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  • Las petroleras planean exportar más de USD 41.000 millones anuales para 2035: los 3 requisitos para que se cumpla el pronóstico

    Buenos Aires » Infobae

    Fecha: 16/04/2026 16:55

    La Argentina cuenta con recursos naturales para abastecer la demanda local de petróleo por más de un siglo y, en el caso del gas natural, por más de dos siglos. Sin embargo, el país, apuntalado por la principal petrolera de mayoría estatal YPF, tiene el objetivo de convertirse en un gran exportador de energía para 2030, enfocado en acelerar la producción de Vaca Muerta, inversión en GNL y eficiencia operativa. En este sentido, las proyecciones son optimistas. La Cámara de Exploración y Producción de Hidrocarburos (CEPH) estimó que la Argentina podría exportar unos USD 41.758 para 2035 en un escenario en el que se prevé una expansión en la producción tanto de crudo, como de gas. La industria energética argentina encuentra su potencia en una tendencia que si bien lleva algunos años en agenda, la guerra en Medio Oriente la colocó como una de las principales prioridades de todos los países del mundo: garantizar su abastecimiento, diversificarlo y avanzar hacia la transición energética. Históricamente el aumento de precios internacionales se transformaba en un déficit creciente para la Argentina. Hoy, sin embargo, potencia el superávit de la balanza comercial, dijo Carlos Ormachea, presidente de CEPH, ex CEO y actual chairman de Tecpetrol, la petrolera del Grupo Techint. Según advierten desde la asociación, la Argentina se encuentra ante una ventana de oportunidad definida por la evolución de la demanda global. Las proyecciones internacionales muestran que la demanda de petróleo continuará en alza hasta mediados de la próxima década, para luego iniciar un descenso gradual, aunque la velocidad de esa caída todavía genera debate. En el caso del gas natural, los escenarios coinciden en que el consumo seguirá creciendo hasta 2050, impulsado por el desplazamiento del carbón en la matriz energética global. Por primera vez en la historia disponemos de recursos para abastecer la demanda local y, a la vez, conformar una plataforma de exportación a gran escala destinada a abastecer la demanda mundial, sostiene el estudio. Y a la vez recuerda que la producción de petróleo cayó de forma sostenida hasta 2017 por precios locales desacoplados y el agotamiento de yacimientos convencionales. Desde entonces, la recuperación de precios y el avance del no convencional impulsaron un récord histórico en 2025. En el caso del gas, la recuperación comenzó en 2013 con el Plan Gas y Vaca Muerta, también con picos máximos en 2025. La caída productiva y el aumento de la demanda generaron un fuerte déficit comercial y una alta carga de subsidios, que comenzaron a reducirse en los últimos años gracias al repunte de la producción y a menores importaciones: Durante las últimas décadas se verificaron extensos períodos con tarifas congeladas o con aumentos muy por debajo de la inflación, conduciendo a sensibles reducciones de las tarifas en términos reales. Los subsidios a la energía representaron en promedio 1,7 puntos porcentuales del PIB a lo largo de la última década, explicando en buena medida el deterioro fiscal que experimentó la economía argentina durante ese período. A partir de 2022, los subsidios energéticos comenzaron a disminuir, al igual que su participación sobre el PBI. En 2025 los subsidios totalizaron USD 3.999 millones, equivalente al 0,6% del PBI, analiza el informe. Condiciones para impulsar el desarrollo del sector energético Para alcanzar el pleno desarrollo de los recursos hidrocarburíferos, el informe señala que será necesario un fuerte incremento de la inversión en los próximos años, así como el sostenimiento de precios internos alineados con los valores internacionales y la consolidación de un marco regulatorio que estimule nuevas inversiones. La madurez de las cuencas convencionales, señala el estudio, obliga a diseñar reglas específicas para reducir la declinación y sostener la actividad, fundamental para preservar el empleo y la economía en las provincias productoras. Además, esa producción es clave para asegurar el crudo