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Buenos Aires » Infobae
Fecha: 09/04/2026 08:44
Nadar contra la corriente. Esquivar las corrientes que arrastran hacia lo desconocido. Rebelarse frente a lo común. Ser extraordinario frente a desafíos extraordinarios. Con la canción de Calamaro de fondo podríamos componer la nueva melodía de una inteligencia artificial para el desarrollo humano integral, en lugar de alimentar una inteligencia artificial que se devore nuestros sueños, comportamientos y atención. Ir contra la corriente es convertirse en cierto modo en aquel legendario Nicolino Locche, para muchos el más grande boxeador de nuestra historia, que se especializaba en esquivar de modo magistral los golpes del adversario, y aprovechaba su impulso para sacar ventaja, ganar títulos mundiales y constituirse en un magnífico atleta en medio del ring. Se trata de esquivar los golpes bajos y a la mandíbula y al cerebro de una IA que puede conquistar nuestra atención, no ya para manipularnos sino para hiper-manipularnos. Convirtiéndonos en zoombies con serios problemas de salud mental y falta de conexión humana con nuestros amigos, familias y compañeros de trabajo. Estar atentos. Saber decir basta. Luchar tanto por el derecho a la conexión (con medios tecnológicos más apropiados y accesibles) como al derecho a la desconexión (para superar el aturdimiento de los mensajes que corren y nos capturan en cada milésima de segundo). Para evitar convertirnos en zoombies, se trata antes que nada de evitar regulaciones zoombies. Que persiguen a las hormigas y son incapaces de tener en cuenta a los elefantes. Esto es, que no regulan lo esencial y regulan lo insignificante. Hay un plano de regulaciones globales indispensables: por ejemplo, un tratado internacional sobre la IA que consagre normas claras, simples y de cumplimiento obligatorio, que trasciendan la mera auto regulación de las empresas privadas y lo meramente inspiracional de normativas éticas multilaterales, como lo está proponiendo, por ejemplo, el Future of Life Institute. Lo que tenemos que evitar acá es algo muy simple: convertir a los miles de normas que están proliferando sobre la IA en un enorme plato de tallarines. El famoso plato de tallarines o spaghetti bowl que dio lugar a normativas complejísimas en tiempos de los acuerdos comerciales, corre el riesgo de repetirse hoy en materia de IA. Con una cantidad desopilante de detalles que, al final del día, nadie cumple y están escritos sobre mero papel pintado. Pero también hay un plano de aplicaciones verticales, en cada sector de nuestra economía y sociedad, que pueden dar lugar a IA Salmón, o IA Nicolino, capaces de capturar los mejores avances de esta tecnología y desplegarlos para el bien común. En el Atlas de Inteligencia Artificial para el Desarrollo Humano se repasan múltiples ejemplos virtuosos de esa IA Salmón, a lo Nicolino. Se puede avanzar en la agricultura de precisión para evitar envenenar la tierra con agroquímicos. Agricultores de Colombia promueven una mejor producción de chocolate. Bananeros de Ecuador pueden preservar sus cosechas de las inclemencias climáticas. El trigo argentino y el arroz mexicano es más resistente a la sequía. La deforestación del Amazonas se puede evitar realizando un seguimiento de su capital natural combinando satélites y grandes modelos de lenguaje. La movilidad urbana se puede racionalizar con sistemas geo-satelitales. Hay muchos países de América Latina que ya han comenzado a registrar y clasificar los algoritmos públicos que se emplean para sus servicios: en Colombia y Chile, por ejemplo. Para todo esto, claro está, se necesitan reglas de juego. Los golpes bajos no deberían estar permitidos. Los golpes después de la campana, menos. Los guardrails de la carrera deberían tener varios principios: evitar el exceso de velocidad rumbo a una AGI que nadie conoce en sus efectos demoledores; establecer incentivos comerciales para mejorar la calidad de los datos que alimentan a los modelos; promover el uso comunitario de plataformas construídas con ética por diseño para evitar su uso malicioso; invertir la carga de la prueba en los desarrolladores de los modelos, para que tengan que demostrar que sus daños están minimizados antes ser lanzados al mercado; y promover auditorías sociales de la IA con amplia participación de la comunidad científica y los usuarios. Una IA Nicolino requiere también de organismos sectoriales que la supervisen con transparencia: para que no provoquen corridas bancarias; discriminen a los sectores más desfavorecidos; o contribuyan aún más a la degradación del ambiente. De todo esto habla el Atlas. Para reencauzar la carrera de la IA hacia el continente del bien común, su modelo de negocio exige establecer incentivos que vayan más allá del tiempo de conectividad y de la hoja de cálculo de audiencias de un aviso publicitario. Se trata de imaginar una IA-salmón, que vaya contracorriente de las aplicaciones que consideran a las personas como meros paquetes de datos y a la estadística como lenguaje totalizador con propósitos puramente comerciales y de dominación. La tarea esencial consiste en diseñar líneas rojas para evitar el escalamiento de adicciones y riesgos sistémicos, como lo están reclamando miles de expertos de todas las procedencias políticas y tecnológicas, en un manifiesto al cual también adherí. En la medida en que estas acciones salgan de su letargo y su secretismo, y el debate público sea prístino y honesto, incluso habrá más contundencia para enfrentar discursos apocalípticos y catastrofistas, que resultan alimentados por la propensión a las teorías conspirativas. Me lo dijo con tota claridad uno de los precursores de la IA a nivel mundial, Jaron Lanier, que alguna vez escribió un libro clásico, No somos una computadora, con quien tuve el gusto de conversar en el último encuentro en el Vaticano: Tenemos que diseñar un nuevo modelo de negocios que parta de la base de la dignidad de los datos y que establezca adecuados incentivos para la humanidad. Gustavo Beliz y Jaron Lanier Una IA sabiamente concebida también puede contribuir a estos propósitos emancipadores; se está a tiempo de actuar si existe voluntad humanitaria, aún desde dentro de una carrera por su adopción ya en pleno curso. Imagino un agente personal de IA para cada individuo, diseñado para actuar en su propio interés, protegiéndolo del marketing manipulador y de los hackeos cerebrales de hoy en día, en los que los vendedores pueden hacer que los consumidores compren o hagan clic en cosas que de otro modo no harían. Es probable que tengamos una IA potente, personalizada y que preserve la privacidad, que represente y proteja al consumidor como una agencia de protección del consumidor. Pienso en esto como «Espía contra Espía» en la era digital, donde la IA nos da poder como consumidores y ciudadanos frente a las IA corporativas con incentivos para manipularnos. Quien afirma esto no es un anti-IA sino uno de sus principales promotores de sus bondades, el inversor Vinod Khosla. Vinod Khosla. Ni negacionismo tecnológico ni realismo mágico con la IA. Más allá de toda ideologización, se trata de emplear la IA para el bien común, a través de un renovado e imaginativo impulso de alfabetización, que va mucho más allá de la mera entrega de computadoras o teléfonos celulares. 3 preguntas éticas claves para el presente-futuro - ¿Qué tipo de incentivos sociales y-o económicos y-o reputacionales podrían diseñarse a nivel social para promover conductas que beneficien la salud pública empleando inteligencia artificial y diversas aplicaciones sin fines de lucro? - ¿Cómo evitar el perjudicial social-scoring pero al mismo tiempo propiciar el uso de la inteligencia artiriial para una mejor ciudadanía democrática? - ¿Alguna vez identificaste tres funcionalidades de tu teléfono celular que te permitan mejorar tu desconexión y recuperar la atención en tu entorno familiar, social y natural? Lecturas Complementarias:
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