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  • Más grietas en la cima del poder

    » La Nacion

    Fecha: 10/04/2026 02:44

    Más grietas en la cima del poder En un escenario preocupante para el Gobierno adquiere relevancia la nueva disputa en el seno de la Corte, entre su titular Rosatti y los otros dos miembros (y exadversarios) Rosenkrantz y Lorenzetti - 10 minutos de lectura' Como si en el país faltaran fracturas y disputas intestinas por las que se pierden los esfuerzos, el patrimonio y el tiempo de los argentinos, una nueva grieta se terminó de abrir en la cima del poder. El flamante quiebre que acaba de cristalizarse entre integrantes de la Corte Suprema de Justicia irrumpe en la agenda pública con cuestiones vinculadas a la transparencia y la ética, tan en presente en estos días. Aunque sin desplazar del primer plano los escándalos que golpean al gobierno de Javier Milei, potenciados al extremo por sus propias y exacerbadas disputas intestinas. En ese sentido, sigue dominando el AdorniGate, cuyo protagonista excluyente es el karinista jefe de Gabinete, que no deja de sumar capítulos y afecta cada vez más la imagen del Presidente y de su gestión, tanto que ya algunos miembros conspicuos de la administración libertaria aconsejan su desplazamiento sin más dilaciones. Es un peso muerto que nos arrastra. Se convirtió en meme de nivel mundial y de eso no se vuelve. Debería renunciar, dice un miembro de la gestión libertaria, que encuentra escaso eco en la cúpula mileísta. A Manuel Adorni lo mantiene en su cargo el soporte que aún le siguen brindando el Presidente y, sobre todo, la hermanísima Karina, en buena medida a causa de la guerra que la secretaria general de la Presidencia mantiene en su clímax con el superasesor Santiago Caputo. Grieta sobre grietas. Karina no tiene quién lo reemplace, mientras que a Santiago le sobran candidatos, y Javier no termina nunca de saldar esa disputa. Por eso, esperan a que el tema salga del centro de la agenda para tomar una decisión, pero eso sigue sin ocurrir y cada vez se complica más, explica un karinista preocupado por las consecuencias de lo que ya considera una hemorragia. El coro irónico de opositores que anoche reclamo su presencia en Diputados anticipa lo que le espera al todavía jefe de Gabinete si llega a estar en su cargo y va el 29 de este mes a brindar su primer informe ante el Congreso. La intención de sostenerlo hasta entonces fue corroborada por asesores del presidente de la Cámara baja a los que se le pidió consejos para esa presentación. Aunque todo va muy rápido, la singularidad de las relaciones entre los miembros de la cúpula mileísta, la escasez de recursos confiables calificados y los vínculos con negocios opacos e incrementos patrimoniales que salpican a las tres principales figura del gobierno (el Presidente, la secretaria general y hermana presidencial y el jefe de gabinete y vocero) parecen dificultar cualquier medida para tratar de cambiar el eje de una agenda pública que se le ha vuelto negativa al Gobierno hace ya más de un mes. A eso se le sumó ayer la reinstalación del caso en el que se investigan pagos de coimas y sobreprecios en la Agencia Nacional de Discapacidad (Andis), que estalló a mediados del año pasado, con el pedido de ampliación de indagatoria para exfuncionarios y empresarios implicados hecho por el fiscal de la causa. También en este escándalo las disputas internas entre karinistas y caputistas ocupan un lugar preeminente y vuelven a salir a la luz a través de audios y chats en los que se nombre o se alude tanto a Karina y sus íntimos colaboradores de apellido Menem como al gurú mileísta. Negocios, acusaciones, escuchas, filtraciones. Demasiadas pecados públicos y privados para la instalación de la moral como política de Estado. La suprema fractura En ese contexto adquiere relevancia la nueva disputa que acaba de hacerse pública en el seno de la Corte, entre su titular Horacio Rosatti, y los otros dos miembros (y exadversarios) Carlos Rosenkrantz y Ricardo Lorenzetti. Nada menor resulta que el disparador de la fractura sea la dilación para el tratamiento en el Consejo de la Magistratura de un proyecto gestado por Rosenkrantz y apoyado por Lorenzetti destinado a dotar de mayor trasparencia, disminuir la discrecionalidad y darle mayor objetividad a la ya largamente cuestionada y sospechada designación de jueces y fiscales de la justicia nacional. Justo, además, cuando debe tratarse la postulación para integrar un tribunal oral federal de Emilio Rosatti, hijo del titular de la Corte, al que la subjetividad de las entrevistas permitió escalar posiciones en el concurso. La decisión de Rosatti padre, con el más que aparente apoyo y beneplácito del Gobierno, de incluir esa iniciativa en una morosa incubadora donde nunca logran germinar otros proyectos con similares objetivos de transparencia, terminó por hacer estallar el más que frágil y ocasional concierto que existía en el seno del máximo tribunal del país y le permitía funcionar, a pesar de tener dos lugares vacantes sobre cinco. El nuevo frente de conflicto opera así como un estímulo para empezar a revisar la promesa hecha por el novel ministro de Justicia, Juan Bautista Mahiques, de dejar para otro mandato. Los tiempos se están adelantando. El Gobierno no está en condiciones de afrontar un horizonte de imprevisibilidad en los tribunales. Sobran los motivos. Los hermanos Milei y Adorni, por solo citar a los más prominentes, pueden dar fe. Ahora, el presidente de la Corte quedó pública y quizá definitivamente en la vereda de enfrente de los otros dos ministros. Los dos viejos adversarios, enfrentados desde que Rosenkrantz interrumpió en 2018 el largo imperio de Lorenzetti al frente del tribunal, acabaron por encontrar un punto nodal de coincidencia, que excede a ellos mismos e incluye a algunos influyentes colaboradores de ambos. Sin embargo, no fue un cambio repentino, sino