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  • La guerra más absurda: EE. UU. Israel vs. Irán, con pronóstico reservado (Primera parte)

    Concordia » Diario Junio

    Fecha: 07/04/2026 23:15

    Los errores monumentales en la lectura geopolítica, tanto de EE. UU. e Israel, han convertido a la operación «Furia Épica» en un fallo de drásticas consecuencias para sus intervinientes. Esta metodología, aplicada con niveles de improvisación ante cualquier respuesta negativa a las esperadas por la coalición atacante, reveló el debilitamiento disuasorio de Israel y la pérdida del poder estratégico de EE. UU., con la destitución de altos jefes militares. Un Oriente Medio donde los actores regionales, o sea Irán y sus aliados accidentales, como Yemen, Hamás y Hezbolá, son los protagonistas en lugar de serlo las potencias extranjeras. Porque fueron Israel y EE. UU. quienes iniciaron la guerra esperando imponerse rápidamente, pero los cambios geopolíticos y la resistencia regional inesperada están reconfigurando el poder en todo el Medio Oriente. En toda la región, los otrora formidables Estados nacionalistas árabes se fragmentaron en sistemas debilitados o divididos internamente. Desde la perspectiva de Israel, la fragmentación regional parecía estar dando sus frutos a favor de sus planes. Ante la ausencia de Estados árabes fuertes capaces de proyectar poder militar, varios gobiernos del Golfo comenzaron a reconsiderar su negativa a normalizar las relaciones con Israel. El resultado fueron los Acuerdos de Abraham, firmados en septiembre de 2020 bajo la administración de Trump, que formalizaron las relaciones entre Israel y los Emiratos Árabes Unidos y Baréin, seguidos por Marruecos y Sudán. Por un instante, pareció que la transformación geopolítica prevista décadas atrás se había hecho realidad. Pero la historia rara vez avanza en línea recta. El genocidio israelí en Gaza no produjo la victoria estratégica que los líderes israelíes habían anticipado. Por el contrario, la guerra puso al descubierto profundas vulnerabilidades en la posición militar y política de Israel. Y lo que es más importante, la resistencia palestina demostró que una fuerza abrumadora no podía obligatoriamente traducirse en un control político decisivo. Y fue así que las consecuencias se extendieron mucho más allá de Gaza. La guerra galvanizó los movimientos de resistencia en toda la región, profundizó las divisiones entre los gobiernos alineados con Washington y los que se oponían a las políticas israelíes y desató una ola sin precedentes de solidaridad mundial con los palestinos. Fue así que la imagen internacional de Israel se vio gravemente perjudicada. Durante décadas, el «discurso» político occidental presentó a Israel como un bastión democrático rodeado de fuerzas hostiles. Esta narrativa se ha ido erosionando progresivamente. Cada vez más, Israel es descrito como un Estado que practica la opresión sistemática y, en el caso de Gaza, la violencia genocida, con más de 60 mil muertos. El «coste» estratégico de ese colapso reputacional es incalculable. El poder militar no solo depende de las armas, sino también de la legitimidad, que una vez perdida es muy difícil de recuperar. En este contexto, la guerra contra Irán se erigió como la apuesta más trascendental de Netanyahu. De tener éxito, podría restaurar el dominio regional de Israel y reafirmar su capacidad de disuasión. Derrotar a Irán, o incluso debilitarlo considerablemente, reconfiguraría el equilibrio de poder en Medio Oriente. Pero también el fracaso conlleva consecuencias igualmente profundas para Israel y para Netanyahu. El mismo enfrenta una orden de arresto emitida por la CPI (Corte Penal Internacional) en 2024 por crímenes de guerra en Gaza, lo mismo que le va a suceder a Trump por el asesinato de 168 niñas en una escuela de Irán. Ambos, quizá, han vinculado su supervivencia política en esta «aventura insólita y absurda», cuando nada lo indicaba ni justificaba, con suposiciones de amenaza existencial que ningún ser racional puede aceptar. El problema es que han embarcado al mundo entero, si no en la guerra propiamente dicha, sí en las consecuencias sobre la economía mundial, que a esta altura ha producido trastornos gravísimos en el comercio internacional que llevará tiempo recomponerse, aun firmando la paz en el día de hoy. Es increíble que, en pleno siglo XXI, se presente el enfrentamiento contra Irán en términos bíblicos. El mismo Netanyahu, en un discurso por TV, declaró que Israel estaba «inmerso» en una misión histórica para asegurar el futuro del Estado judío sionista para las generaciones venideras. La pregunta es: ¿la guerra es la única manera de solucionar los diferendos internacionales? ¿Es que la diplomacia ha quedado reservada para líderes capaces y honorables que ya son una raza en extinción? En este contexto, la guerra contra Irán se erigió como la apuesta más trascendental de Netanyahu. De tener éxito, podría restaurar el dominio regional de Israel y reafirmar su poder de disuasión, pero el fracaso conlleva consecuencias más profundas. Para los ciudadanos de EE. UU. que se preguntan el porqué, Donald Trump, que hizo campaña contra las guerras interminables, permitió que EE. UU. se «meta» en otro Vietnam? Continuará Fuente: Opinión

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