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» La Nacion
Fecha: 10/04/2026 07:31
La nave insignia de la Argentina partirá en su 54 viaje de instrucción el próximo sábado; la historia del suboficial que hizo más travesías en ella y ahora hará el último viaje antes del retiro - 14 minutos de lectura' Jorge Alejandro Castro tenía 15 años cuando descubrió su vocación. Caminaba por la peatonal de la ciudad de San Juan cuando se topó con un cartel. Allí se veía la majestuosa imagen de la fragata Libertad junto a una frase que parecía escrita para él: Ingrese a la Armada. Recién comenzaba 1990. Fue así como este adolescente sanjuanino que no conocía el mar decidió inscribirse en la Marina Argentina. Y desde el principio tuvo un objetivo claro: Mi intención siempre fue venir a la Fragata Libertad. Mi ingreso a la Armada fue por ella. La vi y fue amor a primera vista, dice Castro a LA NACION. Su deseo de integrar la tripulación de la nave insignia de la Armada Nacional pronto se harían realidad. Y más de una vez. Tanto es así que hoy, el suboficial mayor de mar Jorge Alejandro Castro, de 51 años, está a días de embarcarse en su viaje número nueve en la fragata Libertad. Lo hará como contramaestre general y suboficial de unidad de la nave. Llevo recorridas en la fragata Libertad unas 200.000 millas. Es como si hubiese dado nueve veces la vuelta al mundo. Y estuve, además, más de 2200 días a bordo, dice el marino sanjuanino con una sonrisa, satisfecho de su extensa trayectoria sobre este emblema de la Argentina. Esta será, además, su último recorrido antes de retirarse. Un cierre, como lo describe él mismo, con sentimientos encontrados. Soltar amarras por vez 54 La fragata ARA Libertad está amarrada en la dársena norte del Apostadero Naval Buenos Aires. Mientras su quilla se hunde en el Río de la Plata, sus mástiles, con las velas recogidas, se recortan contra el cielo gris. El día no presta un marco adecuado, pero nada diluye la belleza de esta nave que el próximo 11 de abril soltará amarras para lanzarse hacia el Atlántico -su primer destino será Fortaleza, en Brasil-, en su viaje de instrucción número 54. En ella irán unos 280 tripulantes. Entre ellos, 45 guardiamarinas en comisión. Estos guardiamarinas, provenientes de distintas provincias, estudiaron cuatro años en la Escuela Naval. Estuvieron en buques de la Armada y este es su quinto año, donde terminan de formarse como oficiales de marina, cuenta a LA NACION el capitán de navío Jorge Gabriel Cáceres, quien estará al mando del buque en esta aventura. Embajadora de la Argentina Además de ser una escuela flotante para los marinos, la embarcación es una embajadora de la Argentina en el mundo. Durante este periplo, por ejemplo, la nave estará presente para la celebración oficial de los 250 años de los Estados Unidos. El 4 de julio, a las 10 de la mañana, vamos a estar navegando por el río Hudson, en Nueva York, dice el capitán Cáceres, que añade que ese día, en ese acontecimiento, va a haber otros 22 veleros de distintas partes del mundo y mandatarios de varios países. Con sus 104 metros de eslora (largo) y sus 14,3 metros de manga (ancho), la nave parece aguardar paciente el momento de su partida. Pero, en su cubierta y en su interior, todo es movimiento. Los hombres de mar están entregados a los preparativos para el viaje de instrucción que llevará, en total, poco más de cinco meses. Llegan grandes cajas con medicamentos para abastecer las necesidades sanitarias de la tripulación. Es una ciudad chiquita resume el capitán de navío, tenemos cirugía, odontología, lavandería, panadería. Varios ías. La clave es la planificación y la organización. Hay horarios para ducharnos, para mirar televisión, para cenar. Esa es la clave. No hay nervios entre los tripulantes. Sí, ansiedad. Si vos les preguntás, todos