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Paraná » Confirmado.ar
Fecha: 18/04/2026 12:42
Mientras el ejército de trolls se desvive cazando parásitos estatales en redes, el líder espiritual del ajuste parece haber olvidado limpiar su propio árbol genealógico. Entre cargos provinciales eternos y designaciones a dedo, el relato de la meritocracia libertaria se derrite frente al calor de la caja pública. - Por AF para Confirmado Hay que reconocerle una cosa al Gordo Dan: tiene un estómago de hierro. No solo por su capacidad para digerir la hipocresía de señalar con el dedo mientras su propia parentela se acurruca en el presupuesto estatal, sino por la soltura con la que predica el fin de los privilegios desde el confort que le brinda la estructura que jura combatir. Resulta que el abanderado de la lucha contra la casta tiene raíces profundas en el barro burocrático de Santiago del Estero. Su madre, Andrea Olmedo, no es precisamente una recién llegada al mundo de las planillas de asistencia (o la falta de ellas). Lleva años sí, décadas atornillada a la Dirección de Tierras de la provincia, bajo el ala del caudillo Gerardo Zamora. Mientras el influencer agita el avispero digital exigiendo despidos masivos y motosierra para todos, en su casa parece que la herramienta solo se usa para podar el jardín, porque la teta del Estado provincial sigue alimentando el linaje familiar sin mayores sobresaltos. Pero la vocación de servicio público ajeno no termina en la figura materna. La coherencia es un plato que se sirve frío, y en este caso, se comparte en pareja. Su mujer, María Belén Casas, también encontró refugio bajo el sol ministerial, siendo designada en la Subsecretaría de Políticas Universitarias. Al parecer, las auditorías y el no hay plata son conceptos que se aplican con rigor quirúrgico para el resto de los mortales, pero que se evaporan cuando el apellido es el correcto. Es el eterno retorno del privilegio disfrazado de rebeldía. Nos venden un cambio de época mientras se reparten los sillones entre los mismos de siempre y sus herederos digitales. Para el seguidor de a pie, el ajuste; para el influencer de cabecera, una pyme familiar financiada por el contribuyente. Al final del día, el discurso contra la casta terminó siendo apenas un eslogan de campaña para que los nuevos comensales se sienten a la mesa, mientras el Gordo sigue llenando la panza con el mismo guiso estatal de siempre.
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