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  • Mi contundente situación: la experiencia de bailar con tu madre, tu hija, tu padre, tu hermano, casi como si el público no existiera

    » La Nacion

    Fecha: 15/04/2026 13:49

    Mi contundente situación: la experiencia de bailar con tu madre, tu hija, tu padre, tu hermano, casi como si el público no existiera El juego de la infancia, la intimidad del abrazo, un arrullo mudo; la memoria, el cuidado y la transformación de los vínculos primarios son materia coreográfica en la obra de Diana Szeinblum que ahora se presenta en el Teatro Colón - 7 minutos de lectura' De tan sólo 19 meses, Quío no puede responder con palabras cómo vive la experiencia de ser bailarina por un rato, pero si lo hiciera seguramente diría con suma naturalidad que el escenario del Centro de Experimentación del Teatro Colón no es distinto para ella que el parque donde juega a diario o el living de su casa en el que se mueve, corre y rola entre las piernas de sus padres, Vera Garat y Rodolfo Opazo, coreógrafos los dos. El espacio teatral es conocido para ella, confirma la mamá de esta nena que en un momento singular y único, a dúo con su papá, abre Mi contundente situación, obra de Diana Szeinblum donde los vínculos primarios se vuelven materia coreográfica. Entonces, uno tan grande y la otra tan pequeña, hacen su parte: se ponen cabeza abajo, trepan las columnas del subsuelo, prueban ruidos con la boca, se sacan las zapatillas, ríen y contagian a todos los que los miran; apelan con frecuencia a la mímesis, un recurso que va más allá de las edades. Las parejas siguientes, todas integradas por adultos, también buscarán la complicidad de la copia o la réplica, el espejo, la continuidad del movimiento de uno por el otro, la entrega signada en el acto de dejarse caer, de sostener, de levantarse. La relación queda así en el terreno de los cuerpos, antes, durante y después del abrazo. Lo que los mueve conmueve en esta danza donde el encuentro físico revela capas de memoria y transformación. Lorenzo y Rafael Nir, de 24 y 29 años, sí pueden responder a las mismas breves preguntas que, después de ver el debut de la tercera temporada de esta pieza, LA NACION envía a cada uno de los no-bailarines que participan de esta experiencia estrenada originalmente hace una década a pedido del Museo de Arte Moderno y revisitada el año pasado en la Fundación Cazadores para Club Paraíso. Los Nir, parece obvio, son hermanos e hijos de la directora del espectáculo, que una vez más se lanza aquí a una utopía poética y, en el mismo acto, pisa la escena como madre. Dedicados ambos a la producción audiovisual, tienen una relación muy cercana con la danza: Szeinblum es una referente de la escena contemporánea de reconocida trayectoria, por lo que desde chicos este es un lenguaje muy presente en sus vidas. Siempre quisimos hacer algo los tres y acá estaba el lugar perfecto, ya que son diferentes números que mezclan los vínculos familiares. Fue como una gran oportunidad, confía Rafael, el mayor, a la vez que cuenta que antes de empezar la función atraviesan una especie de trance muy diferente de cualquier otra experiencia. También Lorenzo se refiere a esa adrenalina que le corre por el cuerpo cuando está en escena y a cierta inconciencia, en algún punto, que lo hace olvidarse del público. Después, dice, la sensación va cambiando: los nervios se apaciguan y puede disfrutar de algo inédito, que al final pone en juego alegría, angustia, cansancio. Toda esas emociones menciona. Al espectador, este dúo de encuentros cercanos de todo tipo que protagonizan los hermanos no solo lo sorprende llevan el movimiento en la sangre, parece sino que lo conecta con ese sentimiento de complicidad y compañerismo que se asocia al vínculo, aun cuando bailar pegados, tan de cerca, pueda representar una cierta incomodidad. Creo que se abre ahí como una puerta más espiritual, arriesga Rafael sobre el desafío de la proximidad. ¿Y qué impacto tiene la obra en la relación con su madre? Creo que es muy positivo responde el menor; por momentos, se volvió intenso el vínculo, porque se trata de compartir nuevos espacios, nuevos pedidos y un compromiso profesional que como te lo pide tu madre era un poco difícil de cumplir, pero también con el correr de los ensayos fue fluyendo cada vez mejor y creo que al final nos unió mucho más y se transformó en algo muy muy lindo. Por orden de aparición, y también en la línea cronológica que va trazando la obra, la siguiente no bailarina es Roxana Taboada madre de Hernán Franco uno de los intérpretes de Obra del demonio, que Szeinblum presentó en el Teatro Cervantes. En un intercambio con LA NACION, se presenta así: tengo 70 años y me dedico a la informática desde los años 80, cuando era muy curioso tener esa profesión, como es hoy la robótica o la IA. Sobre su relación con la danza, expresa, no es distinta que con otras expresiones artísticas: trasmitidas a ella por su mamá y, por transitividad, también a sus tres hijos. A las pruebas se remite: Hernán, con quien danzo hoy, es actor y performer, Nicolás músico que abrazó el violín y Matías restaurador de arte. Yendo al caso: cuando Hernán le propuso participar de Mi contundente situación, Roxana sintió mucho miedo de no estar a la altura, por no ser bailarina, pero luego entendió que debía acompañarlo no sólo para hacerlo feliz a él sino también porque era un gran desafío. En escena, logran momentos de intimidad y ternura, por ejemplo, en la inversión de roles, cuando el hijo acuna a su madre, en una entrega física y emocional elocuente. Son, de pronto, como una viñeta animada de esa gran obra de arte ilustrada que es Mi pequeño, el premiado libro de Germano y Albertine Zullo. La experiencia es muy fuerte para mí y ver todo lo que hay en el detrás de escena, que es un trabajo inmenso, arduo, también es maravilloso. Por supuesto esto afirma aún más la conexión que nosotros ya teníamos. Cuando cada noche él dice frente al micrófono: Mi mamá y yo, en mi interior yo digo: Mi hijo y yo. Luis Tencer, odontólogo jubilado, va rumbo a cumplir 80. Hasta aquí, su relación con la danza estuvo circunscripta a lo que le llegaba a través de su hija, Natalia. Si no fuera por ella, diría con la danza no tengo nada que ver. Sin embargo, juntos conforman la única pareja que permanece en el recorrido completo de la obra de Szeinblum desde 2016 hasta acá. Esta experiencia es interesante y es emotiva, y por momentos me divierto: antes de la función hay un poquito de nervios, siempre; después una vez que entramos en el movimiento uno se relaja y disfruta. Después de verlo gesticular exageradamente, sacar la lengua, dejarse arrastrar tendido en el suelo, bailar como si estuviera en una fiesta privada, es normal que quien lo escucha acompañe su propia sorpresa Me llama la atención de mí mismo, porque soy extremadamente tímido, sobre todo en situaciones grupales, confiesa. Alguna vez se vio en un video, divirtiéndose en la escena: me llama la atención que pueda traspasar esta situación que siempre me costaron muchísimo. Más habitual es para él cuando los cuerpos se acercan, en un abrazo. No es que la obra haya cambiado nuestro lazo, porque con mi hija tenemos una relación bastante cercana, siempre estamos en contacto. Pero sí, es una gran experiencia. Para agendar Mi contundente situación, de Diana Szeinblum, con música en vivo de Macarena Aguilar Tau (MAQ), en el Centro de Experimentación del Teatro Colón, Viamonte y Libertad. Próximas funciones: 15, 16 17 y 18, a las 20.30. Entrada, $30.000.

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