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  • Paz Martínez íntimo: su infancia con carencias, el milagro concedido por una fan y el prejuicio por ser popular

    » La Nacion

    Fecha: 19/04/2026 00:19

    El prolífico músico, compositor de innumerables éxitos, mantuvo una extensa charla con LA NACION antes de presentarse en Buenos Aires y empezar una gira con la que celebrará sus 50 años de carrera - 14 minutos de lectura' El próximo 1 de mayo ofrecerá su concierto en el Teatro Opera, una nueva oportunidad para revivir el ritual con su público. Sus presentaciones exceden el rango de espectáculo para convertirse en una reunión de complicidades entre el artista y esos seguidores que de fidelidad saben mucho al punto tal de establecer, entre canción y canción, diálogos profundos con su artista. Un confesionario. Paz Martínez recibe a LA NACION acomodado en su escritorio de Sadaic, la sociedad de los autores y compositores de música, en la que cumple el rol de tesorero. Antes de mí, Julián Plaza [el músico de tango] estuvo sentado en este escritorio, sostiene el hombre que escribió decenas de sucesos musicales cantados por nombres tan disímiles como Madonna o Los Nocheros. Empático, ofrece café con la calidez de quien abre las puertas de su casa. Frente a él, hay varios portarretratos con imágenes de sus seres queridos. Uno de ellos es, posiblemente, el resiliente de un grave cuadro de salud, anécdota indeleble en su alma que contará aún con desgarro, pero sin correr el velo de la identidad. Prudencia. Elegancia sin regodeos. En la charla también buceará en unas cuantas anécdotas. Le sobran historias. Así en la vida como en la música. Pasará de los misterios de la creación artística a los celos que conlleva el éxito y los prejuicios en torno a su raigambre popular. Asegura que padeció lo uno y lo otro. Y hasta se permitirá una mirada crítica en torno a las disposiciones gubernamentales recientes que cercenan algunos derechos de propiedad intelectual de los músicos. Nunca dependí de ningún gobierno, sentencia terminante. Con todo, lo que más lo entusiasma es pensar en sus padres, David y Fortunata, y una infancia que recuerda sumamente feliz, aunque, durante años, el hogar de los Martínez ni siquiera contó con una heladera para conservar los alimentos. Mi mamá no me dejaba jugar a la pelota, para no arruinar las únicas zapatillas que tenía, rememora el hombre que rubricó aquello de nosotros somos un amor pirata o hay una lágrima sobre el teléfono, sobre mi corazón. El que no las reconoce de primera mano que tire la primera piedra. -Comienzo a grabar. -Grabá todo lo que quieras, después lo voy a negar. Bromea de entrada. Dan ganas de pasar horas escuchándolo, como si se tratara de aquellos juglares de la Edad Media que iban con sus cuentos de un lado al otro. No vivió en esos tiempos pretéritos, pero, indudablemente, es un trovador de lo suyo. Está claro que lo único a lo que no es afecto es a vanagloriarse con los lauros obtenidos. -Su edad, ¿es la que figura en los portales de biografías? -El 23 de abril, Día del Libro, si Dios me permite, voy a cumplir 78 años. Si hubiese confesado una década menos, nadie hubiera dudado sobre tal cosa. Una vez leí ´elegí algo para trabajar que no signifique trabajo´. Me parece que ese es uno de los secretos para estar bien a mi edad, la vida me fue llevando, trabajo era el que hacía David, mi viejo. Más allá de la modestia, es un incansable creador -vivo en modo de compositor- y uno de esos artistas que disfruta y mucho del contacto vivencial con sus seguidores, como sucederá en el tour que lo llevará, además de Buenos Aires, por Rosario, Santa Fe, Córdoba, Mendoza, San Juan, San Luis, Santa Fe, Salta, Tucumán, Catamarca, Neuquén, Comodoro Rivadavia y la uruguaya ciudad de Montevideo. La propuesta fue bautizada como 50 años de amor, en