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» La Nacion
Fecha: 14/04/2026 03:59
nueva longevidad, ¿estamos listos? Quiero llegar bien Los +50 y 60 se preparan para una vida más larga con foco en el bienestar y sin trabas económicas Texto: Evangelina Himitian 14 de abril de 2026 La pregunta se coló como sin querer. Javier Palacio, de 50 años, y su hermana Leticia, de 48, estaban en el consultorio del nuevo neurólogo que iba a comenzar a atender a su mamá, Alicia, de 81 años, que tiene Alzheimer. Antes de terminar con las indicaciones y los exámenes que debían hacerle, Javier puso en palabras una duda incómoda: Doctor, ¿considera que nosotros deberíamos hacernos un estudio genético para saber si vamos a desarrollar esta enfermedad? La pregunta sintetiza un temor que se replica en quienes acompañan a sus padres en los desafíos que plantea la nueva longevidad y avizoran como podría ser su propia vejez en una suerte de espejo a futuro. La respuesta del neurólogo fue que no. Que si bien existen estudios que permiten determinar la predisposición genética a desarrollar Alzheimer u otras demencias, lo cierto es que se trata solo de una posibilidad. Además, les explicó que en el caso de su madre, la enfermedad no se consideraba de aparición temprana porque había empezado después de los 65 años y que la evolución no era acelerada. En esos casos, el peso genético es bajo. Desde una perspectiva más amplia, la pregunta es: ¿Y nosotros cómo vamos a llegar a la edad de nuestros padres? Se trata de un interrogante que sobrevoló casi todas las producciones de esta serie de LA NACION sobre la nueva longevidad. La generación lasaña, como la llaman los especialistas, que cuida a sus padres y al mismo tiempo atiende las demandas de sus hijos, en plena edad laboral, es la primera en observar de forma directa las consecuencias no deseadas del aumento en la esperanza de vida, que permite alcanzar edades cercanas a los 100 años. En este contexto, la planificación de las próximas décadas adquiere una relevancia inédita para los +50 o 60. Cuando veo limitaciones físicas o cognitivas en mis padres mayores... Los expertos aseguran que el temor al deterioro, ya sea cognitivo o físico, es uno de los más frecuentes. Según explican, las fallas de la memoria, la reducción de la capacidad intelectual, la pérdida de independencia y la soledad se convirtieron en fantasmas recurrentes. Hoy se teme más al deterioro que a la muerte, resume el neurólogo Conrado Estol a LA NACION. El miedo a volverse una carga emocional o económica también aparece entre quienes cuidan a sus padres. No quieren llegar a ese escenario de dependencia y saben que hoy es el momento de tomar decisiones para intentar evitarlo. Estamos en un proceso de transición Es un tema que preocupa a todos. Estamos en un proceso de transición, seguramente en los próximos años vamos a empezar a ver una mejora en la calidad de vida de quienes transitan la longevidad. Pero lo cierto es que hoy, asistimos a la gran década perdida: los últimos diez años de vida están despojados de calidad, esa es una deuda enorme, señala Estol. Me preocupa y me ocupa, cuenta Adriana Polero, de 59 años, hija de Zulma Costa, que transita sus 93 años con buena salud. Yo la observo mucho y pude sacar algunas conclusiones, dice. Sabe que hacer actividad física es fundamental. Por eso, tres veces por semana va al gimnasio a clases de funcional. Cuando todo lo demás decae, son los músculos los que te sostienen, afirma. Su agenda es apretada: se ocupa de su mamá, que vive sola, y trabaja como despachante de aduana. Dos de sus hijos ya se fueron de casa y la más chica vive con ella en el barrio de Belgrano. Me preocupa pensar cómo voy a llegar a los setenta y pico, quiero llegar bien. Y veo que además de actividad física, es importante mantener una mente activa. Animarse a pensar cosas de distintas maneras, seguir aprendiendo, apunta. Es lo que los especialistas llaman mantener la plasticidad neuronal, uno de los factores claves para alejar el fantasma del deterioro. Adriana da ejemplos: Tengo un grupo de amigas con las que una vez al mes hacemos club de lectura, a veces en mi casa. Todas traemos leído el mismo libro y después debatimos. Incluso arman encuentros originales para practicar o conocer otros idiomas. Elegimos un país al que nos gustaría viajar e investigamos el clima, la geografía, la política, la economía, qué se come, cómo se habla, qué lugares se pueden visitarcada una toma un aspecto. Después, nos juntamos, cocinamos cosas típicas de ese país y cada una cuenta lo más llamativo, relata. Porque algo que aprendió Adriana de Zulma es que no hay que estar quieta. Y, sobre todo, hay que evitar quedarse sola. El contacto social, el salir, el charlar cosas nuevas es muy importante. Más de lo que creemos, sostiene. La preocupación por el inicio del deterioro es cada vez más frecuente entre los hijos de los pacientes, lo vemos a diario en el consultorio, describe Graciana Alessandrini, presidenta de la Sociedad Argentina de Geriatría y Gerontología. El que tiene un familiar con demencia o deterioro empieza a preguntarse si es hereditario. Lo mismo que quien percibe un