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» Clarin
Fecha: 12/04/2026 07:20
El Banco Central está envalentonado con la compra de dólares. En los últimos dos días de la semana pasada adquirió US$ 738 millones, una cifra impensada por el propio mercado a fines del año pasado, cuando los reclamos al Gobierno se basaban en la baja acumulación de reservas. Para 2026 la proyección que hizo el BCRA es comprar US$ 10.000 millones. El plan está encaminado: en lo que va del año y antes de la liquidación de la cosecha gruesa, obtuvo más de US$ 5.000 millones y todavía le restan ocho meses. Sin embargo, no todo es para festejar. Los analistas comienzan a ver con cierta preocupación el desempeño de algunos factores. Uno de ellos es la tasa de inflación por encima de las expectativas del mercado. La inflación de febrero repitió el 2,9% de enero. Son ya nueve los meses que lleva sin descender y, además, la inflación núcleo, que refleja mejor la inercia inflacionaria, llegó al 3,1%. El aumento en los combustibles que disparó el shock externo ya ronda el 20%. La combinación de empuje de costos en energía y logística con inercia aún elevada es inconveniente y las expectativas de un retardo en el proceso de desinflación se robustecieron, como lo reconoció Caputo en el Instituto de Ejecutivos de Finanzas (IAEF), dice el último informe de la consultora Abeceb. Con el barril de petróleo en la zona de los 100 dólares, volvieron con fuerza los temores de una estanflación global. Como la calidad y credibilidad de la política monetaria son hoy mucho más sólidas que durante la crisis del petróleo de los años setenta, el impacto inflacionario podría atenuarse. Pero es seguro que, si el conflicto se extiende, la economía global va a pagar un costo no menor en términos de desempleo y recesión. El costo de la energía impacta de lleno en los costos de producción y logísticos, así como en los presupuestos familiares. Si el conflicto se extiende, el impacto sobre la inflación en la Argentina va a ser importante porque la credibilidad de nuestra política monetaria es aún frágil y la inercia inflacionaria elevada, sostiene Abeceb. La consultora que fundó y dirige el economista y exfuncionario del PRO Dante Sica también habla de los salarios estancados. De hecho, estima que la inflación provocada por el aumento de los costos va a presionar negativamente sobre los ingresos reales de los consumidores, lo que resulta muy poco oportuno. Según el INDEC, los salarios formales privados cayeron en enero por quinto mes consecutivo sin haber logrado recuperar el nivel que alcanzaron en el último máximo cíclico de la economía, a mediados de 2022. Los salarios formales privados están todavía 4% debajo de aquel máximo y los públicos, un 20%. También en la economía real surge la preocupación por otro tema: el deterioro del frente fiscal. La consultora Sur Americana conducida por el exministro de Economía Martín Guzmán sostiene que el frente fiscal muestra que la recaudación está cayendo en un contexto en que baja la actividad de sectores clave para el mercado interno, forzando al Gobierno a una política compensatoria de reducción del gasto real para maximizar el cuidado del ancla fiscal. Desplome La industria se desplomó en los dos primeros meses del año con una caída de 6%. A pesar de los números negativos, en Economía están confiados en que el resultado cambiará en los próximos meses. El gran dilema que tiene el Gobierno en este caso es cómo hacer para dar competitividad a una industria a la que no quiere proteger, que no tiene crédito y sí altos costos y tiene que enfrentar un modelo voraz como el chino, que parece arrasar con todo. La crisis de la industria, por otro lado, no se da solo en Argentina. Tal vez las medidas tomadas por el Gobierno no ayudan, pero la realidad indica que hay ejemplos en el mundo de una debacle, o al menos, de un cambio de paradigma. Una y otra vez, desde distintos rincones del espectro político estadounidense, reaparece la promesa de traer de vuelta los empleos fabriles. En discursos que apelan a la nostalgia, se asegura que el futuro del país pasa por recuperar sus plantas industriales, revitalizar ciudades empobrecidas y devolver dignidad laboral a millones de trabajadores. Sin embargo, un artículo publicado por The Economist desmitifica con datos y proyecciones esa visión romántica, revelando que lo que se ha ido no volverá de la misma manera y quizás ni siquiera deba hacerlo. Durante el siglo XX, el empleo manufacturero fue sinónimo de movilidad ascendente, especialmente para quienes no contaban con estudios universitarios. En los años 70, uno de cada cuatro trabajadores estadounidenses estaba empleado en la industria manufacturera. Hoy, esa cifra se ha reducido a menos del 10%, y apenas un 4% de los trabajadores realiza tareas directamente en la línea de producción. Más de la mitad de los empleos catalogados como industriales corresponden en realidad a funciones de soporte o profesionales como recursos humanos, marketing, diseño o ingeniería. Incluso países con sólidos superávits industriales como Alemania, Japón y Corea del Sur han visto reducida su proporción de trabajadores fabriles. La producción en la Argentina marca números de caídas alarmantes. Sólo a modo de ejemplo, bajó en febrero 33% la fabricación de textiles y 37% la de tractores. El Gobierno promete recuperación, pero a diferencia de Trump, no pone aranceles. Yo te acomodo la macro, vos fijate cómo acomodás la micro, repite el Gobierno. Sobre la firma Newsletter Clarín
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