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    La Plata » El dia La Plata

    Fecha: 12/04/2026 06:17

    ALEJANDRO CASTAÑEDA Por ALEJANDRO CASTAÑEDA El jueves, un vecino acalorado anduvo correteando por el Centro, completamente desnudo y a plena luz del día. ¿Por qué lo hizo? ¿Era uno de esos nudistas que buscan el impacto de un escándalo callejero para protestar contra algo? O, como dicen los antropólogos, hay en los humanos una tendencia al desnudo que es la supervivencia del mono disfrazado en nuestro abrigo de temporada. Pero la policía, sin andar averiguando, entró rápidamente en acción. Lo corrió y lo aprehendió, sin palparlo, por supuesto. Con mejores siluetas y más argumentos, el desnudo ha pasado a ser una contraseña de protesta. Está más allá de la contemplación y busca capitalizar la exhibición para reclamar por causas nobles. La matanza de focas, el cambio climático, las armas nucleares, cualquier campaña puede invitar a salir con todo al aire. El flamante nudista de Plaza Moreno, quizá quería protestar contra el precio de la carne cruda en la ganchera y por eso decidió mostrar la suya y avisar: miren esto porque ya ni los huesos son gratis. Su recorrido fue escaso: arrancó en diagonal 73 y 55, provocó algunos gritos y terminó en el centro de la Plaza Moreno. Eligió por supuesto escapar hacia la piedra fundacional para darle algún aliento histórico a esto de andar paseando desnudo en zona de trencitos y juegos. Pero ahora nadie se asombra por estas cosas. El pionero de presentarse en la Ciudad con todo el aire, fue Juan Pablo Vásquez, el nudista oficial de Arturo Seguí, que durante años anduvo librando batallas contra las barbaridades de la vida y eligió posar desnudo, en el Centro, imaginando que así se podía cambiar el mundo. No andaba corriendo, como el desvestido del jueves; lo de él era una quietud que repetía una aceitada coreografía: llegaba a un concurrido lugar, ponía en marcha su striptease y sólo generaba algo de suspenso al llegar el instante del calzoncillo. Cuando lo arrojaba al piso buscando algún ¡ole!, Vázquez mostraba su pancarta difundiendo el reclamo. Luchaba contra cualquier cosa que estaba fuera de lugar. El papelón duraba poco. Y si algún guardián del buen gusto, le exigía que se tapara, porque su ingrata anatomía lastimaba más la mirada que el pudor. Pero el hombre se había encariñado tanto con su operatoria que cuando desde sus pagos veía que andaba alguna injusticia suelta, preparaba su bolso, se paraba frente al espejo, le echaba un vistazo a su artillería y arrancaba. Siempre tuvo una agenda despareja: a veces Juan Pablo se la agarraba con grandes cuestiones, pero otras veces se expuso sin nada que lo cubriera para atender un reclamo menor que en musculosa lo podía haber encarado. Para desfachatados y preocupados, el desnudo quizá sea la manera más vistosa de militar Esos nudistas buscan algo más que provocar. Es gente que tiene una fe mágica en los poderes de sus cuerpos. Como la intimidad y la exposición han ido perdiendo discreción y recato, los desvestidos de hoy ni escandalizan. Es cierto, en estos días también está carísimo andar vestido, pero el chocante paseandero del jueves quizá aprendió que la calle no puede ni debe aceptar cualquier cosa. Para desfachatados y preocupados, el desnudo quizá sea la manera más vistosa de militar. Hace unos años, en General Roca, productores, con todo al aire y en tractores, acamparon frente a la AFIP, una repartición que dejó en pelotas a millones de contribuyentes. En Europa diferentes colectivos femeninos enfermeras, azafatas- ponían en sus marchas como abanderadas a las más lindas, aunque hoy, en medio de la avanzada inclusiva, las atractivas son sacadas del frente para que la mirada no se distraiga y ubican en la vanguardia a señoras de entrecasa que reivindican el encanto y la belleza fresca de una sencillez sin retoques. Lo del nudista del jueves parece haber sido una alocada exhibición y no una jornada de lucha, porque el tipo andaba sin cartel y no lanzó ninguna proclama proteccionista, aunque los precios de aquí cerca y los cañonazos de allá lejos le dan argumentos de sobra para pasear sin ropa todos los días. El hombre resistió dándose a la fuga hacia Plaza Moreno, buscando quizá alcanzar la Catedral, ese colosal templo donde muchos bien vestidos llevan sus pecados para poder ser absueltos. Pero, cuando estaba a un paso del confesionario, el fugitivo se cansó y la policía se lo terminó llevando en carne viva. ESTA NOTA ES EXCLUSIVA PARA SUSCRIPTORES HA ALCANZADO EL LIMITE DE NOTAS GRATUITAS por favor, suscríbase a uno de nuestros planes digitales ¿Ya tiene suscripción? Ingresar Diario El Día de La Plata, fundado el 2 de Marzo de 1884. © 2026 El Día SA - Todos los derechos reservados. Bienvenido Ante cualquier inconveniente durante el inicio de sesión, por favor escribanos a sistemas@eldia.com Bienvenido DATOS PERSONALES Ante cualquier inconveniente durante el inicio de sesión, por favor escribanos a sistemas@eldia.com ¿Querés recibir notificaciones de alertas?

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