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  • Se conocieron en la Antártida y 12 años después se casaron en el Continente Blanco frente a sus dos hijas

    » Clarin

    Fecha: 07/04/2026 07:56

    La historia comenzó en 2014. El escenario no se parece al de ninguna historia de amor: fue la Antártida el lugar que cambiaría sus vidas para siempre. Allí se conocieron la bióloga Mara Schmid (42) y el Sargento Primero Franco Ormaechea (43), en el marco de la invernada que 12 años atrás realizaron en la Base Esperanza. Luego llegó su primera hija, Alma (9); en 2017 se casaron por civil (una boda donde la temática fue justamente la Antártida) y tiempo después nació Luna (6). La vida siguió y, este año, en el que volvieron a ser parte de la dotación de la única base antártica en la que el personal pasa la temporada con sus familias, decidieron realizar la ceremonia religiosa en el sitio donde se inició todo. Así, el casamiento en la Antártida ahora es parte de sus recuerdos más preciados. La boda se llevó a cabo en la Capilla Antártica San Francisco de Asís. Allí, en primera fila estuvieron sus hijas y, apenas más atrás, los compañeros de la base, sin traje, corbata ni vestidos de fiesta, sino con el abrigado uniforme que la situación ameritaba. Así fue el casamiento número 12 en la Antártida Cuando surgió la idea del casamiento -no antártico, sino en 2017- tomamos la decisión de decir, casémonos únicamente por civil, porque como a los dos nos gusta la actividad antártica, pensamos, ¿quién te dice? Por ahí en un futuro..., contó Franco a Clarín. Doce años después, esa posibilidad que soñaron sin certezas se convirtió en realidad. Fue el casamiento número 12 que se dio en el continente blanco, pero es el primero de dos personas que se conocieron acá y el único entre una bióloga con un personal militar, aclaró Mara. Como si eso fuera poco, sus hijas eran espectadoras y también protagonistas. Ambas eligieron su propio un rol para ese día: mientras que una decidió arrojar los pétalos que hicieron junto a sus compañeros de la Escuela Provincial Nº 38 Presidente Raúl Ricardo Alfonsín, la otra se encargó de llevar los anillos. Orgullosa, la madre rememoró cómo vivieron sus hijas un momento tan particular: Las dos estaban emocionadas. Es algo que ellas se esperaban, conocían, nosotros lo hablábamos. La ceremonia duró unos 40 minutos y se portaron de diez, entendían todo el contexto. La pareja destacó que para ellos era tan importante poder casarse en el lugar donde se conocieron y que tanto aman, que todo el resto de tradiciones alrededor de una boda no les importaban: no hacía falta más. Tal es así que la novia llevó el mismo vestido que utilizó al momento del civil y tuvo la suerte de que el clima la acompañe en la decisión, ya que ese día el termómetro llegó a los 3 grados, algo poco usual en la Antártida. Video Al salir de la capilla sus compañeros realizaron el clásico cordón de honor que puede verse en distintas ceremonias militares, pero con una particularidad. Tradicionalmente, éste se hace con armamento; pero como el personal que va a la Antártida no lleva este tipo de elementos, esta vez el pasillo que se forma cruzando espadas, sables o fusiles fue hecho con las piquetas que se utilizan para hacer movimientos en el hielo. Una boda antártica al 100%. Mamá, amo la Antártida Esta invernada es completamente diferente para la pareja, más allá del casamiento. La presencia de sus hijas de 6 y 9 años cierra el círculo que comenzó más de una década atrás, cuando se conocieron en el Continente Blanco. Mamá, amo la Antártida, le repiten las nenas insistentemente. La bióloga comentó que el entusiasmo de las niñas es total. Ellas se encuentran muy felices, la verdad es que era un desafío, son poquitos nenes, teníamos miedo. Pero juegan en la nieve, se tiran en culipatín con sus compañeritos, están re contentas. No sólo disfrutan de la compañía de los otros chicos: hay algo más que las tiene encantadas. Su papá, destacó: Tenemos dos ventanas que dan hacia hacia el mar y, en este momento, es el lugar de los pingüinos: van a nadar, vuelven. Entonces, ellas están muy seguido mirando por ahí y nos transmiten su comportamiento: Ahí se están peleando, se corren unos a otros. Están como fascinadas. Luna cumplió allí los 6 años y empezó primer grado en la única escuela de la Antártida. Su hermana, en tanto, cursa cuarto grado y jurará lealtad a la bandera en medio de ese deslumbrante escenario. Es un montón acompañarlas, verlas mirando estos animales en su entorno natural, que es algo que no van a poder repetir en su vida, reflexionó Mara. Franco, por su parte, cerró: En un lugar tan inhóspito como éste las sensaciones están muy a flor de piel. Uno acá aprende a valorar a los seres queridos y a las pequeñas cosas. Sobre la firma Newsletter Clarín

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