relación al tiempo que lleva ese romance apasionado con sus fanáticos. Orígenes Pocos saben que es el autor de la canción Será como mamá y papá, ese hit del programa infantil Cantaniño, que varias generaciones entonaron. Si de padres se trata, Norberto Alfredo Gurvich, tal el nombre que lo inscribieron en su San Miguel de Tucumán natal, suele volver una y otra vez al recuerdo de los suyos. Cuando tenía seis años, mis padres nos trajeron a Buenos Aires. David, mi viejo, que era gráfico, pudo alquilar una casita en Villa Guillermina, una zona de calles de tierra en Ezeiza. Ahí me crie, hasta que, en mi adolescencia, nos fuimos a Villa Crespo. En su sangre corren orígenes diversos: Mi viejo era ruso, hijo de judíos, y mi mamá era católica. Su madre se llamaba Fortunata Martínez Paz. De allí emergió el nombre artístico del hijo poeta. Quería que le dijeran Fortuna. A mi viejo le gustaban las carreras de caballo, pero la única fortuna que consiguió fue a mi vieja. Disfruta volviendo a aquellas páginas de los comienzos de su vida. Iba a un colegio mixto en lo que ahora se llama Ciudad Evita, al costado de la autopista, recuerda. Por esas cuestiones del destino, dio con una revista Para Ti que habían llevado dos compañeras suyas y que contenía dos páginas con la descripción de una clase de guitarra. Pidió prestado ese ejemplar. Aquel artículo se convirtió en un viaje iniciático. La explicación de esa clase virtual era en base a dos zambas. Figuraba la letra y debajo las notas que correspondían a cada sílaba. Sin embargo, sus inclinaciones pasaban por otro lado o, mejor dicho, por otro instrumento. Me interesaba tocar el piano, pero no había forma que mis padres me lo pudieran comprar. Cuando mis hijos me preguntaron si había sido un chico de heladera vacía, les respondí ´fui un chico sin heladera´, así que aprendí a arreglármelas como podía y disfrutar de las cosas simples. Donde yo vivía nadie tenía auto y el único piano que conocía estaba en la escuela. Su madre tenía habilidad para el diseño y el arreglo de ropa, aunque nunca ejerció profesionalmente: Mi viejo era muy machista, pero, si le hubiese comprado una máquina de coser a mi mamá, hubiese sido modista de alta costura. En esa época, el ´macho´ tenía que ser el único proveedor, un horror. -No había dinero para comprar piano, ¿pero sí para guitarra? -Le pedí al verdulero un cajón de manzanas, corté unas tablas, dibujé las cuerdas, las separaciones y me pasé todo un fin de semana practicando las posiciones de la mano izquierda. Me vieron mis viejos, muy sorprendidos. A los 14 años, finalmente, me pudieron regalar una guitarra, sin saber que me estaban marcando el camino. -Habrá sido un gran esfuerzo para la economía familiar. -Mi viejo la compró a plazo en Casa América, pero sospecho que solo saldó un par de cuotas. A pesar que suele vérselo frente a los teclados, su historia en torno al instrumento es singular: Jamás estudié piano, lo mismo me sucedió con la guitarra. Soy autodidacta, aprendí a tocar de oído; escribo y leo música porque soy un curioso, jamás tuve un profesor. El medio El cambio en la industria no siempre, según su entender, es a favor: Antes, las compañías buscaban tener catálogo y apoyaban a artistas a lo largo de toda su carrera. Hoy, tengo la sensación que les importa vender en el momento y no importa el tiempo que sus artistas perduren. -Otra característica del presente es la posibilidad de difusión más expansiva a través de las plataformas, pero se esfumó, en cierta medida, la edición del disco conceptual. -Soy analógico, me gusta el sonido del vinilo. También estoy del lado de la tecnología, creo que ayuda mucho, sobre todo a los cantantes. -¿Por qué? -Existen muchos programas para afinar. Antes, había que hacer varias tomas de un tema en un estudio hasta que quede la definitiva. En mi caso, como soy compositor, siempre