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  • La nueva guerra contra las drogas: cómo Internet se convirtió en libro de recetas para el narcotráfico

    » Clarin

    Fecha: 06/04/2026 18:10

    Una cálida noche de hace tres veranos, Kai Raydon, estudiante de la Universidad de Colorado en Boulder, abrió un paquete de polvo blanco anaranjado que había comprado a través de un sitio encriptado en la web oscura. Había encargado metacualona, un sedante ilegal, pero no quería correr riesgos. Colocó una muestra sobre una tira reactiva para fentanilo: dio negativo. Raydon pesó un gramo con una balanza digital que tenía sobre la mesa ratona de su habitación en la fraternidad estudiantil. En las paredes había pósters colgados de la banda Grateful Dead. Delilah, la perra rat terrier de Kai, estaba sentada a su lado en el sofá. Utilizando un billete de 50 dólares enrollado, el muchacho inhaló el gramo. Acabo de probar las metacuas y son tan buenas como dicen, escribió en el mensaje a un amigo en las redes sociales. ¡Madre mía! Las dosis salen 20 dólares. La novia de Raydon, Emma Buck, estaba en el pasillo atendiendo una llamada. Al regresar encontró a Kai caminando nerviosamente: reacción extraña, "poco propia de un sedante, comentaría después. No se trataba de un sedante. Era algo nuevo y desconocido, parte de una explosión de nuevas sustancias químicas preparadas en laboratorios que está redefiniendo el mercado de las drogas ilegales. En los últimos años han surgido cientos de drogas ultra potentes, a menudo identificadas por las autoridades sanitarias y policiales recién después de que aparezcan en el informe toxicológico de alguien que experimentó una sobredosis. La mayoría de estas sustancias tienen origen en la investigación médica tradicional, en artículos científicos y patentes publicadas por científicos y empresas legítimas, que posteriormente son copiadas y modificadas por profesionales de la química ilegales. Ese es el conducto de la ciencia a las calles y ha llegado a dominar el mercado de las drogas ilícitas. Esa noche, la del 22 de julio de 2023, Kai Raydon empezó a sentirse mal en su habitación de la fraternidad. Se dio una ducha fría, se puso una pulsera anti-náuseas y se recostó con la cabeza apoyada en la falda de Emma Buck. Ambos se habían enamorado profundamente aquella primavera nórdica. A él, alumno avanzado de neurofarmacología, lo fascinaba el cerebro. "Era la persona más curiosa intelectualmente que conocí, dijo ella. Pasada la medianoche Emma se marchó; para entonces, según sus palabras, Kai ya se sentía mejor y se había quedado dormido. Al día siguiente, al no poder contactarlo, fue a ver cómo estaba. Lo encontró en la cama, con Delilah encaramada sobre él. Emma pensó que estaba dormido hasta que sintió su cuerpo frío. Katie Becker, supervisora de la morgue del condado de Boulder, colaboró en la autopsia. Observó que alrededor de los labios del estudiante fallecido había espuma: un signo revelador de sobredosis, generalmente asociado al fentanilo. Esta droga retarda la respiración y suprime el reflejo nauseoso, lo que provoca acumulación de líquido en los alvéolos y, en la práctica, muerte por ahogamiento. Sin embargo, el análisis toxicológico no detectó fentanilo. "No había nada en el informe que explicara la causa de muerte, declaró Katie Becker. "Era un misterio. La historia de lo sucedido a Kai Raydon y la investigación detectivesca que siguió son un ejemplo escalofriante de la relación estrecha entre la ciencia bienintencionada y los creadores de las drogas más letales del mundo. Hacia el final, el caso conduciría a los investigadores científicos a una situación inquietantemente cercana a las puertas de lo ya conocido. Una frontera sintética En 1971 el presidente Richard Nixon inició lo que se conocería como la guerra contra las drogas; ese año, 6.771 personas de EE.UU. murieron por sobredosis. En 2024, la cifra ascendió a 80.000, aumento de casi el 70 % con respecto a apenas una década antes. Lo que cambió son las drogas. En la década de 1970, las mercaderías principales coca, alcaloides derivados de la amapola, marihuana provenían de plantaciones. Hoy la mayoría de las drogas ilegales se fabrican en laboratorios clandestinos de todo el mundo, desde grandes empresas en China e