pesado que demanda el parque refinador local. Un sector energético con mayor desarrollo permitiría reducir el déficit fiscal, bajar los costos de abastecimiento y consolidar una balanza comercial superavitaria, creando condiciones para un crecimiento sostenible a largo plazo, analiza CEPH. El acceso a un sendero de crecimiento económico estable también resulta fundamental para reducir los costos de financiamiento y atraer inversión extranjera, en un sector que requiere de inversiones intensivas. La mejora de la competitividad es un requisito para acceder a mercados internacionales cada vez más exigentes, lo que exige la articulación entre empresas, Estado y sindicatos. La CEPH considera necesario extender los beneficios del Régimen de Incentivos a las Grandes Inversiones (RIGI) a toda la producción hidrocarburífera, eliminar retenciones a las exportaciones y reducir la carga fiscal en las cuencas productoras. Los primeros proyectos de licuefacción fueron posibles gracias a estos incentivos y su extensión podría potenciar la inversión en el sector. Tres escenarios posibles para el futuro energético En base a distintas proyecciones, el informe plantea tres escenarios posibles para el desarrollo del sector en la próxima década. En primer lugar, introduce el escenario moderado. Este contempla un crecimiento sostenido pero gradual de la producción de crudo, con la cantidad de pozos de shale oil aumentando a un ritmo anual del 5%. La producción de gas natural también se expande, principalmente por el avance de las exportaciones. El desarrollo de infraestructura prevé la ampliación del transporte de crudo y gas, con nuevos oleoductos y gasoductos que permitirán abastecer tanto al mercado interno como a las terminales de licuefacción para la exportación. Este escenario proyecta exportaciones totales por USD 17.741 millones para 2030; importaciones por USD 3193 millones, con un saldo de USD 14.548 millones. Para 2035, esperan exportaciones por USD 22.382 millones; importaciones por USD 3.847 millones y un saldo de USD USD 18.535 millones. En tanto requeriría de inversiones de entre USD 11.000 millones y USD 15.000 millones anuales entre 2026 y 2035. El escenario expansivo proyecta una expansión más acelerada, con pozos de shale oil creciendo al 11% anual. La mayor capacidad de licuefacción permite incrementar de forma significativa las exportaciones de gas natural. El parque automotor crece al 5% anual y los vehículos eléctricos alcanzan el 9% de la flota para 2035. Nuevas obras en oleoductos y gasoductos acompañan el salto de la producción y la exportación. Este escenario proyecta exportaciones totales por USD 27.945 millones para 2030; importaciones por USD 3.305 millones, con un saldo de USD 24.639 millones. Para 2035, esperan exportaciones por USD 41.758 millones; importaciones por USD 4.080 millones y un saldo de USD USD 37.678 millones. En tanto requeriría de inversiones de entre USD 12.000 millones y USD 21.000 millones anuales entre 2026 y 2035. Escenario acelerado. En este caso, la cantidad de pozos de shale oil crece rápidamente hasta 2030, permitiendo alcanzar antes de tiempo los picos de producción. La producción de gas natural replica la del escenario expansivo, aunque con menos pozos gracias al aumento del gas asociado. Las inversiones en infraestructura y el crecimiento del parque automotor siguen la misma lógica que en el escenario expansivo. Este escenario proyecta exportaciones totales por USD 40.074 millones para 2030; importaciones por USD 3305 millones, con un saldo de USD 36.768 millones. Para 2035, esperan exportaciones por USD 41.351 millones; importaciones por USD 4.080 millones y un saldo de USD USD 37.271 millones. En tanto. requeriría de inversiones de entre USD 13.000 millones y USD 27.000 millones anuales entre 2026 y 2035. El escenario moderado es considerado el más probable y el que concentra los mayores esfuerzos de la industria. Es un camino desafiante, pero hoy es el que vemos como más realista y alcanzable, señaló Ormachea. Si bien el escenario acelerado es el deseado, aunque menos probable, ya que implica anticipar los objetivos a 2030 y requiere un salto de inversiones aún mayor.

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