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» La Nacion
Fecha: 07/04/2026 17:56
La hora de la verdad para Orban: el líder que perfeccionó la guerra contra los medios enfrenta su mayor desafío No escribió el manual, pero aprendió a aplicarlo a la perfección. Viktor Orban enfrenta este domingo el mayor desafío a su poder en 16 años, y lo que está en juego puede ser mucho más que el destino de Hungría o, en última instancia, de la Unión Europea. También está en juego el libreto de los autócratas contra los medios, con imitadores que van desde Donald Trump hasta Javier Milei. Hungría es una prueba de que el tipo de política MAGA [Hacer América Grande Otra Vez, el lema de Trump] puede funcionar. Si Orban pierde las elecciones legislativas, entonces pierde parte de ese brillo, afirmó Kim Lane Scheppele, profesora de sociología y asuntos internacionales en la Universidad de Princeton, a la agencia AP. Traducido: lo que está en tela de juicio es si estas políticas funcionan. En lo que muchos han comparado con el gesto de Trump a Milei el año pasado, nada menos que el vicepresidente J.D. Vance aterrizó el martes en Budapest para darle un espaldarazo a Orban en momentos en que su aura de invencibilidad parece estar evaporándose y algunas encuestas anticipan que podría perder por una diferencia de hasta 20 puntos. Pocas veces en la historia se alinearon tan abierta y sugestivamente los intereses de Washington y Moscú. El propio Vladimir Putin ha dicho que Orban es el único líder europeo con quien se puede hablar. Un claro reflejo de cómo Hungría se ha convertido en un preciado botín en el campo de batalla geopolítico. Ivan L. Nagy es un periodista político húngaro que escribe para el Columbia Journalism Review (CJR) y trabajó para HVG, uno de los principales medios independientes de Hungría. Su diagnóstico sobre las señales de alarma que despierta su país es preocupante. En las autocracias modernas, la libertad de prensa no muere de la noche a la mañana. Muere a lo largo de décadas, y muere legalmente, afirmó a LA NACION. En su opinión, el cierre de medios independientes, la creación de organismos de control afines al gobierno y la formación de conglomerados mediáticos al servicio del régimen nunca ocurren por capricho, sino como resultado de una planificación estratégica y una cuidadosa labor legislativa. El objetivo final no es lograr que todos apoyen al régimen: es tener suficiente gente a la que no le importe. La propaganda funciona a todo volumen y en todo momento, y logra que la gente se vuelva apática frente a las noticias en general. Ya lo había anticipado en 2018 Steve Bannon, el estratega de Trump, cuando puso en palabras la lógica del sistema: La verdadera oposición es la prensa. Y la manera de lidiar con ella es inundar la zona de mierda. Es la fase 1. La fase 2 la explicitó el propio Trump cuando admitió que ataca a los periodistas para que nadie les crea cuando publiquen información negativa sobre él. En Hungría, tal como describe Nagy, no ocurrió de la noche a la mañana. No hizo falta encarcelar a periodistas ni apelar a la censura abierta. Fueron métodos más sofisticados. Desde su regreso al poder, en 2010, incluso bajo la atenta mirada de la Unión Europea (a la que el país ingresó en 2004), Orban logró levantar un ecosistema de medios afines a través de reformas legislativas, adquisiciones hostiles y concentración de medios por parte de millonarios amigos y empresas leales, que además puso en dificultades económicas y legales a la prensa independiente. Un conglomerado dirigido por aliados de Orban, conocido como Kesma, controla casi 500 medios, que repiten propaganda o desinformación día y noche. El resto de los medios independientes quedaron fuera de las conferencias de prensa del gobierno y son ahogados financieramente o acusados de traición. Según Reporteros Sin Fronteras (RSF), que describe a Orban como un depredador de la libertad de expresión, su partido gobernante, Fidesz, controla en la actualidad el 80% de la prensa. No fue un accidente: fue deliberado. Con esa maquinaria a su disposición, los medios públicos presentan hoy a Orban como el único garante de la paz en tiempos de guerra, fabrican escándalos sobre la oposición y sostienen que el líder opositor y exaliado Péter Magyar es desde un títere de la UE financiado por intereses extranjeros hasta un abusador. Hace apenas unos meses vino la frutilla del postre: en una decisión que dejó en evidencia el pánico en las filas de Orban, sus oligarcas compraron Blikk, el tabloide más popular del país, con nada menos que 500.000 lectores diarios. El director (y padre de Ivan L. Nagy) renunció en el acto. Sin embargo, hay señales de que el monopolio informativo del gobierno o su blindaje empieza a resquebrajarse. Un