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» Clarin
Fecha: 07/04/2026 06:21
"Yo la amaba con toda mi alma". Por primera vez en 492 días se conoció la voz de Javier Cerfoglio (40) para hablar públicamente sobre su esposa, Magalí Vera (34), a la que asesinó de una manera salvaje. Las 30 patadas que le dio, mientras estaba indefensa en una calle de Necochea, a la vista de las cámaras de seguridad, aún resuenan en el alma de sus papás, Felipe "Tito" Vera (75) y Stella Maris Castro (66). También ese grito desesperado de la víctima ("¡Auxilio, socorro, ayúdenme!") que un testigo escuchó pero lo paralizó el miedo y no se animó a intervenir, aunque avisó al 911. Video Este lunes, en el inicio de la cuarta -y última- audiencia del juicio en su contra, Cerfoglio se conectó por la plataforma Microsoft Teams desde el penal de Batán, en las afueras de Mar del Plata, adonde está alojado desde principios de diciembre de 2024. Su rostro no se podía ver. Estaba tan oscuro como ese marinero que se transformó en un sanguinario femicida aquella noche de terror, luego de discutir con su esposa en una fiesta de casamiento en la que Magalí, ex empleada municipal devenida en repostera, había hecho -y regalado- la torta de casamiento para la flamante pareja. En la primera audiencia se había escapado, enojado por los testimonios de los familiares de la víctima. "Muchas mentiras hay", lanzó antes de desconectarse. Volvió para el final, la etapa de alegatos, de la que los Vera salieron descompuestos. Ya con la transmisión por YouTube de la Suprema Corte bonaerense se pudo ver su cara con nitidez. El acusado oyó cuando el fiscal Marcos Bendersky y el abogado querellante Juan Manuel Iovine requirieron una pena de reclusión perpetua por homicidio cuádruplemente calificado: por haber sido cometido por el cónyuge (vínculo), con ensañamiento, alevosía y por mediar violencia de género (femicidio). También oyó cuando su defensor, Javier Mengoechea, solicitó una pena más leve -20 años- por considerar que cometió "una tentativa de homicidio agravado con homicidio culposo en concurso real". Sobre el final de la audiencia, Cerfoglio tuvo la posibilidad de decir sus últimas palabras. Habló un minuto y 45 segundos. Pidió disculpas para los suyos, para el hijo que tenía con la víctima, hoy de 13 años. No pidió disculpas para los tres hermanos de Magalí (Sebastián, Melina y Fernando) ni para los papás, que todavía se reprochan cómo no se dieron cuenta de que tuvieron 14 años al "monstruo" frente a sus ojos. "No declaré antes porque no me lo permitían... Quiero pedir disculpas, primero y principal a mi hijo Benjamín, por esa madrugada de dolor inmenso que le produje a muchas personas. Quiero dejar en claro que yo la amé, la amaba y la amaré toda mi vida a Magalí, fue la mujer de mi vida, la madre de mi hijo", sostuvo. En el perdón incluyó a su familia: "Quiero pedirles disculpas a mis padres, a mis sobrinos, mis primos, tíos. También quiero decirles que desde el día que sucedió todo esto no dejo de pensar, de soñarla todos los días a ella. Yo la amaba con toda mi alma". Y se puso en un papel de víctima: "Nunca quise que terminaran así, de esta forma triste, nuestras vidas. Nada más, nada más señora jueza". El juicio se desarrolló en una pequeña sala del Tribunal Oral en lo Criminal N° 1 de Necochea, presidido por la jueza Luciana Irigoyen Testa (secundada por sus pares Ernesto Juliano y Diego Mónaco), en el edificio donde funcionó el Hotel Argentino, en la zona de la playa, y donde el próximo lunes 13 se conocerá el veredicto. Las pruebas contra el imputado fueron demoledoras. El comisario Juan Manuel Ibarra, de la Policía Científica de Necochea, confirmó este lunes lo que había esbozado el fiscal: Magalí fue atacada ferozmente a trompadas y patadas en las calles 50 y 53. Luego Cerfoglio la subió inconsciente al baúl de su Honda Fit rojo y se dirigió a la zona de la terminal de ómnibus. Bajó la ventanilla del conductor y arrojó el auto al Río Quequén. El vehículo quedó tumbado sobre el agua, con las ruedas para arriba. Eran pasadas las 4 de la