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  • Dormir con las estrellas: de qué se trata la experiencia que crece en San Juan

    » TN

    Fecha: 18/04/2026 06:12

    El silencio no es ausencia de sonido. Es otra cosa. Es una presencia. Eso fue lo primero que sintió Roberto Gómez cuando se hizo de noche en el Complejo Astronómico El Leoncito (CASLEO). Había llegado como turista, con curiosidad, sin imaginar que esa experiencia lo iba a atravesar de una manera tan profunda. Cuando cayó la noche en el observatorio me invadió una sensación muy grande que nunca había tenido. El silencio inmenso me llegó hasta lo más profundo de mi ser, fue algo que no puedo explicar del todo con palabras, pero que sentí en el cuerpo, como si el lugar mismo te obligara a frenar, a mirar, a entender que hay algo mucho más grande que uno, cuenta. Leé también: Vendió todo, se fue a Nueva Zelanda y revela cuántos dólares por año puede ahorrar juntando kiwis No estaba en cualquier lugar. Estaba en uno de los puntos más privilegiados del planeta para observar el cielo. En el departamento Calingasta, en la provincia de San Juan, a más de 2500 metros sobre el nivel del mar, lejos de las luces de las ciudades y con un clima semiárido que regala entre 270 y más de 300 noches despejadas al año, el cielo se muestra como en pocos sitios del mundo. Y ahí, en medio de ese paisaje de montaña, de oscuridad perfecta y estrellas que parecen al alcance de la mano, Roberto vivió una noche que no se olvida. Dormir en el observatorio es una de las experiencias más alucinantes que he tenido en mi vida, la sensación de inmensidad, de silencio y de soledad es única, no tiene comparación con nada, porque no es solo mirar el cielo, es sentirlo, es darte cuenta de lo pequeño que sos frente a lo que estás viendo, describe. La escena es difícil de dimensionar si no se vive. El cielo no es negro: es profundo, casi infinito, cargado de estrellas que no titilan como en la ciudad, sino que brillan con una intensidad que desconcierta. La Vía Láctea se despliega como una franja visible, contundente. Los telescopios, enormes, parecen apuntar a otro mundo. Me quedó grabado en la retina el color del cielo, esa profundidad, esa claridad, y lo pequeño que me sentí frente a lo que estaba observando, realmente quedé atrapado con la observación, no quería que se terminara nunca, dice. Lo que vivió no es una experiencia turística convencional. Es algo mucho más raro. Y eso es lo que convierte al CASLEO en un caso único. Porque no se trata de un hotel con vista al cielo. Se trata de un observatorio astronómico profesional en plena actividad científica que, además, abre sus puertas para que el público pueda alojarse dentro de sus instalaciones. Lo que ofrecemos no es un producto turístico tradicional. Es la posibilidad de vivir la astronomía desde adentro, de compartir el mismo espacio donde se genera conocimiento científico real, donde trabajan astrónomos, ingenieros y técnicos todas las noches del año, explica Nelson Ariel Rodríguez, jefe de Extensión Educativa del complejo. Y amplía: CASLEO es uno de los pocos observatorios profesionales del mundo que permite este tipo de experiencia, es decir, que una persona pueda dormir, cenar, recorrer las instalaciones y, al mismo tiempo, saber que a pocos metros hay equipos funcionando, proyectos en marcha y científicos observando el universo, eso genera una conexión muy fuerte, porque deja de ser algo abstracto y pasa a ser algo concreto, tangible. El complejo no es solo un atractivo turístico. Es, ante todo, una institución científica de referencia en América Latina. Inaugurado en 1986, este año cumple 40 años de trayectoria y se consolida como un pilar del desarrollo astronómico argentino. Su instrumento principal es el telescopio Jorge Sahade, de 2,15 metros de diámetro, el más importante del país en su tipo. A lo largo de estas cuatro décadas, más de 100 investigadores y más de 100 proyectos han utilizado sus instalaciones, generando más de 700 publicaciones científicas internacionales y formando a decenas de profesionales. Leé también: Renunció a un trabajo en una multinacional, invirtió $600.000 de la indemnización y creó un imperio Se investiga todas las noches del año, incluso en modalidad remota, hay equipos que operan desde distintos puntos del país o del exterior, y eso habla del nivel y de la importancia que tiene este observatorio en la comunidad científica, detalla Rodríguez. Pero esa dimensión académica convive, cada vez más, con otra: la del turismo astronómico, una tendencia en crecimiento en todo el mundo y que la Argentina empieza a capitalizar. Nosotros entendemos que abrir las puertas a la comunidad es fundamental, porque permite que la sociedad se apropie de la ciencia, que entienda cómo se produce el conocimiento, que valore la importancia de tener infraestructura científica propia, y al mismo tiempo ofrecemos una experiencia que es realmente transformadora, agrega. Esa transformación es la que buscan quienes llegan hasta este rincón de Calingasta. No es un viaje fácil ni inmediato. El aislamiento es parte del encanto. La lejanía de centros urbanos garantiza lo más importante: la ausencia casi total de contaminación lumínica. Eso, sumado a las condiciones climáticas, convierte al lugar en un santuario del cielo oscuro. Acá el cielo no está intervenido, no hay luces que lo contaminen, no hay ruido, no hay distracciones, entonces la experiencia es mucho más pura, mucho más directa, y eso es lo que la hace tan impactante para quienes vienen, explica Rodríguez. El programa de visitas está cuidadosamente diseñado. Durante el día, los visitantes pueden recorrer las instalaciones, conocer el funcionamiento del observatorio, entender cómo se realizan las investigaciones. Por la noche, si las condiciones lo permiten, acceden a observaciones guiadas con telescopios preparados especialmente para el público. Pero el verdadero diferencial está en la posibilidad de quedarse. Con cupos limitados apenas diez personas por noche quienes optan por el alojamiento viven una experiencia inmersiva: cena en el predio, contacto con el equipo técnico, observación nocturna y la posibilidad de dormir en un entorno absolutamente distinto. Esa convivencia entre turismo y ciencia genera algo muy potente, porque no es una recreación, es la vida real del observatorio, con sus tiempos, sus dinámicas, su lógica de trabajo, y eso impacta mucho en la percepción de quienes nos visitan, sostiene Rodríguez. La propuesta forma parte de un plan más amplio que, en el marco de los 40 años del complejo, busca fortalecer el vínculo con la comunidad. Durante 2026 se desarrollan actividades como concursos de fotografía astronómica, talleres educativos, muestras artísticas y propuestas de divulgación. El objetivo es que el observatorio no sea visto como un lugar lejano o inaccesible, sino como un espacio que también pertenece a la sociedad, que puede ser recorrido, entendido y valorado, dice. Leé también: Es chef, vino de Perú y puso un restaurante en el barrio 31: el gesto que tuvo con los que viven en la calle Mientras tanto, cada noche, el cielo vuelve a desplegarse. Y quienes están ahí lo saben. No es una experiencia más, es algo que te cambia, que te deja pensando, que te hace mirar el cielo de otra manera cuando volvés a tu casa, porque después de ver eso, ya no es lo mismo, dice Roberto. Dormir entre telescopios, en uno de los cielos más limpios del mundo, en silencio absoluto, rodeado de ciencia y de estrellas, no es solo un viaje. Es, como lo describe Roberto y muchos más, una forma de volver distinto.

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