India hasta emprendimientos individuales que funcionan en departamentos anónimos. Entre estas drogas se encuentra el fentanilo, pero es solo uno de los cientos de compuestos sintéticos cada vez más potentes, conocidos como nuevas sustancias psicoactivas. La Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito tiene registradas en la actualidad 1.446 nuevas sustancias psicoactivas, frente a las 643 de una década atrás. La comunidad especializada se refiere a esta tendencia como "digitalización de las drogas". Hoy, con Internet, prácticamente toda estructura molecular o estudio químico esotérico que se publique en línea está disponible al instante para cualquiera que se interese por la química y para traficantes de drogas ilícitas del mundo entero. La doctora Laura Bohn, vicedecana de investigación del Morsani College of Medicine de la Universidad del Sur de Florida, que desarrolla nuevas moléculas de opiáceos para investigación médica, definió Internet como "libro de recetas" del narcotráfico, ya que proporciona "miles de artículos, procedimientos y libros con diferentes moléculas". Esto también ha hecho que las drogas en disponibilidad sean peligrosamente impredecibles. Hoy los compuestos se mezclan, se sustituyen y adulteran casi continuamente. Un estudio reciente del Instituto Nacional de Estándares y Tecnología (NIST, por sus siglas en inglés), que analiza drogas ilícitas de todo Estados Unidos, reveló que el 42 % de las muestras que contienen fentanilo incluyen cinco o más compuestos psicoactivos, contra el 23 % de hace tres años. El suministro está contaminado en un modo tal que incluso los consumidores más precavidos, como Kai Raydon, actúan a ciegas. Casi no hay posibilidad de saber qué se tiene entre manos, destacó Edward Sisco, químico investigador del NIST. Para la ciencia, la nueva realidad es demasiado clara: el mejor descubrimiento científico, por bienintencionado que sea, si se publica puede dar lugar rápidamente a la próxima droga callejera mortal. No teníamos idea de que estos compuestos se usarían ilegalmente, aclaró Alexandros Makriyannis, profesor de química medicinal en la Universidad Northeastern de Boston y director del Centro para el Descubrimiento de Fármacos de dicha institución. Ni se nos pasó por la cabeza. Hay innumerables ejemplos. En 2001, el doctor Makriyannis publicó su descubrimiento de la AM-2201, una molécula creada en laboratorio que imitaba las propiedades del cannabis pero con mayor potencia. La patente de la AM-2201 nombre químico derivado de las iniciales de Makriyannis indicaba que podía utilizarse a fin de desarrollar un fármaco para tratar el dolor, el glaucoma, la epilepsia, las náuseas, el debilitamiento por SIDA, la esclerosis múltiple y otras afecciones posibles. Nunca se llegó a materializar como analgésico, pero en pocos años la AM-2201 fue copiada e instrumentada por fabricantes de drogas ilícitas para crear la base de un compuesto sintético ilegal adictivo y a veces mortal llamado Spice. A medida que surgían nuevos fármacos, el mundo científico bienintencionado fue probando una nueva táctica para anticiparse al problema: intentar predecir qué drogas letales podrían aparecer a continuación. Esto es lo que suele denominarse investigación "profética". Pero, como se está descubriendo, los fabricantes de drogas ilegales también pueden piratear esa literatura. El surgimiento de los nitazenos El 19 de octubre de 2023, tres meses después del fallecimiento de Raydon, llegaron muestras de su sangre y orina para ser analizadas en el Centro de Investigación y Educación en Ciencias Forenses, un laboratorio forense sin fines de lucro ubicado en Horsham, estado de Pensilvania, cerca de la ciudad de Filadelfia. El laboratorio tiene la tarea de identificar una variedad de nuevas drogas sintéticas en rápido aumento que están contaminando aún más la existencia de drogas en circulación y provocando sobredosis en gran escala. En 2023, el de Kai Raydon fue uno de los 268 casos de principios activos de drogas nuevas no identificadas gestionados por el Centro de Investigación y Educación en Ciencias Forenses; se prevé que este año la cifra supere los 1.000 casos. La dirección del centro está a cargo de Alex J. Krotulski, toxicólogo forense y experto en ascenso en lo que se refiere a nuevas