madrugada y llovía torrencialmente. Según la acusación, el femicida se tomó 28 minutos para sacar a la mujer del baúl y ahogarla (la causa de muerte fue asfixia por sumersión). Su cuerpo recién aparecería a las 7.16, debajo de un muelle, a unos 15 metros del Fit. El primer llamado telefónico fue para su papá Héctor. Al lugar fueron llegando muchos de los invitados a la boda, que no podían creer lo que estaban viendo. Los trajes y vestidos lucían empapados por la lluvia. Apenas encontraron el cadáver, los gritos de Melina, su hermana, la única que enseguida se dio cuenta de que su cuñado la había asesinado ("¡Mamá, mirá las ruedas, están derecho. La mató, mamá!"), estremecieron a todos. Él, a esa altura, había invitado a pelear a un buzo de Prefectura porque insistía en meterse al agua para buscar su celular y las llaves de su casa. Había insultado a un familiar de sus suegros, esos que todavía creían en su inocencia, que creían en ese hombre al que llamaban "hijo". Mientras estaba arrodillado, embarrado y la lluvia no paraba, su suegra insistió: "Hijo, ¿qué te están haciendo?". Él, envalentonado, acotó: "¿Ves? Hasta mi suegra me defiende". El cuerpo de Magalí habló: tenía fractura expuesta del tabique nasal, la cabeza como "un globo", los ojos completamente cerrados por la hinchazón y múltiples lesiones producto de la andanada de trompadas y patadas. Video "En el caso Fernando Báez Sosa, los rugbiers asestaron diez golpes en grupo. Este sujeto, este monstruo, le asestó 30 golpes. Al octavo ella había perdido la conciencia, él la golpeaba, la insultaba y la arrastraba. Era un ser desechable, porque ya no le servía más", aseguró en su contundente alegato el abogado querellante. Apenas vieron el cuerpo para hacer la autopsia, los peritos supieron que se trataba de un femicidio y no de un "accidente". Esa noche de fiesta terminaba en horror. En la boda, Cerfoglio estaba irreconocible. "Cuando estábamos nosotros, era un señorito, muy educado. Pero ahí estaba enajenado, nunca lo vi así en mi vida así, bailaba sacado", recordó Stella en una entrevista con Clarín. Lo que creen es que, después de una discusión tonta, la pareja se fue intempestivamente. Que cuando volvían en auto para su casa, "Magui" le dijo que no lo aguantaba más, que no quería estar más con él. Ya habían estado unos días separados, pero ella decidió darle otra oportunidad pese a que les avisaba a sus íntimos que "el Javier que ustedes conocen no es el verdadero Javier". "Magalí era un estorbo, era de él, era su posesión, si no era de él no iba a ser de nadie. La puso como un perro en el baúl, así la llevó hasta orillas del río, se garantizó salir por la ventanilla y después descartó al perro, a Magalí", detalló Iovine con crudeza. La víctima fue atacada a traición cuando se bajó el auto. Estaba de espaldas cuando empezaron los golpes. "Pará boludo que me vas a matar", le rogó. "En las últimas 11 patadas, Magalí no se movía", reforzó el fiscal Bendersky, quien remarcó que el hombre pudo haberla llevado a un hospital pero prefirió asegurarse "el resultado muerte ahogando a Magalí, porque ella llegó inconsciente pero respirando (al río), estaba viva". "No le alcanzó con golpearla, sino que hasta le echó la culpa del 'accidente' a Magalí", acotó. El débil argumento del imputado era que ella le había agarrado el volante del auto en plena discusión y que por eso se habían caído al agua, una posibilidad remota porque para llegar a la orilla había que recorrer más de 50 metros desde la ruta provincial 86. Una de las chanclas de goma que ella llevó para la hora del baile en el casamiento había quedado dentro del baúl del auto, un indicio de que Magalí había sido llevada en ese lugar, inerte, indefensa, pero respirando. La otra apareció en la calle adonde sufrió la brutal paliza. "La asesinó de forma cruel, cobarde y miserable", completó Bendersky, quien actuó rápidamente junto con su colega Javier Pierrestegui para esclarecer uno de los crímenes más impactantes en la historia de Necochea. EMJ Newsletter Clarín
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