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» La Nacion
Fecha: 14/04/2026 09:58
Schoua, presidente de la AmCham: La estabilidad es condición necesaria, pero no suficiente Mariana Schoua eligió un punto de partida incómodo para abrir uno de los encuentros empresariales más importantes del año. Antes de hablar de oportunidades, habló de historia: en los últimos 70 años, la Argentina atravesó 15 recesiones. Hoy, cerca del 35% de su población vive en situación de pobreza. Y el país exporta apenas el 14% de su PBI, la mitad de lo que registran economías comparables. No es un país sin capacidades, dijo la titular de AmCham Argentina en el summit que organiza la entidad. Es un país que durante décadas careció de condiciones. Ese diagnóstico estructural fue la base sobre la que construyó su argumento central: que la corrección del déficit fiscal, la desaceleración de la inflación y la normalización de variables macroeconómicas los logros que el Gobierno exhibe como hitos del último ciclo son condiciones necesarias pero insuficientes. La estabilidad ordena; el desarrollo transforma, sintetizó la también CEO de Aconcagua Energía Generación ante líderes empresariales, funcionarios y representantes del cuerpo diplomático. La frase no era solo retórica: era una advertencia sobre los límites de lo conseguido. Para Schoua, la Argentina enfrenta ahora el desafío más difícil: convertir estabilización en crecimiento sostenido. Y ese salto requiere decisiones que aún no se tomaron. La primera es una reforma fiscal profunda que reduzca la presión impositiva sin comprometer el equilibrio de las cuentas públicas, avanzando hacia un sistema tributario progresivo, simple y sin superposición de tributos. La presidenta de AmCham fue explícita: la simplificación no es un tecnicismo, es una decisión de competitividad. En un país donde la carga impositiva sobre las empresas figura entre las más altas de la región, ese punto no es menor. El segundo frente que identificó Schoua es el de los desafíos estructurales que ningún proceso de estabilización resuelve por sí solo: costos logísticos elevados, brechas de infraestructura y acceso limitado al crédito. Los tres funcionan como frenos a la inversión privada con independencia del clima macroeconómico. A eso se suma la necesidad de fortalecer la previsibilidad regulatoria y la calidad institucional, variables que, en su lectura, son las que en última instancia determinan el costo del capital y la profundidad del financiamiento disponible. El diagnóstico sobre la inserción internacional siguió la misma lógica. Exportar el 14% del PBI cuando países de perfil comparable duplican ese nivel no refleja una limitación productiva sino una acumulación de distorsiones que desconectaron a la Argentina de las cadenas globales de valor. La agroindustria genera más de la mitad de las exportaciones pero todavía enfrenta obstáculos para consolidar mercados. La energía tiene una ventana de oportunidad real en un contexto de demanda sostenida y búsqueda de proveedores confiables. La minería podría triplicar exportaciones en una década. El potencial existe; lo que faltaron, históricamente, fueron las condiciones para desplegarlo. Lo que Schoua propuso no fue un programa económico sino una lectura del momento: la Argentina está en una bisagra. El ciclo de supervivencia macroeconómica que dominó el debate durante años está dando lugar a una discusión sobre desarrollo. Esa transición no es automática ni garantizada. Requiere, dijo, un Estado que garantice reglas claras y un sector privado dispuesto a asumir el rol de protagonista. El desarrollo no es automático. No es inmediato. Pero es posible. Y es, sobre todo, una decisión, cerró.
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