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  • La dama poderosa del fútbol: Cristina Cubero, la mujer que le secó las lágrimas a Messi

    » Clarin

    Fecha: 09/04/2026 07:40

    La mayoría de lo que Cristina Cubero planeaba, no salió como esperaba: salió mejor. Quería ser piloto de avión, liderar la industria aérea, y algo de eso consiguió, aunque no exactamente como fantaseaba: a los 57 años vuelta alto y comanda una "nave". Subdirectora de Mundo Deportivo, el diario editado en Barcelona que está cumpliendo 120 años, es la primera mujer en alcanzar un puesto en el rubro en Europa. Su historia de ascenso escalón por escalón, empezó desde la inocencia de una joven que en 1987 envió una carta manuscrita al medio sin esperar que alguien respondiese. La contestación fue una invitación a una prueba laboral y eso derivó en un empleo con el que en breve cumplirá cuatro décadas. Amiga del "primer Messi","casi hermana" de Ronaldinho, la barcelonesa es una máquina de datos futbolísticos que emanan de experiencias de primera mano. Desde los Juegos Olímpicos de Barcelona 1992, colecciona coberturas periodísticas históricas que van desde la era artesanal pre-celular y pre-Internet a sucesos atravesados por el algoritmo y la revolución digital. Podría escribir una biblia de ese Messi adolescente que llegó a la ciudad de Gaudí con una timidez incongruente con su desfachatez en la cancha. Conoce secretos impensados de "la Pulga" y su círculo. Vivió de cerca la evolución y el rompimiento "del cascarón" y hoy comparte con Clarín recuerdos dulces del hombre que está a punto de jugar su último Mundial. "Nosotros éramos muy amigos hasta que hasta que él se marcha del Barça. Dejó esa amistad en un stand by, dígámoslo así, porque yo no entendí que él enviase un fax al Barça pidiendo irse", admite. "Estábamos superando una pandemia. El Barça se lo ha dado todo a Leo Messi, Leo Messi también se lo ha dado todo al Barça, pero sentí que no era justo que esa historia acabara así, con un fax. Y él no entendió que yo no lo entendiese". -Cuentas esa "ruptura" con cierto dolor... -Seguramente un día nos encontraremos y hablaremos sobre esto, ¿no? Pero yo creo que creo que sí es seguro el jugador más importante de la historia del Barça. No sé si es el más grande de la historia en general. Yo conocí a Pelé, no lo vi jugar, pero Pelé, un futbolista que había ganado tantos mundiales él solo, no es comparable con nadie, ¿no? -¿Cómo nace esa relación tan cercana casi de "madre" periodística? -Recuerdo que el primer viaje de Leo Messi con el Barça fue en una gira por China. Yo estaba embarazada con un instinto maternal brutal... y bueno, Leo hablaba muchísimo conmigo. Y un día Frank Rijkaard (el DT) viene y me dice: "Oye, ¿de qué habla el niño contigo si con nosotros no habla?". Pues a mí me cuenta un montón de cosas. No sé, me habla de Rosario, me habla del río, de los asados, me habla mucho de Maradona. Yo entendí lo que representaba Maradona para Leo Messi cuando él me explicaba que en su Rosario iban a visitar a los primos y en la tele les ponían siempre los videos de los goles de Maradona. Él me decía: "Por eso yo copio, los he visto muchas veces". Y cuando Rijkaard me dijo que Messi no hablaba en el vestuario, pues yo fui a hablar con Ronaldinho, que era amigo. -¿Qué le dijiste? -"Oye, a ver, adopta a Leo Messi, que me dice Rijkaard que no habla con vosotros y, hostias, es un niño muy majo". Y él fue la primera persona que me dijo, "este niño será mejor que yo". Y yo no le creí. ¿Pero cómo va a ser mejor que tú? En esa gira Leo me comentó, "oye, si yo algún día voy con la Selección argentina, tú estarás". Pensé: bueno, no irá nunca con la Selección argentina, o sea, no tenía criterio, no lo había visto jugar... Un verano después, le llaman para un amistoso y yo estaba de vacaciones. Argentina jugaba ¡en Hungría! Madre mía. Obviamente dejé mis vacaciones. Éramos tres periodistas, dos argentinos y yo. Y fue aquel famoso partido en que expulsaron a Leo Messi al minuto. Recuerdo que cuando llegué al hotel, él estaba llorando. -¿Lo consolaste? -Tuve que consolarle porque no hacía más que llorar y me decía "nunca más me convocarán, eso es mi fin". Digo, "mira, yo he estado viendo el partido con el entrenador de fútbol José Mourinho. Cuando te han expulsado, ha empezado a gritar como un loco, y dijo, ese niño va a ser un talento, va a ser buenísimo. Tranquilo, seguro que te convocarán". Pero bueno, lloró muchísimo. En ese viaje estuvimos como cuatro horas charlando. Le dije, "oye, Leo, realmente no eres el típico argentino que habla por los codos". Respondió: "Yo escucho". Me pareció que define mucho al personaje. Prefiere hablar