llegué al estudio con el tema muy sabido, porque lo canto mientras lo escribo. -El Auto-Tune no deja de engendrar cierta trampa para el espectador. Es más, se suele utilizar en vivo. -Hay artistas que no pueden cantar sin ese recurso, incluso gente muy famosa. Una vez, le preguntaron a una fan si le parecía bien que su ídolo hiciera playback y ella respondió que no le importaba, porque lo único que deseaba era verlo de cerca. -Evidentemente, cambió también el concepto del público. -Antes tenías que cantar sí o sí. -¿Cuántas canciones tiene compuestas? -No llevo la cuenta, serán más de 700, pero eso no es garantía de nada. En mi caso, tengo la necesidad de escribir, pero las canciones que conoce la gente son solo la punta del iceberg. -¿Cómo es su hábito en torno a la inspiración? -Necesito encontrar una imagen. Si tengo la foto, la canción está terminada. Llevo cincuenta años de escribir canciones, hay un oficio, sé cómo continuar la historia y rematarla para que pegue. Por otra parte, mi manera de escribir canciones coincide con el gusto de la gente. -Un maridaje difícil de lograr. -Se me dio y se me dio haciendo diversos géneros. Nací para escribir canciones, soy un apasionado de la música y estoy dotado para esto. Se consagró en la música romántica, sus inicios fueron en el folklore, pero hubo un título que escuchó por radio que significó una epifanía: Cuando conocí ´Love Me Do de Los Beatles, algo me sacudió, una aguja en la médula. Paz Martínez encuentra en un hecho de su infancia una clave que encendió, posiblemente, su lugar como escritor: Mi mamá me enseñó a leer y escribir a los cuatro años para que me dejara de hacer despelot Sentía que así estaría más tranquilo. Además, mi viejo traída ediciones impresas de su imprenta, así que leía de todo; si bien no entendía mucho, un sedimento fue quedando y, hoy, soy un apasionado lector. Autor de infinidad de temas, de esos que se denominan hits, no todos se desarrollaron por el mismo camino. Incluso, la buena estrella de algunas de sus canciones más conocidas fue fruto de sortear algunos escollos. Que par de pájaros, una de sus creaciones más difundidas, no salió favorecida cuando se estrenó en un certamen. Nunca me gustaron los concursos, como decía Jacinto Benavente, se trata de Los intereses creados, nunca gana la canción que tiene que ganar. Cuando ´Que par de pájaros´ llegó al público, la gente me permitió acceder al Disco de Oro, Platino, Doble Platino y ahí apareció Paz Martínez, pero este camino no lo hice solo, se lo tengo que agradecer a todos los que me grabaron, se lo debo desde Mercedes Sosa hasta Madonna. -No siempre se perdona el éxito popular, sobre todo de sectores con aspiraciones intelectuales. ¿Padeció cierta subestimación? -He sufrido ese bullying durante décadas, mucho más en Argentina que en el exterior. -Se llama envidia. -No sé cómo se llama. En el cine, si una película tiene éxito, se la denomina comercial, en cambio, si no la ve nadie, la catalogan como arte. Cuando veía venir a los periodistas, ya me daba cuenta la onda que traían. Una vez, me cito un reportero en un café, llegó con la pipa encendida, barba y un libro debajo del brazo. Ya me lo veía venir. Y así fue, me hizo la pregunta que me solían hacer ese tipo de personajes: ¿Qué mensaje social tiene la canción de amor?. -¿Qué suele responder ante eso? -No hay nada más revolucionario que el amor. Cuando una persona está enamorada de verdad, es la única ocasión en la que entrega su vida por otro. Respeto al artista que se sube a un escenario a esgrimir su ideología, pero no es lo mío. No creo en las ideologías ni en los dogmas. En ese sentido, soy bastante anarco. ¿Por qué no puedo cambiar mi manera de pensar? Si uno evoluciona, cambia permanentemente. De todos modos, creo en las ideas. Nunca dependí de ningún gobierno de turno para trabajar, pero