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  • Más lluvias y temperaturas elevadas: el otoño arranca con señales de alerta para el agro

    » TN

    Fecha: 06/04/2026 08:49

    El inicio del otoño trae consigo un escenario climático que combina señales de alivio hídrico con nuevos factores de riesgo para la producción agropecuaria. El último informe del Servicio Meteorológico Nacional (SMN), correspondiente al trimestre abril-mayo-junio de 2026, proyecta un patrón que refuerza la tendencia observada en los últimos meses: lluvias por encima de lo normal en sectores clave del país y temperaturas medias que, en general, se ubicarán en niveles superiores a los históricos. Leé también: Salía a cazar con su papá y sufría bullying en el colegio: qué se sabe del alumno que mató a un compañero en Santa Fe En términos de precipitaciones, el pronóstico indica una mayor probabilidad de lluvias normales a superiores a la normal en amplias zonas productivas, incluyendo el centro-este de la provincia de Buenos Aires. Un trimestre con lluvias por encima de lo habitual Esta previsión alcanza también a regiones como Córdoba, el oeste de Santa Fe y sectores del Litoral, configurando un mapa donde el agua podría volver a ser protagonista. Para el agro, esta perspectiva plantea un escenario dual. Por un lado, permite consolidar la recuperación de perfiles hídricos tras períodos de déficit, especialmente en zonas que atravesaron un verano seco. Pero, al mismo tiempo, abre la puerta a excesos puntuales que pueden complicar la cosecha gruesa y afectar la logística rural, tal como ya ocurrió recientemente en distintos puntos del territorio bonaerense. Leé también: Lluvias desparejas pero claves: el agua llegó a la región núcleo y empieza a recomponer perfiles El informe aclara que estas proyecciones se basan en probabilidades y valores medios del trimestre, lo que implica que no descartan eventos de lluvias intensas de corta duración. En otras palabras, aunque el promedio pueda resultar favorable, la ocurrencia de tormentas localizadas con alto impacto sigue siendo una posibilidad concreta. En paralelo, regiones como el norte argentino presentan un panorama más incierto. Allí, si bien algunas áreas podrían recibir precipitaciones dentro de lo normal, persisten zonas donde el déficit hídrico continúa siendo una preocupación, profundizando la heterogeneidad climática a escala nacional. Leé también: El agro liquidó casi 60% más de divisas en marzo y cerró el primer trimestre en US$5100 millones En cuanto a las temperaturas, el panorama también muestra una tendencia clara. El pronóstico señala mayores probabilidades de registros normales a superiores a la normal en gran parte del país, incluyendo Buenos Aires, La Pampa y la región patagónica. En el centro y norte, incluso, se prevén áreas donde las marcas térmicas podrían ubicarse directamente por encima de los valores históricos. Este comportamiento térmico tiene implicancias directas sobre los cultivos. Temperaturas más elevadas incrementan la evapotranspiración, lo que puede acelerar la pérdida de humedad en el suelo en aquellas zonas donde las lluvias no acompañen. Al mismo tiempo, condicionan los tiempos de desarrollo de los cultivos y pueden afectar su rendimiento. Leé también: Inundaciones y complicaciones en el corazón productivo bonaerense Otro aspecto clave que subraya el informe es la necesidad de interpretar correctamente este tipo de pronósticos. Al tratarse de proyecciones estacionales, no permiten anticipar eventos extremos específicos, como olas de calor, lluvias torrenciales o irrupciones de aire frío. Por eso, se recomienda complementar esta información con pronósticos de corto plazo y sistemas de alerta temprana. El trasfondo de este escenario es un patrón climático cada vez más marcado por la variabilidad. La coexistencia de excesos hídricos en algunas regiones y déficits en otras, sumada a temperaturas en ascenso, configura un contexto desafiante para la planificación productiva. De cara al trimestre, el desafío para el agro será adaptarse a este esquema cambiante, donde el clima deja de ser una variable predecible para convertirse en un factor dinámico, capaz de redefinir estrategias en cuestión de días. En ese marco, el monitoreo constante y la capacidad de respuesta rápida aparecen como herramientas clave para atravesar un período que, lejos de estabilizarse, promete mantener en vilo a productores y técnicos.

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