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» La Nacion
Fecha: 09/04/2026 17:30
Un alto el fuego temporario con Irán, un duro revés para la credibilidad de Estados Unidos El acuerdo deja a Teherán en control de Ormuz, expone límites en la estrategia de Washington y alimenta dudas entre aliados sobre su capacidad para garantizar la seguridad del comercio global - 7 minutos de lectura' BERLÍN. Las analogías históricas nunca son exactas, pero con este difuso acuerdo de alto el fuego en la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán, algunos se preguntan si para Estados Unidos este no es su momento Suez, que marca el declive del poderío y la credibilidad norteamericana en todo el mundo. La crisis del Canal de Suez se desató en octubre de 1956 cuando Gran Bretaña, Francia e Israel atacaron Egipto para forzarlo a abrir el Canal de Suez. A pocos días de las elecciones en las que buscada ser reelegido, el entonces presidente norteamericano Dwight D. Eisenhower ordenó frenar el ataque. El primer ministro británico Anthony Eden renunció, y el presidente egipcio Gamal Abdel Nassar se convirtió en el héroe del anticolonialismo. A partir de entonces, Suez se convirtió en sinónimo del momento en que una Gran Bretaña exangüe por la Segunda Guerra Mundial le cedió a Estados Unidos su lugar como primera potencia mundial. El momento actual es diferente de aquella época. El Canal de Suez es artificial y se encuentra íntegramente dentro de territorio egipcio, a diferencia del estrecho de Ormuz, una vía marítima natural e internacional. Y hoy no hay otra potencia mundial capaz de reemplazar a Estados Unidos en la región de Medio Oriente, y mucho menos de imponerle su voluntad al presidente Donald Trump. Pero este alto el fuego de dos semanas deja al régimen islámico en el poder de Irán y en control del futuro del estrecho de Ormuz, y con el problema de su arsenal nuclear y su programa de misiles balísticos sin resolver. Tras la declaración de victoria de Trump, por vacía que sea, es difícil imaginar la reanudación de una guerra a gran escala. Para el resto del mundo, esta guerra se empieza a parecer a una derrota militar más grave que la de Irak o Afganistán, sostiene Bruno Maçães, exsecretario de Estado para Asuntos Europeos de Portugal. El mito de un Estados Unidos todopoderoso es muy importante, y el requisito básico que tiene como potencia hegemónica mundial es mantener el flujo de petróleo, abrir el estrecho y conservarlo abierto, agrega Maçães. Y esa creencia en un Estados Unidos todopoderoso capaz de resolver todo está desapareciendo. Uno de los pocos intereses permanentes que Estados Unidos tiene en Medio Oriente, así como en Asia, es mantener abiertas las rutas marítimas para los productos norteamericanos y el comercio mundial. La guerra en Irán cerró el estrecho de Ormuz. Ahora, el ejército iraní sigue controlando el paso y es probable que exija peajes elevados. La justificación estratégica para la presencia militar norteamericana en la región ha sufrido un duro golpe, sostiene Stephen Wertheim, investigador de la Fondo Carnegie, Washington. Según Wertheim, la analogía con el Canal de Suez es válida porque en un solo incidente la guerra en Irán demostró el peligro que entraña la mala gestión o la falta de criterio de Estados Unidos. La guerra en sí y su incierto desenlace, sostiene Wertheim, no hacen más que acelerar una preocupación existente y compartida por países de todo el mundo sobre lo que implica el deterioro de gestión norteamericana para lo que ellos esperan de Estados Unidos. Por descontentos, perplejos e incluso enojados que estén con las políticas del gobierno de Trump, los aliados de Estados Unidos especialmente los del Golfo Pérsico y Asia, que sufren el impacto de la escasez y las restricciones energéticas, tienen pocas alternativas de otros socios en materia de seguridad. Sin embargo, la guerra y el acuerdo de alto el fuego han degradado la influencia de Estados Unidos