que el acercamiento ya venía tejiéndose al calor de numerosas disidencias con el actual el titular de la Corte y que ahora salen a la luz motivos y antecedentes del cambio de relaciones internos producido a lo largo del mandato de Milei y que parecen haberse profundizado con la ocupación karinista del Ministerio de Justicia con Mahiques y, especialmente, con el viceministro Santiago Viola. Algo que ya tenía fisuras terminó por quebrarse. Esto venía de hace rato. Había mucho descontento por la forma y por quién representaba a la Corte puertas afuera de Tribunales, tanto en el Consejo de la Magistratura como en las relaciones con otros poderes, así como por las relaciones que se establecían, coinciden fuentes vinculadas a Lorenzetti y Rosenkrantz, que conocen desde hace muchos años y muy profundamente el funcionamiento del alto tribunal. Otro superasesor en la mira Al presidente de la Corte sus adversarios internos no solo le imputan haber optado por una conducción cada vez menos colectiva y mucho más personalista, alejada de lo que fue en un comienzo un mandato de consenso. También los afecta el poder que le asignan al más que influyente colaborador de Rosatti, Silvio Robles, propietario de una proverbial red de vínculos en los poderes reales (de superficie y de profundidad). La relevancia que le adjudican a este superasesor es tal que dicen que Rosatti es el asesor letrado de Robles. Ironías de los pasillos tribunalicios. En su nutrida lista de contactos asoman nombres de notable peso político e injerencia en la Justicia, como los del ultrakarinista Martín Menem, en cuya planta de empleados revista Matías Robles, hijo de En el entorno del titular de la Cámara de Diputados se ocupan de subrayar que la incorporación de Robles hijo no representa un alineamiento con un sector de la Corte y le atribuyen sobrados méritos profesionales al veinteañero. Aunque no niegan que sea una jugada estratégica de los Menem con impacto sobre el Poder Judicial, según la definen. Muchos jueces y sus principales colaboradores suelen tener un afiladísimo olfato para catar los vientos políticos, así como una notable aptitud para la sociabilidad. Al respecto, se destaca que en la nutrida agenda de Robles padre también aparecen dos superoperadores judiciales, como el multifacético radical-macrista Daniel Tano Angelici y el amplio panperonista Juan Manuel Olmos, a los que se suman agentes de inteligencia, como el omnipresente y eterno Antonio Jaime Stiusso, legisladores y dirigentes políticos multipartidarios, empresarios de los más diversos rubros y sindicalistas renombrados, entre otros representantes de los poderes reales. Motivo de muchas envidas. O certificados de buena salud que puede exhibir la casta. Y las castas. Todo eso también es motivo de desconfianzas, resquemores y diferencias en el máximo tribunal de la Nación. Sin embargo, en la Corte afirman que los viejos y nuevos malestares existentes entre sus integrantes no se habría traducido en actos que impidieran sacar fallos. Quienes conocen la dinámica interna del alto tribunal auguran que podría no afectarla tampoco de ahora en más, aunque la correlación de fuerzas y las alianzas internas hayan mutado notablemente. Sin embargo, las tensiones son elevadas. Entre las muchas anécdotas al respecto que circulan en los pasillos del cuarto piso de Tribunales se cuenta que en una reciente acordada y ante el tenor de las disputas internas por cuestiones personales y de poder, el atildado Rosenkrantz les habría espetado a sus pares: Estoy cansado de ser el adulto en la sala. Allegados a Rosatti y Lorenzetti dicen que no fue allí si no en otros ámbitos donde se acuñó esa sentencia. Fallos divididos. ¿Riesgos para el Gobierno? De todas maneras, las señales que le han hecho llegar a la Casa Rosada todos sus integrantes es que no debería albergar mayores temores ante la judicialización de las más importantes leyes impulsadas por el Gobierno que acaban de ser sancionadas por el Congreso. La reforma laboral que ya ha tenido frenos en instancias inferiores ocupa un lugar predominante. Al respecto, entre Lorenzetti y Rosenkrantz habría coincidencias en considerar constitucionales y avalar los cambios introducidos, así como también por parte de Rosatti, según la información privilegiada con la que contaría el karinista Martín Menem. Donde podría haber una reformulación de vínculos es respecto de la flamante ley de glaciares, aprobada por una amplia mayoría y que constituyó otro de los grandes logros del Gobierno, con efectos concretos en la inversión extranjera, en magnitudes megamillonarias. La prometida judicialización de esa norma tiene a la Corte como el punto cúlmine de interés. La conocida adscripción a las causas ambientalistas de Lorenzetti abre un interrogante que inquieta tanto al Gobierno, como a las provincias mineras y las compañías extranjeras del sector, que apuestan a la vigencia inmediata de la nueva ley. Los dos mil millones de dólares que se prometen para este año y otro tanto para el próximo, así como la inversión en relevamientos y en obras de infraestructura iniciales hacen relamer a los sedientos responsables de las arcas nacionales y provinciales. Cualquier dilación los desvela. Desde las cercanías de Rosatti y Rosenkrantz que las profundas diferencias que los separan ahora no impedirían que salga un fallo favorable de la Corte cuando la cuestión les llegue. Confían en que de ser necesario los conjueces provenientes de las cámaras federales sumarán su voto positivo. De cualquier manera, la nueva grieta en la cima del poder no es precisamente un motivo de tranquilidad a nadie, especialmente para los que deben enterrar capital en el país a largo plazo. Y, mucho menos cuando la capacidad de gestión, la imagen del Gobierno y la popularidad presidencial se ven afectados por los escándalos y las disputas internas sin fin. Continuará.

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