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» La Nacion
Fecha: 06/04/2026 16:25
El asesino que hizo llorar al mundo: lleva 45 años preso, sigue casado con la misma mujer y pide cada dos años ser liberado Mark David Chapman tenÃa 25 años y estaba recién casado cuando disparó cinco veces contra Lennon por la espalda - 6 minutos de lectura' En agosto de 2025, por decimocuarta vez, la Justicia del Estado de Nueva York volvió a cerrarle la puerta de la celda a Mark David Chapman. TenÃa entonces 70 años y habÃa comparecido ante la junta de libertad condicional pocos dÃas antes. La decisión fue tajante: su liberación socavarÃa el respeto por la ley y minimizarÃa el impacto global de su crimen. El asesino de John Lennon podrá volver a pedir su excarcelación en 2027. En esa última audiencia, Chapman repitió -con una mezcla de arrepentimiento y crudeza- lo que viene diciendo desde hace años: Mi crimen fue completamente egoÃsta y estuvo ligado a la fama de su vÃctima. No fue la única vez que lo admitió. En comparecencias anteriores habÃa ido incluso más lejos: SabÃa que era malvado, pero deseaba tanto la fama que estuve dispuesto a quitar una vida humana. Esa confesión -la búsqueda desesperada de notoriedad- se convirtió con el tiempo en la clave interpretativa de uno de los asesinatos más impactantes del siglo XX, ocurrido la noche del 8 de diciembre de 1980 en las puertas del edificio Dakota, en el que el ex Beatle vivÃa junto a Yoko Ono, frente al Central Park de Nueva York. Lennon regresaba a su casa después de una jornada de trabajo en el estudio de grabación Record Plant. Allà habÃa estado trabajando en canciones junto a su esposa, en plena etapa de regreso a la música tras varios años de relativo retiro. Cuando bajó del auto frente al Dakota, alrededor de las 22:50, Mark David Chapman lo esperaba. Y minutos después, le disparó en la entrada del edificio en el que han vivido otras figuras como Judy Garland, Bono, Sting y Boris Karloff. Chapman tenÃa 25 años cuando disparó cinco veces contra Lennon por la espalda. Horas antes, le habÃa pedido un autógrafo. Después, no huyó. Se sentó en la vereda y comenzó a leer una novela: The Catcher in the Rye (El guardián entre el centeno, de J. D. Salinger, que a partir de este hecho se hizo mundialmente famosa). Ese libro no era un detalle menor. Para Chapman, su protagonista -Holden Caulfield- representaba una especie de brújula moral distorsionada. El propio asesino dirÃa luego que la mayor parte de él era ese personaje, un joven que desprecia la hipocresÃa del mundo adulto. La obsesión habÃa crecido durante años. Lennon -un Ãcono mundial y una persona amada por millones de personas- representaba, para Chapman, una contradicción viviente: predicaba ideales como la igualdad o la vida sin posesiones, pero habitaba un mundo de riqueza y fama. Aquella noche, el crimen fue inmediato pero no impulsivo. HabÃa planificación, espera, elección. Infancia y obsesiones Nacido en 1955 en Texas, Chapman creció en un entorno familiar problemático, marcado por tensiones y episodios de violencia. Durante su adolescencia desarrolló fantasÃas intensas y una tendencia al aislamiento. En su juventud, sin embargo, intentó encauzar su vida: trabajó como consejero juvenil y tuvo una fuerte aproximación a la religión cristiana. Pero la estabilidad era frágil. Viajes, empleos inestables y una creciente confusión identitaria fueron configurando su perfil. En Hawái, donde vivió antes del crimen, comenzó a obsesionarse con Lennon. Esa fascinación mutó en resentimiento. La admiración se transformó en juicio moral, y luego en un plan. A lo largo de las décadas, Chapman fue afinando -o simplificando- su explicación. Si bien en los primeros años se habló de trastornos psiquiátricos, con el tiempo él mismo descartó excusas de ese tipo. Esto fue para mà y solo para mÃ, declaró el año pasado. En audiencias anteriores, fue aún más directo: dijo que querÃa fama, ser alguien. Incluso admitió haber considerado a otras celebridades como posibles vÃctimas antes de decidirse por Lennon. Esa motivación, repetida una y otra vez, es la que las autoridades consideran especialmente perturbadora: no hubo impulso momentáneo ni reacción emocional extrema, sino la voluntad consciente de obtener notoriedad a través de la violencia. El crimen, en su propia narrativa, fue un acto deliberado de construcción de identidad. Rejas y disculpas Desde 1981, Chapman cumple una condena de entre 20 años y cadena perpetua en prisiones del Estado de Nueva York. Con el tiempo, su comportamiento estable permitió cierta flexibilización, pero nunca dejó de ser una figura observada. Se ha descrito a sà mismo como alguien que encontró en la fe una estructura para sostenerse, participando en grupos religiosos y dedicando buena parte de sus dÃas a la lectura y la escritura. Esa vida ordenada contrasta con el caos mental que él mismo ha reconocido en su juventud. En prisión estudia la Biblia, participa en actividades y mantiene contacto con su esposa, con quien se casó antes del asesinato y que ha permanecido a su lado durante más de 40 años. Sin embargo, su conducta no ha sido suficiente para convencer a las autoridades. Cada dos años, desde 2000, su solicitud de libertad condicional es rechazada. El argumento se repite: la magnitud del crimen -y su impacto global- excede cualquier evaluación individual de conducta o arrepentimiento. Chapman pide perdón. Lo hace desde hace años, especialmente dirigido a Yoko Ono y a los seguidores del músico. Pero incluso ese arrepentimiento ha sido cuestionado. Las juntas de libertad condicional han señalado que sus declaraciones no siempre reflejan una empatÃa genuina con las vÃctimas. En cierto modo, su caso quedó atrapado en una paradoja: cualquier intento de explicar el crimen vuelve inevitablemente a la misma motivación -la fama-, lo que debilita el valor moral de sus disculpas. La esposa que siempre estuvo a su lado La esposa de Mark David Chapman es Gloria Hiroko, una mujer de origen japonés-estadounidense que ha mantenido un perfil público extremadamente bajo durante décadas. La pareja se conoció en Hawái en 1978, cuando ella trabajaba como agente de viajes, y se casaron en junio de 1979, apenas un año antes del crimen que conmocionó al mundo. A lo largo de los años, Gloria Hiroko Chapman ha realizado muy pocas declaraciones públicas, pero algunas de ellas resultaron especialmente relevantes: en ciertos testimonios, reveló que su esposo le habÃa confesado meses antes su intención de matar a Lennon. Según su propio relato, incluso llegó a intervenir en ese perÃodo, deshaciéndose de un arma y contribuyendo a que Chapman desistiera temporalmente de un primer intento. Pese a la gravedad del crimen y a la condena a cadena perpetua que cumple Chapman en Nueva York, la relación entre ambos no se rompió. Más de cuatro décadas después, continúan legalmente casados y mantienen contacto. por Andrés López Reilly, para El PaÃs Últimas Noticias Ahora para comentar debés tener Acceso Digital. Iniciar sesión o suscribite
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