están con ganas de zarpar. Estamos preparándonos desde diciembre. Todos tenemos esa sensación de ya está, vámonos, hagamos este trabajo que es para lo que nos entrenamos, concluye Cáceres. Conversación en el puente de mando Sobre la cubierta, en medio del ajetreo previo a la partida, aparece un marino que tiene una cualidad singular. La de haber vivido esta misma situación unas ocho veces antes. Es el suboficial mayor de mar Castro, que partirá en su noveno recorrido en la Fragata. Luego de haber pasado por distintos puestos en la nave, el marino será esta vez contramaestre general. Es un honor máximo el haber sido seleccionado por la Armada Argentina para estar acá, dice. Castro recibe a este medio en el puente de mando de la fragata ARA Libertad, un lugar neurálgico para la navegación de la nave. En el frente de ese cuarto revestido en lustrosa madera, entre las dos pequeñas ventanas que dan a proa y sobre el timón y los radares, hay una pequeña escultura de la Virgen del Carmen, o Stella Maris, patrona de los marinos. Detrás de ella, se lee una frase que todo hombre que se lanza a las aguas conoce: El que no sepa rezar que vaya por esos mares, verá qué pronto lo aprende, sin enseñárselo nadie. No conocía el mar Jorge, ¿cómo arrancó su vocación por la Marina? -Mi vocación fue enamorarme de la Fragata. Vengo de San Juan, nunca había salido de mi provincia. No conocía el mar, no conocía lo que era un barco. Había una cartelera en la peatonal de San Juan con la Fragata Libertad que decía: Ingrese a la Armada. ¿Cuándo fue eso? En 1990. Yo tenía 15 años. Me anoté en la delegación de San Juan. Me inscribí en octubre. Rendimos un examen médico y la parte catedrática. En ese tiempo no había mail, ni nada. En diciembre pusieron una lista y había quedado. En marzo nos trajeron en tren hasta Buenos Aires, donde hice el PSP (Período Selectivo Preliminar) e ingresé a la Escuela de Mecánica de la Armada. ¿Siempre con la idea de subir a la fragata? Sí, siempre fue mi intención, lo que me había llamado la atención. La Fragata fue mi amor a primera vista. Mi segundo amor, porque ahora mi amor es mi esposa. ¿Recuerda la primera vez que abordó este buque? Para el primer viaje. Hacíamos un año de preparación, solo la parte técnica, y ahí nos dieron el primer destino, que fue este y fue un logro. Porque para venir acá somos seleccionados. Los primeros 12 de mi especialidad venían a la Fragata. ¿Cuál es su especialidad? Soy del escalafón de mar. Es el que más personal tiene a bordo, porque es el que maneja toda la parte del velamen del buque. Empecé como gaviero. Después, hice todos los pasos hasta contramaestre general. De gavieros y contramaestres ¿Qué hace un gaviero? La fragata tiene motor y vela. Tratamos de navegar todo a vela. Y hacemos todo el trabajo a mano para mantener la tradición. El gaviero es el que despliega las velas. Todas las velas son distintas, todas tienen sus secretos. Lo que les enseño a ellos es la forma de trimar las velas, que es sacarles el mayor provecho a cada una para darle la mejor velocidad al buque. Los gavieros son los que aparecen parados en los palos cada vez que la fragata ingresa a algún puerto. -Usted pasó por ese lugar, ¿qué sensación se tiene en ese momento? Alegría, satisfacción. Es una manera de decir hice las cosas bien. El saludo se hace en cada puerto, es nuestra forma de agradecer el recibimiento que nos dan. ¿Cuál es la función del contramaestre? La fragata se divide en tres palos: el trinquete, el mayor y el mesana. Cada palo tiene un contramaestre, que dirige a sus gavieros. Además de esos tres contramaestres, está el contramaestre general, que es el cargo que ocupo ahora. El arte de navegar a vela Es una tarea que requiere mucha coordinación, ¿no? Claro. Hay 27 velas: 15 cuadras, 11 cuchillas y una cangreja, que