sustancias psicoactivas. De complexión robusta y sonrisa fácil, el doctor Krotulski empieza el día con bebidas energizantes y café con edulcorante. Su oficina está decorada con esculturas coloridas de calaveras y en las paredes también cuelgan cuadros de calaveras. "Es porque trato mucho con la muerte, explicó, sentado ante su escritorio una tarde del verano nórdico de 2024. No bien llegaron las muestras de Raydon se analizaron con un espectrómetro de masa de alta resolución, que mide con precisión los pesos moleculares de los compuestos como primer paso para su identificación. Posteriormente los compuestos se compararon con una base de datos de 1.200 moléculas de drogas conocidas, cantidad muy superior a la que se suele tener acceso en la actividad forense. En noviembre el laboratorio halló una coincidencia con la molécula que había causado la muerte de Kai Raydon: N-desetil etonitazeno. "Es diez veces más potente que el fentanilo, escribió el doctor Krotulski en un correo electrónico a Katie Becker, la patóloga de Boulder. "Es la primera vez que nos encontramos con esto. Con "primera vez el doctor Krotulski aludía a que era la primera vez que veían el compuesto en las calles. Pero tenía presente que ya lo había encontrado antes en un artículo escrito por un colega hacía menos de dos años. El N-desetil etonitazeno, la droga hallada en Kai Raydon, pertenece a una familia de opiáceos sintéticos llamados nitazenos. Este grupo químico llamó por primera vez la atención del doctor Krotulski en la primavera de 2019, cuando él y un conjunto de especialistas de vanguardia en toxicología forense se enteraron de una muerte en Alberta, Canadá. La causa había sido una variante de nitazeno llamada isotonitazeno. La misma droga apareció también en los meses siguientes en muertes ocurridas en EE.UU. en los estados de Minnesota, Iowa e Illinois, entre otros lugares. Estas sustancias parecían seguir un patrón conocido desde el laboratorio hasta la calle. La familia de drogas nitazeno fue desarrollada a finales de la década de 1950 por la farmacéutica suiza Ciba, cuyo plantel científico esperaba haber encontrado un nuevo analgésico. Sin embargo, en los primeros experimentos los nitazenos suprimieron peligrosamente la respiración, de manera que, como muchos fármacos con efectos secundarios inaceptables, prácticamente desaparecieron, y sus estructuras químicas y sus efectos difícilmente se conocieron más allá de algunas patentes alemanas viejas. El doctor Krotulski y sus pares tienen una teoría sobre por qué estaban reapareciendo repentinamente los nitazenos en el mercado de las drogas: Estados Unidos y China habían prohibido el fentanilo y los fabricantes de drogas ilícitas buscaron un sustituto. "Cada vez que ocurría un problema con algún compuesto, aparecía algo nuevo para ocupar su lugar, señaló Krotulski. Más tarde, en julio de 2020, se detectó un segundo nitazeno llamado metonitazeno, en un caso de muerte en Ohio. La posibilidad de que los nitazenos estuvieran transformándose ya no era teórica. "¡Carajo!, recordó haber pensado en aquel momento el doctor Krotulski. "Está pasando de verdad. "¿Por qué esperamos? Para entonces, Krotulski había empezado a intercambiar ideas con un grupo reducido de especialistas en investigación molecular que comprendía gente de investigación académica, de toxicología forense para empresas comerciales y personal de organismos públicos europeos. ¿Llegarían a predecir razonablemente qué próxima variante de nitazeno podía aparecer en las calles? Mediante la proyección de modelos de evolución futura, ¿podrían ayudar a la policía y los centros de salud a prepararse e incluso a salvar vidas? ¿Por qué esperamos a que muera un chico de 15 años o a que alguien sufra una sobredosis?, planteó Roy Gerona, toxicólogo forense de la Universidad de California en San Francisco, que ayuda a identificar nuevos compuestos de drogas para la Administración para el Control de Drogas y trabaja en forma independiente del grupo del doctor Krotulski. Christophe Stove, toxicólogo de la Universidad de Gante en Bélgica, argumentó que este trabajo predictivo podría ayudar a acortar la vida de las nuevas drogas peligrosas logrando que se declaren ilegales más rápidamente y tal vez desalentando su producción. "Les estamos diciendo