con gestos en la intimidad. -¿Otras situaciones de vulnerabilidad en la que lo hayas contenido? -Cuando Leo iba a la Argentina nadie lo respetaba. Yo me peleaba con toda la prensa argentina porque no le querían. Decían que era español. Las críticas eran brutales. Recuerdo en los Juegos Olímpicos de Pekín, por ejemplo. La Selección estaba en Shanghái, y yo, con ellos. Leo no hablaba con la prensa argentina, yo hablaba con él, entonces luego yo hacía como ruedas de prensa para los compañeros argentinos explicando lo que pensaba. Recuerdo un partido en Rosario que perdió Argentina ante Brasil: le reputearon por todas partes, él se fue llorando. Y cada vez que regresábamos a Barcelona necesitaba terapia de choque, porque es el más argentino de todos los argentinos, y sentía que no lo querían. -¿Eras consciente de ese instinto maternal que tenías con él? ¿Te jugó a favor con otros jugadores? -Esto más maternal me pasó solo con Leo, porque yo estaba embarazada en esa primera época de él. Entonces, claro, había un niño ahí que no hablaba con nadie y me salía ese instinto protector, pero con nadie más. Con el resto es una relación de igual a igual. Confesiones de una pionera Cubero, asidua panelista del ciclo de TV española El chiringuito de Jugones, fue la primera mujer en ingresar a un estadio saudí. Esa proeza casi 30 años atrás tuvo un costo: amenazas de muerte. "Lo más duro que me tocó vivir, sin duda, fue la Copa Confederaciones que se hacía en Riad, en 1999. Yo viajé siguiendo a Brasil. Fue el año que Ronaldo dejó el Barça y a mí la revista France Futbol me pidió que le hiciera la entrevista. Me convertí en la primera mujer en entrar a un estadio saudí y pasaron cosas tremendas", se lamenta. "No me querían dar habitación y tuvo que intervenir Mario 'El Lobo' Zagallo. Y un príncipe saudí quiso comprarme". -¿Cómo fue eso? -Le dije al intermediario que yo no estaba en venta. Él insistía, "todos tienen un precio". Y luego agrega: "Eres vieja, eres occidental, estás usada, por lo tanto vales menos que un perro. Aún así mi valoración para ellos era de 800.000 dólares en oro. Afortunadamente me sentí muy protegida por la selección brasileña. "Madrina" de ese primer Messi que medía menos de 1,50 a su arribo a Cataluña -y al que le faltaba somatotropina, una hormona producida por la hipófisis, Cubero entendió enseguida el sentimiento de Doña Celia Cuccittini en el marco de esa familia de seis que en un momento tuvo que dividirse en pos del sueño de Lionel. "Yo conocía mucho a Celia, a Jorge, a los hermanos de Leo, a su cuñada. Nunca he tenido relación con los representantes, mi relación ha sido directamente con los jugadores. Recuerdo que fuimos a su Rosario cuando todavía su hermano tenía el kiosco donde guardaba las cajas de las inyecciones que le habían puesto a Leo para ayudarle a crecer", detalla. Nació el 20 de septiembre de 1968 y se crio en la zona del Tibidabo. Atravesada por el deporte desde niña por mandato familiar, practicaba atletismo, mientras que sus tres hermanos se dedicaban cada uno a una disciplina: hockey, gimnasia y softball. A los 17, cuando terminó el secundario, tenía intención de ser aviadora, pero desistió porque la carrera implicaba un traslado a Madrid para su formación. En su descarte de opciones estudiantiles, optó por inscribirse en Periodismo y Publicidad. La primera decepción vocacional no tardó en irrumpir: "Un día llegué a casa y le dije a mi padre 'Me he equivocado. Me han pedido hacer una redacción y no pude'. Él me aconsejó intentar dar lo máximo en ese primer año y al año siguiente cambiarme de carrera", recuerda. El destino hizo lo suyo... "Como ellos estaban suscriptos a La Vanguardia y Mundo deportivo, dije 'voy a escribir una carta al director ambos para ver si puedo hacer prácticas hasta que me cambié de carrera. Pero me resultó fácil conectar con los protagonistas del deporte y aquí estoy". Siente que atravesó la era de "las cavernas" periodísticas desde aquella primera gran cobertura deportiva en los Juegos Olímpicos 1992 en Barcelona en la que portaba un teléfono del tamaño de un ladrillo. "He vivido la etapa en que el periódico era en blanco y negro y se enviaban las crónicas por Fax. Recuerdo que en el Mundial Sub-20 que ganó España en Nigeria me iba a enviar las crónicas a un convento de monjas", se ríe. "Empecé a viajar con el Barcelona de Johan Cruyff en 1990 y cuando nos tocaba algún partido internacional, tenías que buscar una cabina de teléfonos, o ver qué vecino tenía teléfono y te lo prestaba para hacer una llamada a cobro revertido". Calcula que son más de 3 mil los partidos que cubrió en su vida periodística, entre sus cuatro décadas con el Barça en partidos