12/04/2026 09:56
12/04/2026 09:54
12/04/2026 09:51
12/04/2026 09:51
12/04/2026 09:51
12/04/2026 09:50
12/04/2026 09:50
12/04/2026 09:48
12/04/2026 09:46
12/04/2026 09:44
» Clarin
Fecha: 12/04/2026 07:31
Cuenta que tuvo que hacer el duelo por la vida que perdió. Una vida como abogado corporativo, con largas jornadas de trabajo, y en la que era incapaz de concebir el concepto de tiempo libre: era, simplemente, tiempo perdido. Nada alcanzaba con tal de llegar a la meta, o sea, a lo que consideraba el éxito. Hasta que, de repente, todo cambió. En plena pandemia, sin aflojar con su ritmo de trabajo, su corazón se detuvo. Sin aviso, sin sospechas, sin capacidad de reacción. A los 39 años, en un segundo, su mundo, tal como lo había conocido hasta entonces, desapareció. Hubo un intento de reanimación de parte de su esposa, corridas desesperadas de sus hijos, maniobras de desfibrilación a cargo del servicio médico que llegó al lugar. Nada daba resultado. Como él mismo le dice a la BBC, sólo una descarga eléctrica tras otra obró lo que, a esa altura, parecía un milagro. Patrick Charnley estuvo clínicamente muerto durante 40 minutos. Pero el hombre que emergió de un coma que duró siete días, producto de la enfermedad hereditaria que le detuvo el corazón, poco tenía que ver con el que había sido: una lesión cerebral le afectó la vista y le generó problemas cognitivos que afectaron su memoria y su capacidad de procesamiento; desde entonces lo agobia una fuerte sensación de fatiga y experimenta un desinterés general que describe como si flotara en el tiempo. Lo más curioso de todo es que, con esa suerte de vida limitada y tan en las antípodas de la que tuvo, Charnley dice ser más feliz que antes, apreciando la calma con la que está obligado a manejarse ahora y disfrutando de ese tiempo del que antes carecía para estar con sus hijos. La historia de este ex abogado que tuvo una segunda oportunidad, remite a las experiencias que recopiló en un libro Bonnie Ware, una enfermera de cuidados paliativos y enfermos terminales, sobre los arrepentimientos de la gente a punto de morir. Identificó cinco: no haberse animado a vivir la vida que querían, haber trabajado demasiado, no haber sido capaces de expresar sus sentimientos, haber perdido contacto con los amigos y no haberse permitido ser más feliz. Para todos sus pacientes, era demasiado tarde. Para el resto, su guía tal vez sirva para cambiar algo mientras estamos a tiempo. Sobre la firma Newsletter Clarín
Ver noticia original