es la que está en popa. Cada toque de silbato que hacemos tiene una función específica para cada vela. Mi tarea es coordinar que todos los gavieros y todos los contramaestres trabajen a la vez e instruirlos en el antiguo arte de la navegación a vela. Veo que cada persona tiene una gran responsabilidad en las funciones de navegación de la nave. Sí, desde el principio. Por eso para nosotros, venir a la Fragata Libertad es el orgullo mayor. Y para mí, llegar al máximo de mi jerarquía y venir como contramaestre general y formar parte de esta dotación, es un premio que me da la Marina. Imagino que, además de la parte técnica que tienen que saber, también se transmite aquí alguna enseñanza a nivel humano, ¿cuáles serían? El componente humano es la esencia en sí de lo que es la marina. Están la camaradería, el trabajar en equipo, la sincronización y el tener temple en situaciones de riesgo. También es importante transmitir el amor por la Armada, por seguir siempre con nuestras tradiciones marinas, que son muy lindas. El primer viaje ¿Qué recuerdo tiene de su primer viaje en la fragata Libertad? Fue en el año 1992. El buque participó de la Gran Regata Colón 1992, por los cinco siglos del descubrimiento de América. Yo digo que todos los viajes son hermosos, pero ese fue mi primer viaje... Repetimos el recorrido que hizo Cristóbal Colón en 1492 y fue algo indescriptible: Salimos de Cádiz, en España, y llegamos a San Juan de Puerto Rico. Todo el trayecto a vela. Ese viaje también fue una competencia, ¿la fragata ganó algún premio? Sí, salió primera en precisión. Eso es cuando yo digo: Voy a llegar a destino en cinco días, 12 horas y 27 minutos y tengo que llegar exactamente en ese tiempo. Los galardones de la fragata El que menciona Castro no es el único trofeo obtenido por el buque escuela a lo largo de sus diferentes viajes. En 1966, la nave obtuvo el récord mundial de velocidad en el cruce del Atlántico Norte a vela. Una marca que nunca fue superada. Además, la nave insignia de la Marina Nacional obtuvo diez veces la Boston Teapot, una competencia que se realiza entre veleros que, con más del 50% de su dotación en instrucción, recorre la máxima distancia en 124 horas de navegación exclusivamente a vela. La nave cuenta con una satisfacción adicional, que no tiene que ver con los premios sino con una marca de identidad celeste y blanca. Es que la fragata fue diseñada y construida enteramente por manos argentinas. Todo comenzó en 1953, en los Astilleros y Fabricaciones Navales del Estado (AFNE), en Río Santiago, provincia de Buenos Aires. Para su primer viaje, en tanto, zarpó el 19 de junio de 1963. Quedé colgado Jorge, ¿vivió alguna situación de riesgo en la fragata? Sí. Y uno ahí aprende el sentido de la seguridad. En el año 1994, yo era gaviero, estaba en el palo mayor y había una tormenta grande. De pronto, a una de las velas se le suelta el puño, que es la parte de abajo. Al querer ir a aferrarla, el paño del puño que se suelta me pega en el pecho y me tira hacia atrás. ¡Quedé en el aire, colgado del cinturón! ¿El arnés que se ponen por seguridad? Sí. Quedé colgado, consciente, pero con mucho dolor en el pecho. Me costó volver a respirar... Me tuvieron que ayudar a subir, porque no conseguía agarrarme de los marchapiés, como se llama a la parte del cable para poder subirse. Por eso siempre digo que es importante que los gavieros estén siempre enganchados, porque eso que me pasó puede pasar en cualquier momento. Con toda su experiencia, ¿qué le diría a los jóvenes que ingresan hoy a la fragata, o a la Marina? Que vengan, que aprendan. Pero esto tiene que ser una pasión. No es un trabajo común. Es una carrera, es algo que nos lleva a estar a disponibilidad de la fragata las 24 horas. Les digo que traten de hacer esto con toda la pasión que tengan. Es