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  • Temporalidades afectadas o la prisa por lo que no hay

    Chajari » Tal Cual Chajari

    Fecha: 18/04/2026 15:06

    Por Franco Vago* No tengo tiempo se convirtió en un significante que retumba con frecuencia en los intercambios ordinarios. Como vivimos en un mundo de lenguaje (palabras, gestos, actos, miradas, etc.) es imposible no ser tomados por discursos e incluso repetirlos sin saber muy bien por qué. ¿Qué dice uno cuando dice no tengo tiempo? En principio denuncia una creencia que al menos cabe cuestionar y es el intento -siempre fallido- de suponer al tiempo como algo que se pueda tener. Diría más bien que hay tiempo y que éste es irreductible a la ilusión del tener. Como efecto de la idea del tiempo, se han creado dispositivos de todo tipo para ceñirlo a dos variables que pican en punta: el tiempo ligado a la productividad y el tiempo ligado a la medición. Podríamos ser generosos y postular un tiempo recreativo, pero a instancias actuales no es más que un desecho del tiempo productivo, cuando ya estas explotado de producir entonces date la posibilidad de ser creativo con algo (mejor si es productivo). No se trata de cuestionar los horarios: el reloj ordena y nos indica toda una serie de responsabilidades en materia laboral, escolar, etc. instituyendo socialmente ciertos encuentros. Ahora bien, no tengo tiempo responde a otra cosa. No se trata del tiempo cronológico que marca el reloj o, convendría decir, el celular. Al no tengo tiempo lo suele acompañar el estoy cansado, lo cual no solo denuncia el pavor efecto de la productividad a la que asistimos como ideal de éxito, sino también, a que la contraoferta no escapa a la misma lógica imperante: viví el hoy. ¿Qué es viví el hoy? No es otra cosa que un imperativo con tintes de literatura de autoayuda, que borra cualquier posibilidad de que la historia particular del sujeto tenga su protagonismo en los avatares de la vida cotidiana. El empuje al presente o la prisa por lo que no hay instala toda una serie de dispositivos del rendimiento, de la evolución, del consumo, de desprecio por la curiosidad, por el ingenio, por la subjetividad y por las tramas discursivas. A mi pesar, las infancias son quienes más lo padecen. Entonces tenemos la ilusión de que el tiempo se tiene o no, el agotamiento por producir más rápido (así me queda algo de tiempo) y agrego, la noción de perder el tiempo. El par de ganar-perder tiempo, no solo es un engaño extremadamente neurótico, sino que está a la orden del día para producir todo tipo de malestares. Dejo esto acá. ¿Te acordas cuando fuimos el otro día a la casa de Juan? Ese otro día (puede ser una semana o diez años) es un modo de afectación de la temporalidad que escapa a la ilusión de tenerlo o no tenerlo y opera más bien de modo evocativo. Ese tiempo hace que la historia cuente, y allí no hay reloj que valga, no es un tiempo productivo o medible porque es un tiempo que está afectado por acontecimientos que dejan alguna inscripción, alguna huella, una marca subjetivante para la cual no hace falta tener tiempo para volver, porque aparece sola. Bueno Franco, yo me voy a ir porque ya se hizo de noche decía un paciente de 6 años mientras miraba cómo se escondía el sol por la ventana del consultorio. Eso es otro tiempo. Comparto una inquietud: se habla de velocidades, de lo inmediato, de que todo va más rápido, pero ¿hacia dónde vamos? El tiempo nos tiene y eso no es poca cosa. *Franco Vago: Lic. en musicoterapia (Usal). Diplomado en clínica psicoanalítica (Asoc. Argentina de Salud Mental). Miembro de APOLa (Apertura para Otro Lacan) sociedad de investigación en psicoanálisis, trabajador de la salud mental. Posgrado en psicoanálisis y autismos (UNC). Profesor universitario en UMAZA. Trabajador de salud mental y de prácticas subjetivantes. Contacto: licfrancovago@gmail.com

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