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Concepcion del Uruguay » La Calle
Fecha: 12/04/2026 15:08
El ordenamiento de las cuentas públicas a nivel nacional comienza a reflejarse con fuerza en las ciudades. La caída de la coparticipación, la reducción de transferencias y la menor recaudación local obligan a los municipios a adaptarse a un escenario de mayores restricciones y más demandas, donde la eficiencia en la gestión se vuelve clave. En los últimos dos años, Argentina empezó a transitar un cambio profundo en su esquema económico. Después de años de déficit fiscal sostenido, el país avanzó hacia el equilibrio de las cuentas públicas. Era un paso necesario. Durante mucho tiempo gastamos más de lo que teníamos, y eso terminó generando inflación, incertidumbre y pérdida de valor del esfuerzo de todos. Ahora bien, ordenar la macroeconomía no es gratis. Y, sobre todo, no es neutro en su impacto. En ciudades como Concepción del Uruguay, ese cambio ya se empieza a sentir con claridad. Porque el ajuste no desaparece: cambia de nivel. Lo que antes se resolvía generalmente con recursos nacionales, hoy empieza a recaer sobre las provincias y, especialmente, sobre los municipios. Informes recientes del IARAF muestran que la coparticipación viene cayendo en términos reales. A eso se suma la fuerte reducción de transferencias no automáticas, obras públicas y programas desde la Nación. Pero hay algo más importante todavía: también está cayendo la recaudación local. En este contexto, en la reciente reunión del gobernador Rogelio Frigerio con intendentes de distintos espacios políticos, incluido nuestro intendente José Lauritto, se abordaron las dificultades financieras que atraviesan los municipios y de las que tampoco está exenta la provincia. Como se bromeó en ese ámbito, fue una charla entre secos. Para ponerle números a ese contexto: en los primeros tres meses de este año, las remesas automáticas a nuestro municipio bajaron nominalmente un 25% en el caso de la coparticipación nacional y un 15% en la distribución de impuestos provinciales (inmobiliario y automotor). Además, la tercera pata que sostiene los recursos municipales también se resintió: la recaudación propia de la tasa de comercio, que depende directamente de la actividad económica local, cayó de aproximadamente 840 millones de pesos en febrero a 800 millones en marzo. Y eso no es sólo un dato técnico. Es algo que se ve todos los días: en comercios con menor movimiento, en menor actividad económica y en una ciudad que sigue demandando servicios, pero que cuenta con menos recursos para responder. Porque además de la caída de ingresos, los municipios tienen que hacerse cargo de programas, espacios y obras donde el Estado nacional se retiró, y de otras donde el Estado provincial ya no tiene la misma capacidad de respuesta. Porque el municipio es el primer mostrador del Estado. Es donde la gente ve si las cosas funcionan o no. Y en un contexto de menos recursos, esa vara se vuelve todavía más exigente. Frente a esto, el camino no pasa por la queja ni por buscar responsables externos. Pasa por enfocarse en lo que sí depende de nosotros. Gestionar mejor ya no es una opción, es una obligación. Hay ciudades que, aun en un escenario complejo, logran sostener servicios, ordenar sus prioridades y adaptarse. Y hay otras que, con menos margen o con decisiones menos acertadas, quedan más expuestas. Esto no es una crítica, es una realidad que tenemos que asumir. Concepción del Uruguay tiene hoy un activo importante: parte de una situación financiera ordenada. Con cuentas equilibradas y sin desbordes estructurales, lo que permite afrontar este nuevo contexto desde una base más sólida que muchas otras ciudades. Pero eso no significa estar exentos del problema. Al contrario. Incluso con cuentas ordenadas, la caída de recursos y la mayor presión sobre los servicios obligan a redoblar esfuerzos. Podemos esperar que el contexto mejore y que la recaudación vuelva a crecer, y ojalá así sea, pero también podemos hacer algo mejor: optimizar el uso de cada recurso municipal. Eso implica priorizar, ordenar, controlar. Implica ser eficientes en serio. Implica también tener claridad sobre qué hacer primero y qué puede esperar. Implica, en definitiva, repensar cómo funciona el municipio: simplificar procesos, facilitar la actividad privada, acompañar a quienes generan trabajo y enfocarse en lo esencial. Porque si el contexto nacional no empuja, la ciudad tiene que encontrar la forma de sostener y promover su propio dinamismo. Y en ese camino, la diferencia no la va a marcar quién tiene más recursos, sino quién gestiona mejor. (*) economista y concejal
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