adulto, descubrió su inigualable don para hacer reír. Y comenzó a recorrer distintos reductos nocturnos mostrando sus dotes de bailarín y monologuista. Fue entonces cuando conoció a la bailarina rusa Valentina Ivanova Zuvareff, que se enamoró de él aunque no tuviera nada material para ofrecerle. Y, con 23 años, Moreno se casó con ella en 1934, seguro de poder mantener un matrimonio hasta que la muerte los separe. Pero no de serle fiel. La suerte cambió para él cuando, inspirado en los vagabundos de su pueblo, creó el personaje que lo catapultó a la fama. Un pantalón por debajo de la cintura atado con una soga, una camiseta vieja, un sombrero tipo birrete y dos mechones desprolijos en los costados de la boca a modo de bigote, se convirtieron en su uniforme. Y el origen del nombre Cantinflas, con el que figura en el Paseo de la Fama de Hollywood, se convirtió en un secreto que el propio artista decidió llevarse a la tumba. Su éxito no tardó en desembarcar en la pantalla grande, donde protagonizó 55 films, primero en blanco y negro y después en color, entre los que figuran No te engañes corazón (1936), Ahí está el detalle (1940), La vuelta al mundo en ochenta días (1956) -película ganadora del Oscar que le valió un Globo de Oro como mejor actor de comedia-, Pepe (1961), Su excelencia (1966) y El barrendero (1981), entre otras. Lo cierto es que, conforme su popularidad y su cuenta bancaria iban aumentando, Moreno empezó a vivir distintos amoríos, creyéndose un verdadero latin lover. No abandonó a su esposa. Pero la hizo sufrir. De hecho, fue pública su relación con la actriz Miroslava Stern, a quien conoció mientras filmaba A volar, joven (1947). Y, en tiempos en los que la prensa del corazón era mucho más discreta, hubo rumores de todo tipo. Pero lo peor llegó después. Moreno y Valentina no habían podido traer hijos al mundo. Así que, en 1960, adoptaron a un niño al que llamaron Mario Arturo Moreno Ivanova. Sin embargo, poco después salió a la luz la oscura historia que había detrás de este gesto de amor. Es que la madre de la criatura, una texana llamada Marion Roberts, en realidad había sido amante del comediante y había quedado embarazada de él. Pero después de parir a su hijo y sumida en una profunda depresión al confirmar que el hombre no iba a dejar a su esposa, se suicidó en un hotel de México. Y por eso él se habría visto obligado a hacerse cargo del menor. Nada de esto fue gratis para Valentina, quien en 1966 y después de sufrir una dolorosa agonía por un cáncer de huesos, murió. Entonces sí, ya sin compromiso alguno, Moreno hizo público su romance con la actriz española Irán Eory. Y, en 1989, protagonizó un escándalo cuando la norteamericana Joyce Jett lo demandó por 26 millones de dólares, alegando maltrato físico y psicológico, durante una relación que habrían mantenido dos décadas antes, situación por la que habría tenido que llegar a un acuerdo económico cercano a los 5 millones de dólares y algunas propiedades. Con su hijo adoptivo sumido en las adicciones y generándole constantes dolores de cabeza, Moreno se fue retirando de los medios. Su carrera ya se había apagado. Y, aunque el dinero le sobraba para comprar los bienes materiales que quisiera, no le resultaba suficiente para devolverle un poco de paz y felicidad. Así que trató de aliviar su conciencia destinando millones de dólares a obras benéficas orientadas a ayudar a los niños pobres. Como si, de alguna manera, quisiera sanar con esto al niño hambriento que alguna vez había sido y que en la vorágine de la opulencia un día olvidó. Desde que era un chico que merodeaba los lugares más marginales en busca de algo de dinero para llevar comida a su mesa, Moreno había empezado a fumar. Y eso fue lo que determinó su triste final. Murió el 20 de abril de 1993, a los 81 años, de cáncer de pulmón. Miles de admiradores se reunieron en un día lluvioso para despedirlo en un funeral que duró tres días. Sus cenizas fueron llevadas a la cripta familiar de la familia Moreno Reyes, en el Panteón Español de la Ciudad de México. En ese momento, su hijo comenzó una batalla legal contra el sobrino del comediante, Eduardo Moreno, para ver quién se quedaba con el control de 34 películas hechas por Cantinflas. Pero, luego de un fallo a su favor, el derecho sobre los films quedó bajo la órbita de Columbia Pictures. Y Mario, que en 2013 ya había sufrido el suicidio de su hijo, Mario Patricio, murió en 2017, a los 57 años, de un ataque al corazón, cerrando de esta manera una dramática historia familiar en la que las risas nunca fueron protagonistas.

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