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  • Postergó su sueño para formar una familia: a los 50 años encontró un vacío en el mercado y creó un proyecto exitoso

    » TN

    Fecha: 18/04/2026 05:30

    Judith Dorin tenía claro lo que quería, pero eligió esperar. Durante años, postergó sus proyectos personales para dedicarse a su familia y acompañar a su madre en un momento difícil. Recién a los 50 encontró el momento para mirar hacia adentro y preguntarse qué hacer con su vida. La respuesta no fue inmediata, pero sí contundente. Detectó una necesidad que casi nadie estaba atendiendo y decidió transformarla en un proyecto propio. Así nació Un ratito más, un emprendimiento de juguetes inclusivos pensado para personas con discapacidad y adultos mayores. Leé también: Son dos perros callejeros, improvisan en vivo y ya suman fans: el streaming argentino que no para de crecer Hoy, más de una década después, sus creaciones no solo se venden en distintas provincias, sino que también generan algo más profundo: la posibilidad de jugar, compartir y conectar en contextos donde muchas veces eso no estaba garantizado. El origen del emprendimiento Aunque se recibió como Licenciada en Sistemas, Judith siempre sintió afinidad por la Educación Especial, pero no ejerció ninguna de las dos profesiones. En cambio, pausó todos sus planes de trabajo para convertirse en madre, su mayor sueño. Cuando sus mellizos cumplieron cinco años, comenzó a pensar en retomar su camino profesional. Sin embargo, una noticia cambió sus planes: a su madre le detectaron un tumor en la médula ósea y Judith se convirtió en su principal cuidadora, acompañándola durante tratamientos y quimioterapias. En 2010, logró dar el primer paso hacia su emprendimiento. Siempre hice cursos, siempre me gustó lo artesanal, y buscaba algo flexible porque mi prioridad eran mis hijos, recuerda en diálogo con TN. Así surgió la idea de crear juguetes, aunque tenía claro que debían ser distintos: Quería algo original, que no se viera en ningún negocio. Tras recorrer jugueterías, detectó una falta de materiales didácticos, especialmente para chicos con distintas capacidades. Ese hallazgo la impulsó a convertirse en pionera en el rubro. Luego se reunió con directoras de escuelas, relevó necesidades y armó un primer catálogo enfocado en lo visual, pensado para niños con hipoacusia, autismo y otras condiciones. Ese mismo año registró la marca Un ratito más, nombre inspirado en una frase de su hija: ¿Por qué no le ponés lo que yo te digo todas las noches cuando me mandás a dormir?, le sugirió. Aunque el proyecto ya estaba en marcha, recién en 2012 comenzó a vender sus productos. Un año después, su madre falleció y Judith volvió a poner en pausa todo para atravesar el duelo. Juguetes que incluyen En 2014 retomó la actividad en jardines, pero un comentario marcaría un nuevo rumbo. Durante una charla en la escuela de sus hijos, alguien le dijo: Si es difícil encontrar material para personas con discapacidad, imaginá para una persona ciega. Esa frase fue un punto de inflexión. Con esta nueva meta, pidió una asesoría en la Biblioteca Argentina de Ciegos para poder adaptar su material. Me recibieron los ocho directivos y me contaron que nunca pudieron jugar en su infancia. Fue tan fuerte que me propuse el desafío de crear materiales para que la gente ciega pudiera compartir juegos con otros", cuenta. El primer juego fue un tatetí de madera con fichas y reglamento en braille. Con el tiempo, llegó a adaptar más de 20 juegos de mesa, incorporando texturas y recursos sensoriales. El emprendimiento volvió a transformarse en 2018, tras una entrevista radial. Una oyente que trabajaba con adultos mayores le escribió para contarle que sus juegos también podían servir en ese ámbito. Ahí empecé a contactarme con profesionales de estimulación cognitiva y descubrí otro camino, explica. Hoy fabrica juguetes para estimular la memoria, la atención, la observación y la motricidad fina. Visita residencias geriátricas y centros de rehabilitación. Lo que trabajo con texturas para ciegos sirve también para gente mayor que pierde la sensibilidad en el tacto. Por momentos los dos caminos tienen cosas en común, resalta. Una pasión que se sostiene a mano Todo el proceso lo realiza ella misma: diseña, arma y texturiza cada pieza a mano. Los impresos los encarga a una imprenta y las piezas de madera se cortan en talleres especializados. El braille, en cambio, lo escribe manualmente sobre plastificado frío. Judith vende al por mayor a profesionales de la Salud y la Educación en aproximadamente 10 provincias. Además, mantiene una fuerte vocación solidaria: dona juegos de manera permanente a la ONG Mamis solidarias, escuelas para personas ciegas de niños y adultos, a centros de adultos mayores y a otras organizaciones, como la Fundación de Equinoterapia Huellas. Todo lo que dejo de vender, lo dono, resume. Leé también: Trabajó 10 años en el INDEC, renunció sin avisarle a nadie y creó un emprendimiento que le cambió la vida Durante estos 12 años, llegó a crear cerca de 50 productos, aunque hoy mantiene un catálogo más acotado por los tiempos de producción. Sin embargo, ella no lo ve como un trabajo. Yo estaba buscando en qué trabajar y conseguí una pasión. Adoro lo que hago, afirma. Judith también alcanzó otro gran ideal: Yo quería que mis hijos estuviesen orgullosos de mí y eso me generó la necesidad de buscar qué hacer con mi vida. A los 50 años dije este es mi momento. Al final, el mayor rédito también es el agradecimiento de la gente. Tengo la satisfacción de que una persona ciega me diga por fin pude jugar con mi familia, o que alguien me cuente por fin pude jugar con mi abuelita. Me da alegría saber que alguien la está pasando bien o está aprendiendo gracias a lo que yo hago.

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