a los productores de drogas: 'Ya conocemos este compuesto, ya tenemos los estándares, ya es detectable', observó. Es preferible que tengamos los datos antes de que un compuesto llegue al mercado masivo. Entre los científicos visionarios e influyentes se encuentra István Ujváry, químico medicinal y farmacéutico húngaro que trabajó durante décadas en el sector de los pesticidas agrícolas en su país antes de obsesionarse 20 años atrás con el auge de las nuevas drogas sintéticas. Los estantes del estudio en su casa de Budapest están repletos de publicaciones científicas, actas históricas de congresos y libros de química esotéricos de tirada limitada con títulos como Opiáceos y características y funciones de los opioides y Europsicofarmacología. El doctor Ujváry los explora minuciosamente en busca de compuestos que pudieran convertirse en peligros. Rastreo patentes, precisa. Pueden ser 200 o 400 páginas, con entre 50 y 200 compuestos descriptos. Busco los más activos en la tabla y la imprimo, los destaco, selecciono los dos a cinco más activos, repaso sus estructuras y los presento en congresos. En 2020, poco después de la llegada de los primeros nitazenos, integrantes de la Agencia de la Unión Europea para las Drogas, que realiza un seguimiento de la aparición de nuevas moléculas, le pidieron al doctor Ujváry que les ayudara a redactar un informe exhaustivo del sondeo de sustancias nitazeno que podrían surgir a partir de ese momento. Una alta autoridad europea le envió un correo electrónico solicitándole que proporcionara una revisión exhaustiva sobre algunos de los otros opioides nuevos que hemos visto (o que podríamos ver). Ujváry era consciente de que tales predicciones llevaban aparejado un riesgo: de esa investigación podrían apropiarse químicos clandestinos y usarla para crear drogas. La profecía podía estimular la realidad. Ya había ocurrido antes. En abril de 2013, Samuel Banister, un reconocido químico farmacéutico y experto en la aparición de nuevas sustancias psicoactivas, publicó un artículo en el mensuario revisado por pares ACS Chemical Neuroscience de la Sociedad Química Estadounidense, en el que describía un cannabinoide sintético detectado escaso tiempo atrás y denominado AB-001, y varias moléculas relacionadas. Utilizó sus iniciales como códigos para varias de éstas, entre ellas las dos moléculas SDB-006 y 5F-SDB-006. Varios meses después, agentes de aduana de Finlandia incautaron drogas basadas en dichas moléculas en un embarque procedente de Hong Kong. "En algún lugar del mundo alguien leyó nuestro artículo y copió nuestro trabajo, admitió Banister. Recordó que en aquel momento se había sentido "asustado y preocupado. "Fue entonces cuando empecé a preguntarme cuál es la responsabilidad en todo esto de quienes representamos la ciencia. El círculo se estrecha En marzo de 2021 el brainstorming y el trabajo predictivo sobre los nitazenos se publicaron en dos papers independientes pero relacionados entre sí en ACS Chemical Neuroscience. Ambos artículos atormentarían más adelante al doctor Krotulski mientras revisaba el informe toxicológico de Kai Raydon. El primer paper, de István Ujváry y diferentes integrantes de alto rango de la Agencia de la Unión Europea para las Drogas, repasaba investigaciones que se remontaban a la década de 1950, a fin de analizar diversas variantes de nitazeno y las formas en que las moléculas podrían modificarse para crear otras nuevas más o menos potentes. En el trabajo los autores alegaban que gran parte de esta información ya había sido publicada; si especialistas en la clandestinidad extraían información de esa literatura, ya conocían la opinión del doctor Ujváry y sus colegas. De hecho, para entonces ya habían comenzado a aparecer nuevas variantes de nitazeno. En febrero de 2021 surgió en Iowa el protonitazeno, 15 veces más potente que el fentanilo, y desde entonces ha causado la muerte de por lo menos 200 personas. Otra variante, 40 veces más potente que el fentanilo, afloró en marzo de 2021 en el estado de Virginia Occidental y ha causado la muerte de no menos de 100 personas. El segundo paper, publicado en 2021 y escrito por un equipo de investigación distinto entre quienes estaba el doctor Stove de la Universidad de Gante, analizaba los compuestos de nitazeno