y afectarán la percepción que sus aliados tienen de su fiabilidad, señala Charles A. Kupchan, politólogo y director de estudios europeos del Consejo de Relaciones Exteriores. Estados Unidos no lanzó la guerra contra Irán en consulta con sus aliados, y llegó tras una serie de hechos que los habían desconcertado. Las guerras arancelarias de Trump fueron un duro golpe, pero su amenaza de arrebatarle Groenlandia incluso por la fuerza a Dinamarca, un aliado europeo y de la OTAN, fue considerado como un punto de inflexión sobre el afán depredador y la poca fiabilidad de Estados Unidos, así como su desprecio hacia sus aliados tradicionales. La guerra con Irán y su impacto económico se suman y refuerzan la sensación de que Estados Unidos se ha vuelto impredecible y poco confiable, apunta Kupchan. Las relaciones y alianzas internacionales se basan en la confianza. Pero como escribió el martes el historiador Francis Fukuyama, de la Universidad de Stanford, Estados Unidos nunca despertó tanta desconfianza como ahora, tanto entre sus rivales como entre sus tradicionales aliados. Un negociador exitoso, explica Fukushama, necesita generar un mínimo de confianza en que cumplirá con su parte del trato. Pero la reciprocidad es una virtud que Trump nunca ha comprendido ni practicado, agrega el historiador. La guerra pone en entredicho el argumento de Washington de que su primacía global es crucial para garantizar la seguridad del comercio internacional y el orden mundial, su principal justificación para el establecimiento de las numerosas bases militares norteamericanas alrededor del mundo, especialmente en Medio Oriente. Pero la guerra ha demostrado todo lo contrario: que Estados Unidos actúa como una fuerza de desorden y desestabilización. Al lanzar una guerra innecesaria en una región crucial para el comercio mundial, desentendiéndose por completo del probable impacto en las economías de sus aliados más cercanos, el gobierno de Trump ha destruido la legitimidad del poderío de Estados Unidos, señala Anatol Lieven, del Instituto Quincy para la Gobernanza Responsable. El impacto del debilitamiento de Estados Unidos es más fuerte en Europa, que durante años ha confiado en la OTAN y en la garantía de seguridad de Estados Unidos implícita en la pertenencia a la organización, incluido el paraguas nuclear norteamericano. Sin embargo, los europeos distinguen entre la confianza en Estados Unidos y la confianza en Trump. La primera se mantiene porque es vital para la seguridad de Europa. De todos modos, las políticas de Trump están suscitando una respuesta que inevitablemente perdurará más allá de su mandato. El resto del mundo intenta organizarse y mitigar los riesgos que entraña un Estados Unidos que trata a sus aliados como enemigos y a sus enemigos tradicionales, como Rusia y China, como amigos. Cuando le preguntaron si la hegemonía norteamericana se ha visto mermada, el ministro de Asuntos Exteriores de Polonia, Radosaw Sikorski, respondió: Esperamos que no, pero tememos que sí. Para la OTAN, el impacto acumulativo es grave, apunta Rajan Menon, profesor emérito de ciencias políticas de la Universidad de la Ciudad de Nueva York, y agrega que a largo plazo la gran beneficiaria parece ser China. Mientras nosotros parecemos desquiciados y hablamos de bombardear un país hasta retrotraerlo a la Edad de Piedra, China se presenta como un pacificador y un factor de estabilidad, dice Menon. Y gracias a la guerra, además, Pekín tuvo la oportunidad de observar y estudiar el funcionamiento de la Armada norteamericana. China observa con enorme satisfacción y se frota las manos, dice Menin, y agrega que cuando Trump vaya a Pekín para la cumbre prevista para mediados de mayo, llegará con su poder de injerencia muy debilitado. Traducción de Jaime Arrambide Otras noticias de Estados Unidos Últimas Noticias Ahora para comentar debés tener Acceso Digital. Iniciar sesión o suscribite
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