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Concordia » Cadena Entrerriana
Fecha: 11/04/2026 11:50
Por: Mónica Saavedra -Cobertura Especial para 96.5 FM Cadena Entrerriana En el kilómetro exacto donde el asfalto de la Autovía 14 se rinde ante la fertilidad del departamento Concordia, se alza un guardián de dos siglos. No es un monumento de piedra, sino un roble de cuatro metros de circunferencia que custodia más que una casa: vigila un laboratorio de resiliencia agrícola. Allí, en La Criolla, Graciela Taylor ha transformado su establecimiento, El Viejo Roble, en una clase abierta sobre la soberanía alimentaria y el desafío de producir en un mundo de clima indomable. El Anfitrión de 200 Años: Donde todo comienza La recorrida no se inicia en los galpones, sino bajo la sombra del gigante que le da nombre al lugar. Con una copa que funciona como un «quincho natural», este roble de entre 200 y 260 años fue el que dictó la arquitectura del hogar. «La casa la construimos aquí porque este árbol lo era todo», confiesa Taylor. Pero mantener un monumento vivo no es sencillo; la ingeniería de su conservación ha requerido podas correctivas quirúrgicas para balancear toneladas de peso y evitar que el coloso cediera. Es la primera lección del recorrido: en la naturaleza, la belleza exige equilibrio. Sinergia Humana: El motor detrás del fruto Detrás de cada hectárea sistematizada y cada árbol en producción, existe un engranaje humano fundamental. Taylor no camina sola; el establecimiento es un ejemplo de colaboración donde el trabajo diario es acompañado por un equipo de profesionales y trabajadores comprometidos. Desde el asesoramiento técnico que garantiza la sanidad vegetal hasta las manos expertas que realizan las tareas de campo, esta unión de saberes académicos y oficios rurales es lo que permite que «El Viejo Roble» mantenga sus estándares de excelencia. Diversidad Productiva: Del Nuez Pecán al Arándano Al internarnos en el monte frutal, el paisaje cambia hacia las hileras simétricas de los pecán. Aquí, la educación agrícola se vuelve tangible al descubrir el ciclo del fruto, desde su rucno verde hasta la cosecha. Pero la oferta no termina allí: el establecimiento también integra con orgullo el cultivo de arándanos, sumándose a la identidad productiva de la región con frutos de alta calidad destinados a los mercados más exigentes. Innovación y Excentricidad: Del Boysenberry a la Pitaya Taylor es una «coleccionista de variedades» que desafía el monocultivo: - Boysenberry: Un híbrido de zarzamora y frambuesa introducido en 1984. Fruta de élite con una vida útil de apenas siete días. - Pitaya (Fruta del Dragón): Su próximo proyecto; un cultivo exótico cargado de vitaminas para el mercado local. - Citrus de Precisión: Con naranjas New Hall y variedades de ombligo bajo estrictos protocolos de Senasa para combatir el HLB. La Cruda Realidad: Producir a cielo abierto La crónica toma un tono de conciencia cuando Taylor habla de la fragilidad del sistema. «Si me caen cinco minutos de piedra, lo pierdo todo», advierte. La reciente Emergencia Agropecuaria tras el granizo subraya que el precio de un fruto en la góndola también paga la gestión del riesgo de quien pasó la noche en vela cuidando el riego ante una helada. El Refugio del Arte y el Sabor: El broche de oro Antes de partir, el recorrido nos conduce hacia un galpón que rompe con la estética meramente utilitaria del campo. Allí, las paredes se convierten en un lienzo vivo: cada rincón está decorado con las obras del artista Carlos Cordaro, quien ha logrado retratar con maestría la esencia del predio. Sus pinceladas expresan el sudor del trabajo diario, la delicadeza de las flores, el orden de las plantaciones y la vida de los animales que habitan el lugar. El espacio se completa con góndolas que son un tributo a la abundancia: frascos de dulces artesanales de cosecha propia, miel pura, nueces acarameladas y recuerdos que invitan a los visitantes a llevarse un pedazo de «El Viejo Roble» a casa. Para despedirnos, compartimos un exquisito café en la galería de la casa principal. Rodeados de pérgolas y flores que parecen abrazar la estructura, el aroma del grano recién molido y la paz del entorno nos dejan una certeza absoluta: a este lugar siempre tenemos que volver. Guía del Recorrido: - Ubicación: La Criolla, Departamento Concordia, Entre Ríos. - Lo Imperdible: El roble bicentenario, la diversidad de frutales, los cuadros de Carlos Cordaro y la cata de nueces y dulces. - Temporada recomendada: Noviembre para el Boysenberry y el arándano; octubre para floración y turismo escolar. - Visitas: Para coordinar las visitas 345 625 5254 Fuente: Cadena Entrerriana Compartir
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