lo fundamental para estar en la fragata. Y en la Marina. Es una tarea que demanda mucho, se pierde tiempo de estar con la familia, pero si a uno lo apasiona, la va a disfrutar muchísimo. El último viaje ¿Por qué este es su último viaje? Este año cumplo mis 35 años de Marina. Se me terminaron los años de carrera, así que para mí fue un premio que me hayan mandado a la fragata. Tengo sentimientos encontrados, porque la alegría de estar acá se choca con saber que es el último embarque. Es mi noveno viaje. Estuve en 1992, 1994, 1995, 1998, 2013, 2014, 2015 y 2016. Con tantos viajes, ¿se puede decir que usted conoce la fragata de memoria? Sí, sí (se ríe). ¿Qué piensa que es lo que más va a extrañar? La camaradería. El venir, estar, charlar, el compañerismo. Y navegar. La navegación se va a extrañar mucho. Y también me sé sentar en popa y mirar un poco el cielo. La inmensidad. Es muy distinto al de la ciudad. Se ven muchísimas más estrellas. Da mucha paz. Hay cosas que son indescriptibles y uno se las lleva adentro. Lejos de la familia ¿Y algo que no va a extrañar? No es algo del buque. Pero voy a aprovechar para estar más con mi familia. ¿Cómo es su familia? Estoy casado y tengo tres hijos ya grandes. Mi esposa es de acá, de Buenos Aires. Estoy superenamorado de ella. Aparte de ser una madre y esposa excelente, ha sido mamá y papá casi siempre. Porque también estuve en otros viajes y buques, además de la fragata. Debe ser dura esa parte de estar lejos por meses. Sí. En 2016 yo estaba en Inglaterra y falleció mi papá. Me enteré allá. Yo había hablado con mi padre antes de salir. Él no estaba bien, pero bueno, me dijo: Seguí haciendo lo que vos amás hacer (Castro se emociona). Así que me quedé y seguí con la fragata. Hay que seguir la vida. Son emociones y circunstancias. Es lo que uno eligió y hay que ponerle todo. Un amor indescriptible Dígame cómo definiría su relación con la fragata ARA Libertad (Se emociona) Es un amor indescriptible. Diría que para definir esa pasión que me une a ella no hay palabras. Cada vez que piso la cubierta es una emoción... saber que soy tripulante de la fragata es un orgullo para mí. ¿Se siente algo especial de saber que es uno de los marinos que más viajó en la fragata? Es la emoción de poder transmitir mis experiencias, eso es lo que me gusta decir. Transmitir la experiencia adquirida me encanta y también el honor de que me hayan seleccionado las veces que lo hicieron. ¿Tiene calculadas las millas que recorrió en estos ocho viajes? Sí. Más de 200.000 millas. Es como si hubiera dado nueve vueltas al mundo. Más o menos una vuelta al mundo por el ecuador son 25.000 millas, así que es como dar nueve veces la vuelta al mundo. Y estuve más de 2200 días a bordo. ¿Cómo imagina su última llegada al puerto de Buenos Aires? No sé, todavía no lo quiero pensar porque quiero disfrutar estos últimos meses que me quedan. Pero cuando llegue, veré. Va a ser pura emoción, de ver a mi familia. Mi último viaje, mi último abrazo de bienvenida. Hablando de emociones, ¿qué pasó por su cabeza en 2012, cuando la Fragata fue embargada en Ghana? Fue doloroso. A mí me habían seleccionado para venir a la fragata en 2013 y justo la retuvieron. Yo estaba aterrado. Gracias a Dios que se resolvió porque la verdad fue un sentimiento que no me gustaría volver a pasar. El 19 de septiembre de 2026, la fragata Libertad arribará al puerto de Buenos Aires. Será el final de su viaje de instrucción número 54 y de la novena travesía del suboficial mayor de mar Jorge Alejandro Castro a bordo de ella. La última aventura de una historia marina que empezó, paradójicamente, muy lejos del mar. Más notas de Historias LN Últimas Noticias Ahora para comentar debés tener Acceso Digital. Iniciar sesión o suscribite
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