pequeño grupo de medios independientes ha logrado romper la barrera de la propaganda. Sus investigaciones han proporcionado a la gente información clave que el aparato estatal no pudo silenciar. Entre ellos está Direkt36, cuyas revelaciones sobre corrupción y vínculos del régimen con Rusia han sido determinantes en la campaña. Sin duda fue el periodismo independiente el que ayudó a que la gente entienda el nivel de la corrupción y el mal manejo de los servicios públicos, dijo Andras Petho, cofundador y director de Direkt36, a LA NACION. Advierte que si Orban triunfa, la ofensiva contra los medios seguirá. Las investigaciones de alto impacto han caracterizado todo el mandato de Orban, pero durante mucho tiempo no tuvieron consecuencias electorales. Si el sistema no hubiese comenzado a derrumbarse económicamente y Magyar no hubiera aparecido en escena como un desafiante potente, es difícil imaginar que la prensa independiente hubiera penetrado en la sociedad en la medida en que lo hace ahora, afirmó Nagy (h.) a LA NACION. En un país que se ha convertido de alguna manera en un laboratorio del retroceso democrático, Nagy alerta sobre las principales tácticas exportables a otros países. Desde el punto de vista periodístico, estos son: recortar el acceso a la información y dificultar que los periodistas hagan preguntas y realicen investigaciones. Desde el punto de vista empresarial, la compra de medios a través de empresarios cercanos al gobierno. La guerra, los escándalos de corrupción, la caída en las encuestas. En este manual, cuanto más acorralados se sienten los líderes, más apuntan contra su enemigo: la prensa. Milei lo hizo este fin de semana largo con casi 1000 tuits contra periodistas y medios, según reveló Martín Rodríguez Yebra en LA NACION. Otra sugestiva coincidencia: posteó la imagen de una lápida, similar a la que Trump publicó en noviembre de 2024, en este caso con la leyenda: 3 de abril de 2026. Día del fallecimiento del periodismo argentino. | "NOL$ALP": El presidente Javier Milei publicó una foto de una lápida con la inscripción "3 de abril, día del fallecimiento del periodismo argentino", el día que se comprobó la red de financiamiento ilegal ruso a medios argentinos para operar contra su Gobierno. pic.twitter.com/9IbFEedXTh La Derecha Diario (@laderechadiario) April 4, 2026 Presionado por una guerra que se vuelve cada vez más peligrosa y en la que no parece encontrar la salida, el propio Trump redobló (si fuera posible) sus críticas a los medios en las últimas semanas. El mismo día en el que 13 soldados murieron en la guerra publicó una infografía en su red social que decía en mayúsculas: TRUMP ESTÁ REDISEÑANDO LOS MEDIOS. Celebraba la caída de los medios independientes: National Public Radio (NPR), desfinanciada; PBS, desfinanciada; Jim Acosta, fuera de CNN; Joy Reid, fuera de MSNBC; Lester Holt, fuera de NBC; Stephen Colbert, cancelado, además de despidos masivos en The Washington Post. La última sección se titulaba simplemente: WINNING (ganando). A confesión de parte La publicó dos horas después de acusar a The New York Times y The Wall Street Journal de querer que perdamos la guerra y de que el presidente de la Comisión Federal de Comunicaciones, Brendan Carr, advirtiera: Los medios que difunden engaños tienen la oportunidad de corregir el rumbo antes de que llegue el momento de renovar sus licencias. JUST IN - Trump posts an image of how he is "RESHAPING THE MEDIA" pic.twitter.com/7yWWGYPNGr Disclose.tv (@disclosetv) March 14, 2026 En Hungría, las campañas de difamación contra medios independientes también se han intensificado en las últimas semanas. Han sido etiquetados de agentes extranjeros, medios del dólar o fábricas de noticias falsas. Frases que pueden sonar muy familiares en estas latitudes. Incluso si pierde, cosa que en el impredecible escenario político de Hungría nadie puede aventurar con certeza, Orban le deja a su eventual sucesor un campo minado, con una estructura judicial y periodística que hará más que difícil su tarea. Después de 16 años, la prensa, como todos los sectores de la sociedad, tendría que aprender a funcionar en un nuevo país, bajo nuevas reglas, en un clima diferente. El fantasma de Orban, y las estructuras que construyó, permanecerán durante años. Pero si gana, la prensa puede esperar la represión más feroz que pueda imaginar, advirtió Nagy. Este domingo, diez millones de húngaros irán a las urnas. Pero estarán, mucho más que otras veces, bajo la atenta mirada del mundo. Orban invirtió 16 años en construir su blindaje y controla el 80% del ecosistema de medios. Habrá que ver si con eso alcanza para controlar el resultado. Después de todo, apenas son periodistas.
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