sí del público. -¿Qué sucede si la versión que hace un artista de un tema suyo no lo satisface? -Nunca le doy una canción a alguien que no respeto. Me han pedido canciones diversos artistas que me hubieran generado un gran negocio, pero les he dicho que no. El día que componga algo que solo tenga una motivación comercial, no escribiré nunca más, será el punto final. Por ahora, de puntos finales no hay nada. Siempre quiero escribir buscando la mejor canción, esa canción que todavía no encontré. Llama encendida Cuando decidió escribir un libro (La botella de Untisal), buscó asesoramiento en una compañera del cuerpo directivo de Sadaic, María Elena Walsh: Cuando le pregunté qué diferencia había entre un volumen de cuentos y una novela, me respondió, ´una es más larga´. -Cortito y al pie. -Era maravillosa. -Imagino el tono de la poeta, tan irónica y enternecedora. -Tuve el privilegio que me quisiera mucho, yo la adoraba. Fui el último integrante del directorio en ir a tomar el té con ella a la casa que compartía con Sara Facio, rodeadas de libros. -¿Qué recuerda de ese encuentro? -Le llevé chocolates, porque le encantaban. Estuvimos una hora conversando hasta que me dijo me duelen mucho los huesitos. Ya estaba en silla de ruedas. Cuando Sara Facio me acompañó hasta la puerta, me despidió con una frase hermosa María Elena siempre estará para vos. Así como se emociona al recordar a la autora de Canción para tomar el té, se le humedecen los ojos cuando repasa el concierto que debió dar el mismo día que se realizó el funeral de su madre. Fui presionado por el empresario, pero el público, que sabía lo sucedido, me trató con mucho respeto; no dije una sola palabra, saludé y canté; miraba para arriba y me preguntaba ´¿qué caraj estoy haciendo acá´. Y se guarda para sí, otro duro trance de su vida vinculado a una grave dolencia de salud de un ser querido muy cercano. Pensé que aquel concierto ni bien falleció mi madre era lo más duro que me tocaría atravesar, pero luego, con un caso de extrema gravedad de un ser querido, sufrí como nunca pensé que podría sufrir en mi vida. Hace esfuerzos por no quebrarse. Solo el diez por ciento de los que atraviesan esa situación, sobreviven, por suerte tuvo final feliz. Había que operar sí o sí, porque no podía durar un día más, y yo tenía que subir a cantar. -¿Cómo se desarrolló ese recital? -Arriba del escenario me quebré tres veces, lloré, la gente lo sabía. Una mujer se acercó, se sacó una cadenita y me dio una imagen de la Medalla Milagrosa. Me dijo no sé si sos creyente, pero esto me ayudó a salir adelante, dáselo a tal. Es el día de hoy que veo que ese tal tiene la cadenita colgando con él, es uno de mis seres más amados. -En sus shows, el ida y vuelta con la platea es muy fluido. -Se producen diálogos maravillosos. Rápidamente recupera alguna anécdota, de ese acervo infinito: En un concierto, cuando comienzo con ´prohibido nuestro amor, y qué´, las primeras estrofas del tema de la tira Padre coraje, un grupo de mamás acercó a sus hijos chiquitos al escenario; paré y les dije ´no soy Piñón Fijo´y me respondieron ´hasta que no escuchan tu canción en el comienzo de la novela, no se van a dormir. Antes de la despedida, y a tono con el rol que cumple en Sadaic, confiesa que me reconozco un defensor del derecho de autor. Y no deja de remarcar que una canción es propiedad privada, protegida por ley; en este momento, los creadores, autores y compositores, estamos sufriendo un decreto que sacó el señor (Federico) Sturzenegger, firmado por nuestro presidente, por el cual le saca el derecho a los autores y compositores para beneficiar a los hoteleros y los dueños de los salones de fiesta. -Una desregulación impiadosa con el artista. -Que yo sepa, ningún salón de fiesta u hotel quebró por pagarle a Sadaic.

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