deterioro físico muy marcado y empieza a temer por su propia vejez. Hacernos la pregunta, cómo voy a llegar yo es positivo porque da la posibilidad de tomar medidas. Hay personas que planifican cómo quieren envejecer y otras que no toman decisiones porque viven sobrecargadas. El cuidado de sus adultos es un estrés adicional que impacta negativamente en la calidad de vida de esta generación, explica la experta. ¿Genética o estilo de vida? Desde hace años, los especialistas estudian las llamadas zonas azules, donde las personas no solo viven más, sino que lo hacen en mejores condiciones. La pregunta que se abre entonces es si incide más la genética o el estilo de vida para una longevidad saludable. Un trabajo publicado en 2020 por la revista científica The Lancet indagó hasta qué punto son modificables los factores de riesgo de demencia. Una de las conclusiones fue que tomar medidas sobre la presión arterial, la actividad física y el consumo de alcohol puede prevenir o retrasar hasta el 40% de los casos. La corrección de cualquier pérdida auditiva y dejar de fumar también ocupan un lugar relevante en la lista. El estudio identificó y clasificó 12 factores asociados al riesgo de deterioro cognitivo. Además de los aspectos genéticos, se consignaron aquellos no modificables por la persona: el lugar de residencia, cuestiones ambientales, el nivel educativo y socioeconómico, entre otros, que influyen indirectamente en la posibilidad de llevar una dieta saludable, de hacer ejercicio o de tener una reserva cognitiva acumulada desde la infancia. La demencia tiene una etiología multifactorial y muchos casos podrían prevenirse mediante estrategias que actúen para reducir los factores de riesgo modificables, resume el trabajo. En este sentido, lleva también el foco a las políticas públicas de los países. Los últimos estudios indican que la genética tiene un peso del 50% en las probabilidades de desarrollar deterioro cognitivo en la edad adulta. Sin embargo, el otro 50% incluye muchos factores que son modificables, detalla Estol. Algo similar ocurre con la aparición de enfermedades físicas en la vejez como la diabetes y la hipertensión tardía, entre otras. Los aprendizajes de cuidado de esta nueva generación de mayores... El envejecimiento saludable tiene cinco pilares: la alimentación, el descanso, el manejo del estrés, el ejercicio físico y la reserva cognitiva. Hay un sexto factor que es la estimulación social. Porque la estimulación cognitiva puede llegar de manera formal, pero también, indirectamente, en la relación con otros, en tomar un café, jugar a las cartas, mantener conversaciones, dice Alessandrini. Se trata de un ejercicio intelectual que muchas veces se ve obstaculizado a causa del aislamiento que puede aparecer en esta etapa. Estol apunta un dato que no es menor: el aumento de las personas que viven solas en Buenos Aires, que son mayores de 65 años en una gran proporción. La soledad y la depresión son precursores de las demencias. No es casualidad que tantos adultos mayores hayan salido de la pandemia con un marcado deterioro cognitivo, afirma. ¿Quién me va a cuidar? Florencia Ramírez tiene 46 años, es licenciada en Comercio Exterior y está a cargo del cuidado de su papá, José, con Parkinson tipo rígido, al tiempo que acompaña a su mamá, Ana María, aunque no vive con ellos. El médico clínico y el endocrinólogo me recomendaron hacerme un eco doppler de las arterias del cuello para descartar cualquier tipo de obstrucciones y ya poder prevenir el Parkinson, cuenta. Los profesionales le recomendaron además incrementar la actividad física, mejorar su alimentación y cuidar su descanso. Tuve que dejar trabajos estresantes para poder mejorar mi calidad de sueño y la presión arterial, relata. Respecto a lo social, comenta que reunirse con gente vitamina es de enorme ayuda para su bienestar general. A mí me preocupa pensar quién me va a cuidar cuando sea yo quien esté en una situación de fragilidad. No tengo hijos y no planeo ser una carga para mis sobrinos, dice Sabrina F, de 53 años. Incluso mis amigas que sí tienen hijos, dudan si ellos van a hipotecar virtualmente sus vidas para acompañarlas. Por eso, estamos pensando, como idea loca, mudarnos todas juntas a un mismo complejo, tener al menos un lugar para estar juntas, jugar a las cartas o lo que sea. No queremos ser una carga, pero tampoco queremos vivir solas ni en un geriátrico, agrega. El club de lectura es una de las actividades que fomenta Adriana Polero, que tiene como premisa no quedarse quieta para garantizarse una buena vejez La idea de Sabrina no parece alejada de la realidad. De hecho, hay una iniciativa sobre viviendas compartidas impulsada por la legisladora Graciela Ocaña, exministra de Salud y exinterventora del PAMI. Hay cuestiones que nos ayudarían a planificar el futuro, como una ley de cohousing y la de hipoteca inversa. Son mecanismos que nos permitan utilizar los ahorros y recursos de toda la vida para la propia tranquilidad, pero también para la tranquilidad de los hijos y la de toda la familia", señala la diputada porteña. Uno de los proyectos que ya se transformó en ley es el de voluntades anticipadas, con