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» La Nacion
Fecha: 10/04/2026 07:35
La arquitecta traza un hilo entre sus comienzos en Chivilcoy, su vida en el exterior y la vuelta al ruedo en Experiencia Living 2026 - 4 minutos de lectura' En casa, hablar de escala, color, diseño o estructura era algo común: mi abuelo, inmigrante italiano, terminó montando una empresa importante; mi papá es ingeniero en construcciones y tuve un tío arquitecto de renombre, nos explica la arquitecta Adriana Randazzo cuando le preguntamos por los inicios de su carrera. A eso sumale hablar de política, fútbol y automovilismo, porque fui la única mujer entre cinco hermanos varones. -Al mismo tiempo, sos una mujer súper femenina. ¡Tuve que destacarme! ¡No había otra!, dice con una gran sonrisa. En realidad, creo que el objetivo en ese momento era, más bien, pasar desapercibida. Como era tranquila y aplicada, me mandaban a hacer todo tipo de actividades extracurriculares, pero la más importante para mí fue ir por años al Centro de Niños Pintores de la Academia de la Cárcova, en Chivilcoy. Los sábados a la mañana eran sagrados: de nueve a una, dibujar, pintar. Esa experiencia me dio, desde temprano, sensibilidad a la escala, al color y a todo eso que comentábamos antes; y, sobre todo, poder de observación y técnica. ¿Qué te impulsó a subirte a esta Experiencia Living? Volver, desde lo profesional y lo personal. Hará unos cinco años empecé a trabajar en España y en los Estados Unidos, pero cuando hace un año y medio se enfermó mi mamá, volví, y tuve el regalo de acompañarla hasta que falleció, a fines del año pasado. Cuando surgió la posibilidad hacer Experiencia Living, en un verano sin perspectivas de grandes trabajos ni festejos, me devolvió alegría la idea de conectar con lo que me sale bien, con la gente, con las empresas, con los medios, y me dije: Voy a probar, sobre todo, porque nunca mostré cómo hago una casa para alguien. Me gusta la obra, aunque la sufro, porque soy tremendamente perfeccionista. Ser arquitecta me dio rigurosidad y disciplina: siempre digo que, si en algo no me equivoqué, fue en la profesión que elegí. En cualquier trabajo que haga, necesito contar algo a partir de la realidad dada, de los materiales que tengo, del cliente que tengo (real o imaginario, como en este caso), y sin tomar las tendencia desde un sentido frívolo. Creo que tiene en su sentido más profundo, la tendencia tiene que ver con una observación de la realidad, del contexto, de tomar lo que te gusta y de hacer como una redefinición. Este proyecto, por tomar un ejemplo, no hubiera sido el mismo 10 años atrás: somos producto de un recorrido, de un pasado, de vivencias, de conectar, de animarte y de no animarte. Se mezcla en la charla su experiencia en la creación de locales comerciales para marcas de lujo, tanto en Buenos Aires como en Montevideo. Es un tema que la interpela. Los arquitectos podemos ser marcas de lujo cuando nos enfocamos a darles a nuestros clientes algo que los haga sentir únicos, algo artesanal exclusivamente pensado (y mucho) para su forma de vivir. Sentir que le agregás valor a lo que hacés es súper importante para mí, dice, en un concepto que tiene relación directa con el altísimo nivel de detalle que puso en el departamento en el que nos encontramos. Mi marido se dedica a otra cosa, pero me acompaña muchísimo en este proyecto. Él dice que es mi conductor asignado, porque cuando venimos desde casa hasta acá, yo estoy los cuarenta minutos tiquitiquitiquitiqui mandando textos, escuchando audios y hablando en altavoz, dice Adriana con humor. Y con emoción. Paso a paso Hice muchos años de obra desde mis estudios en Chivilcoy, La Plata y Buenos Aires (donde trabajé con tres arquitectas y diseñadoras asociadas), hasta que un buen día me invitaron a participar en Casa FOA. Ahí tuve la sensación de que se puso en juego todo lo que había aprendido: desde el diseño y la obra hasta tomar decisiones efectivas y rápidas", recuerda Adriana. Lo que marca la gran diferencia está en la palabra misma: muestra, exposición. El proceso parece igual a lo que harías con un cliente, salvo que en esos casos, como ahora mismo en Experiencia Living, le abrís la puerta a miles de personas que vienen a ver lo que hiciste, lo que pensaste, lo que imaginaste..., dice mientras conversamos en un fantástico sillón de Territorio Privado, en medio del ir y venir de decenas de personas que examinan cada detalle, cada decisión. Es una dinámica que exige entrar con todo resuelto, porque ni el espacio ni el tiempo te dan mucho margen de maniobra. ¿Estresante? Puede ser, pero también hay una adrenalina... Y después está la interacción con el público, la devolución en vivo. Es muy energizante". Viajar te abre la cabeza, seguro; pero creo que es más el modo de mirar. No hay que irse muy lejos: un libro o una película también te ayudan a descubrir cuál es tu interés, a definir tu búsqueda. Me encanta el diseño francés por un montón de motivos, pero principalmente porque no tienen miedo de mezclar o superponer colores y texturas. Nosotros nos dedicamos a cambiarle la forma de vivir a la gente, sea en una oficina, en un local comercial, en una casa o un departamento. Es algo genial y, también, una gran responsabilidad. Porque me parece que sí, que el diseño mueve todo.
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