existentes, modelizaba a futuro nuevos compuestos hipotéticos y exploraba su interactuación en el cerebro con el receptor opioide. No mucho después, algunas de las drogas mencionadas en los dos artículos aparecieron por primera vez en las calles. En noviembre de 2022, se detectó N-desetil isotinizoseno en una muestra de drogas procedente de Florida; es 80 veces más potente que el fentanilo y se ha detectado en al menos 40 sobredosis mortales, según el doctor Krotulski. Luego, en octubre de 2023, surgió otra. Era uno de los compuestos hipotéticos mencionados en el segundo paper y se llamaba N-desetil etonitazeno. Ahora se había vuelto realidad: era la droga que mató a Raydon. A diferencia de muchas drogas ilícitas nuevas, ésta no podía haber sido pirateada directamente de literatura científica antigua; la patente alemana original no describía su potencia ni su estructura. Al parecer esa información surgió del artículo profético de 2021 que, según Krotulski, puso al compuesto en el mapa. Enfrentando el pasado ¿Los papers contribuyeron de alguna manera a la muerte de Raydon? ¿El grupo de toxicología forense predijo el futuro o lo creó? En noviembre de 2024, durante un simposio en Filadelfia, Simon Elliott, profesor visitante de toxicología forense del King's College de Londres, planteó la cuestión directamente a los doctores Ujváry, Krotulski y Stove. ¿Existe la posibilidad del huevo y la gallina -les preguntó-, de que cuando ustedes conjeturan acerca de ciertos compuestos, los vean químicos ilícitos y digan Hicieron la parte difícil del trabajo por nosotros, ahora conocemos la química?. Y continuó: ¿Hay chance de que ustedes mismos iniciaran la tendencia?. El simposio, organizado por el laboratorio del doctor Krotulski, reunió a representantes de la Administración de Control de Drogas (DEA) y de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza de EE.UU., como así a especialistas en la materia de todo el mundo. Durante tres días de presentaciones y mesas redondas se batalló con el origen de las nuevas moléculas (principalmente literatura científica y patentes), en torno a quiénes las fabricaba (laboratorios en India, China y México) y respecto de cuál era la mejor manera de frenar su propagación (más personal químicos y recursos). El primero en responder a la pregunta del doctor Elliott fue Alex Krotulski. "La realidad es que, sí, siempre existe una posibilidad, contestó. Caso por caso, agregó que en general no queda claro dónde se obtienen las ideas para la producción clandestina. "Nadie sabe qué es lo que vendrá realmente, continuó. "Así que se podría argumentar que tener esa información nos beneficia más que no tenerla. Siguió el doctor Ujváry: "Si yo puedo acceder a la literatura, en el ámbito ilegal también pueden encontrar esas estructuras, manifestó. El desafío, concluyó, consiste en "no ir un paso detrás, sino un paso adelante. El doctor Stove estuvo de acuerdo. "Si se nos ocurre a nosotros, otra gente también puede pensarlo, apuntó. "No somos tan inteligentes. En una entrevista más reciente, Stove dijo que no sabía si el artículo había influido en la aparición del N-desetil etonitazeno. "No estoy del todo seguro de que no hubiera surgido, comentó, y añadió que de todos modos el fármaco podría haber aparecido. Entre el público de Filadelfia se encontraba Katie Becker, la supervisora de la morgue que había colaborado en la autopsia de Kai Raydon; la había invitado el doctor Krotulski para presentar el caso del estudiante y el hallazgo de N-desetil etonitazeno en su organismo. Posteriormente Becker comentó que le parecía interesante que el intento de predecir nuevos nitazenos pudiera haber jugado un rol en su propagación. Pero que agradecía los esfuerzos por detenerla. "Todos estamos intentando adelantarnos a lo que se pueda producir, sostuvo. Matt Richtel informa sobre salud y ciencia para The New York Times con base en Boulder, estado de Colorado. Dedicó más de un año a seguir la pista de una misteriosa muerte por sobredosis, para lo cual entrevistó a familiares, agentes de la ley y decenas de científicos que estudian el explosivo aumento de drogas ultra potentes hechas en laboratorios. Traducción: Román García Azcárate. Sobre la firma Newsletter Clarín

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