la creación de un registro público en el ámbito de la ciudad de Buenos Aires para que las personas puedan dejar consignadas determinadas decisiones, desde cómo eligen ser tratadas en caso de una internación de gravedad hasta dónde les gustaría vivir, para qué quieren que se usen sus ahorros o cómo esperan que se actúe con su mascota, entre otras cuestiones. La economía para sostenerse en las décadas de vida ganadas supone varios aspectos a tener en cuenta. La decisión de cómo será el manejo del dinero propio es una de las aristas más urgentes para preservar el patrimonio de los mayores. Pero hay una preocupación previa: ¿cómo garantizarse una vejez sin limitaciones económicas? Mis viejos siempre tuvieron una buena posición, pero ya se deshicieron de todos sus bienes porque con la jubilación apenas pueden cubrir un 10% de sus gastos. Es lógico, ellos viven más años y tienen que vender lo propio para no bajar su nivel de vida, introduce Mariana S., radióloga de 57 años, para explicar su mayor inquietud a futuro. Yo pienso que no me falta mucho para jubilarme y me desespero. Si vivo tanto como ellos, necesito un colchón, no quiero que mis hijos me mantengan. Hoy ahorro pensando en mi vejez, ese colchón me obsesiona, expresa. El pronunciado crecimiento de la expectativa de vida me genera... ¿Qué significa envejecer? La pregunta parece simple. Pero no tiene una respuesta precisa, ni siquiera para los especialistas. Hace cuatro años, expertos en la temática de todo el mundo se reunieron en la Conferencia de Investigación Gordon, en Newry, Estados Unidos, y los organizadores hicieron una encuesta entre 103 invitados. El resultado puso de relieve un amplio desacuerdo sobre cuestiones fundamentales. ¿Qué causa el envejecimiento? ¿Cuándo comienza? No solo no hubo consenso, sino que ninguna de las respuestas obtuvo una opinión que superara el 30%, según las conclusiones publicadas en la revista Nature. La respuesta más frecuente vinculó el deterioro en las funciones con el paso del tiempo. Otras categorías apuntaron a una alteración de un estado ideal, una pérdida de la homeostasis. No es la cantidad de años lo que nos define, sino cómo los habitamos. En más de 27 años frente al consultorio, vi demasiados pacientes intentando vivir dentro de rutinas que no les pertenecían, desgastarse por sostener más de lo que podían, intentando revertir síntomas que no eran de enfermedad, sino falta de adaptación, plantea Adela Hyun Sook Lee, médica clínica coreana radicada en Buenos Aires, que habla de la alostasis como una forma de envejecer. Mientras que la homeostasis es el equilibrio con el que nacemos, la alostasis es la forma que aprendimos, explica. Si vamos a vivir más años, necesitamos vivirlos con calidad. No se trata de juventud eterna, sino de vivir en plenitud mientras envejecemos. El envejecimiento no es una caída: es una maduración con propósito. Es posible enlentecer el envejecimiento sin fórmulas mágicas. Cada micromovimiento, desde hacer la cama, caminar o salir al encuentro de un amigo tiene un peso enorme, sostiene Sook Lee. Y remata: El desafío es llegar a esa etapa no como ancianos frágiles sino como adultos mayores robustos funcionales y autónomos. Moverse no es solo quemar calorías; es un proceso metabólico clave de esta etapa de la vida. Desde distintas disciplinas y miradas, la nueva longevidad se empieza a imponer como un fenómeno a abordar. Los +50 llegarán a esta etapa con una ventaja: el camino de los propios padres muestra parte del recorrido por delante y permite construir herramientas de la mano de expertos para alcanzar una vejez placentera con el menor impacto posible en la calidad de vida. * Las imágenes de apertura fueron realizadas con inteligencia artificial. Asesoramiento Las pautas aportadas en el test interactivo fueron formuladas por el neurólogo Guido Dorman. Es especialista en neurología cognitiva, subjefe de la Clínica de Memoria de Ineco y médico de planta de neurología del Hospital Ramos Mejía Otras notas de la serie - No pueden más Los desafíos de los +80, el colapso de los hijos y una pregunta incómoda - Conflictos entre hermanos De tensiones habituales a vínculos dinamitados: el cuidado de los padres mayores pone a prueba el lazo familiar - Monté una pyme en lo de papá La compleja logística de los hijos para el cuidado de mayores y la irrupción de redes de apoyo inesperadas - Alerta generación lasaña Los riesgos silenciosos de los +50 que suman a sus exigencias el cuidado de sus padres mayores - Cuándo llega el momento de intervenir Los indicios de riesgos latentes para nuestros padres y una pregunta que incomoda - Es la etapa más costosa La reorganización económica en familias con adultos mayores y el fin de la idea de herencia Créditos - Edición periodística Florencia Fernández Blanco @florfb - Edición visual Florencia Abd @florenabd - IA Core Martín Pascua @MartinPascuaDev - Edición de video Valentina Ravera @vravera_ /Candela Heredia @candehere_ - Edición fotográfica Aníbal Greco @anibalgreco - Fotos Tadeo Bourbon Compartir Copyright 2026 - SA LA NACION | Todos los derechos reservados
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