de Liga, Copa y Champions. "Me ha tocado seguir a Brasil, por ejemplo. Piensa que pasé la época de Ronaldo, la de Rivaldo, Romario, Ronaldinho... fui a todos los partidos de Brasil. Incluso yo era la encargada de ir a ver jugar a quienes iban a fichar para el Barça .Tengo una anécdota buenísima cuando iban a fichar a Riquelme...", adelanta. "Boca iba a jugar con Palmeiras. Fui a verlo jugar. Estaba yo alojada en el mismo hotel que Boca, y entonces me presenté a Riquelme. Él me dijo: 'No doy notas'. Le dije que simplemente había ido a verlo jugar. Fue sensacional, dominio del juego, una inteligencia, una superioridad. Me quedé impresionada. Vuelvo al hotel y me dice, ¿quieres la nota? Le contesté: 'No quiero ninguna nota porque tú nunca podrás decirme con palabras lo que he visto yo hoy en el partido. Así que buenas noches y ojalá nos veamos en Barcelona'. Y me fui. Y al cabo de unos meses, el Barça va adelante con la negociación y me llama el manager de Riquelme y me dice: 'Román te quiere dar la primera nota'. Entonces me cogí un avión, me fui a Buenos Aires, llovía". -¿Y cómo fue esa entrevista? -¡Me citaron en una gasolinera y ahí nos tomamos un café de una máquina! Fue una entrevista maravillosa y una lástima que no haya podido jugar demasiado en Barcelona. Si me tengo que definir, yo soy riquelmista. No tengo idea de todo allá hoy como Presidente de Boca. Igual que cuando me hablan de Maradona, de que si se perdió en algunas fases de su vida, yo digo 'a mí no me habléis de esto, habladme del Maradona futbolista y del líder absoluto'. Futbolísticamente, Riquelme podía levitar. -¿Fue complejo combinar la maternidad con la intensidad de tu carrera periodística? -Bueno, pues fíjate, mi hijo nació un 25 de febrero del 2005, el mismo día que el hijo de Ronaldinho. Hubo 40 minutos de diferencia. Ronaldihno me envió un mensaje diciéndome: "Has sido madre y tía, con 40 minutos de diferencia". Y claro, mi hijo ha tenido la suerte de un padre sensacional, mi marido. Entonces, cuando yo me iba a un Mundial a una Eurocopa o a unos Juegos Olímpicos, el niño se quedaba con el papá. No ha crecido ni con tres rabos ni con dos cuernos, o sea, es un niño normal. Siempre digo lo mismo, quizá no he estado tanto tiempo, pero mi tiempo siempre ha sido de mucha calidad. Si tú tienes culpa, es imposible ser periodista deportiva. -En tus comienzos lograste una red de contactos increíble con las estrellas del fútbol. ¿Eso hoy es algo imposible? -Es muy difícil porque ahora hay muchas barreras. Ya no se viaja en el mismo avión que los jugadores. Yo me acuerdo cuando cubría la selección brasileña, he viajado siempre con ellos. O cuando Maradona era seleccionador de Argentina, viajamos a un partido a Uruguay con el vuelo de la Selección argentina. Ahora eso es impensable. -¿Un pronóstico de quién puede llegar a ganar el Mundial, o por lo menos candidatos a la final? - Yo creo que pueden ganar el Mundial Francia, España, confío en Brasil, en Argentina... Alguna Selección africana, Marruecos, juega muy bien a fútbol, por ejemplo. -Messi como concepto, más allá del jugador. ¿Cómo lo explicás? -Es como si estuviera en su cabeza un ordenado y fuera capaz de reproducir lo que ha visto hacer a los demás. Reúne el talento de todos los grandes jugadores de fútbol capaces de inventar algo. No ha habido un futbolista en la historia del fútbol que durante 17 años haya sido capaz de una genialidad por semana. Había visto las jugadas de Maradona, pues luego las hacía en el campo, había visto a Ronaldo, pues luego lo hacía. Había visto como jugaba Zidane, y así cada semana. Y ha tenido la suerte, además, de tener una estructura familiar. Muchos futbolistas se pierden por el entorno. Él ha tenido una vida muy fácil en Barcelona. Aquí nadie lo molestaba. Podía vivir una vida normal, ir a buscar a sus hijos, al colegio, ir a cenar a un restaurante con su mujer. Eso también le permitió estabilidad para seguir creciendo. Creo que lo mismo habría sido imposible en Argentina, donde todo es mucho más pasional. Encontró en Barcelona una cultura futbolística. Y una protección futbolística, porque al final, claro, él creció con los mismos niños con los que luego jugó, Gerard Pique, con Cesc Fàbregas, Xavi... -¿Lo extrañás? ¿Es posible una charla pronto? -Yo creo que eso se dará al final... Si nos pasa a todos, que de repente tienes un amigo con el que te enfadas, ¿no? ¿Por qué no? ¿Por qué va a ser distinto en el fútbol? Cuando deje el Inter de Miami y vuelva a Barcelona, porque seguro volverá a Barcelona a vivir, pues se dará esa charla para continuar su vida en el Barça. Sobre la firma Newsletter Clarín

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