Contacto

×
  • +54 343 4178845

  • bcuadra@examedia.com.ar

  • Entre Ríos, Argentina

  • Modo supervivencia: Cuando trabajar no alcanza y la esperanza es un lujo

    Concordia » Diario Junio

    Fecha: 05/04/2026 18:54

    Mientras avanzaba en esa nota, volví de inmediato a un libro que durante años utilicé para dar clases de economía en el Instituto Técnico Superior de Concordia: La nueva pobreza en la Argentina, de Alberto Minujin Z. y Gabriel Kessler, 2ª edición, Editorial Planeta, 1995. Y la asociación fue inmediata porque ambos textos, con treinta años de distancia, hablan del mismo dolor social: el momento en que trabajar deja de ser una garantía de dignidad y empieza a ser apenas una forma precaria de resistir la caída. El trabajo ya no salva Durante mucho tiempo, en la Argentina, el trabajo significó algo más que ingreso. Significó orden. Significó piso. Significó cierta promesa: con esfuerzo se podía vivir, quizá sin lujos, pero con una mínima estabilidad. Hoy esa promesa está rota para demasiada gente. La nota de la BBC lo muestra sin rodeos. Cuenta la historia de una trabajadora registrada que ya no puede sostener su vida con un solo ingreso y recoge una idea central: tener empleo en la Argentina ya no evita necesariamente caer en la pobreza. Ahí aparece uno de los rasgos más duros de este tiempo: el problema ya no es solo la falta de trabajo. También es el trabajo que no alcanza. Y eso se reconoce fácil en la calle, en el barrio, en las casas. Está en el que cobra y no llega. En la familia que paga una cuenta y deja otra. En la madre que acomoda la comida según el bolsillo. En el joven que estudió, trabaja y aun así depende de ayuda. En el hogar donde todos hacen esfuerzo, pero igual falta. La pobreza entra sin pedir permiso Ahí es donde el libro de Minujin y Kessler conserva una vigencia impresionante. Porque no hablaba solamente de la pobreza estructural, de la pobreza de siempre. Hablaba también de los nuevos pobres y de los empobrecidos: personas y familias que no venían de la marginalidad histórica, pero empezaban a perder empleo, salario, consumo, seguridad y expectativas. Ese fue el gran hallazgo del libro: mostrar que la caída social no siempre ocurre de golpe. A veces entra de a poco. Primero se resigna un gasto. Después una salida. Después una actividad de los hijos. Después una consulta médica. Después una compra necesaria. Después una tranquilidad. Hasta que un día la persona descubre que su vida ya no se parece a la que tenía. Por eso la nota de la BBC y La nueva pobreza en la Argentina se conectan de un modo tan fuerte. La BBC le da hoy rostro y voz a una realidad que el libro ya había explicado hace tres décadas: la de quienes no viven en la indigencia más visible, pero sienten que están retrocediendo, cediendo terreno, achicando su vida. 1995: el libro vio venir la herida No es un detalle que La nueva pobreza en la Argentina haya sido publicado en 1995. Ese año coincidió con el inicio de la segunda presidencia de Carlos Saúl Menem (1995-1999), que había llegado al poder en medio de la crisis de 1989. En esos años se consolidó el modelo económico de los 90, que no fue una abstracción. Tuvo nombre, leyes y consecuencias. En 1989 se sancionó la Ley 23.696 de Reforma del Estado, que abrió el camino de las privatizaciones, y en 1991 la Ley 23.928 estableció la convertibilidad, atando la moneda argentina al dólar. No conviene contar esa historia solo desde la baja de la inflación. Si se la cuenta así, se la mutila. Porque junto con la estabilidad monetaria también avanzaron la apertura económica, la reorganización del Estado, la fragilidad del empleo y una transformación social que golpeó con fuerza a la industria, al comercio y a sectores medios que empezaron a vivir más cerca del descenso que del progreso. Y fue en ese contexto, no en otro, que Minujin y Kessler escribieron su libro. Dicho más claro: el libro nació en pleno menemismo y vio lo que muchos no querían ver. Vio que, debajo del relato del orden económico, se estaba incubando una sociedad más frágil, más desigual y más vulnerable a la caída. El 2001 no cayó del cielo También hay que decirlo sin eufemismos: la crisis de 2001 no fue un accidente aislado. El gobierno de Fernando de la Rúa (1999-2001) mantuvo como base el andamiaje económico heredado. La propia Casa Rosada consigna que su gestión estuvo marcada por ajustes, blindaje, megacanje, corralito y estado de sitio. La convertibilidad recién se quebró legalmente después del estallido, con la Ley 25.561 de enero de 2002. Por eso el 2001 debe leerse como desenlace y no como sorpresa. El libro de Minujin y Kessler fue escrito varios años antes de ese colapso, pero ya estaba señalando el proceso social que venía por debajo: el crecimiento de la fragilidad, el descenso de sectores que antes se sentían relativamente protegidos, la pérdida de certezas básicas. Milei y el regreso de una vieja intemperie La comparación con el presente no es forzada. No es una exageración nostálgica ni una analogía inventada. El propio Javier Milei, en la apertura de sesiones ordinarias del 1º de marzo de 2025, reivindicó expresamente a Menem y sostuvo que sus reformas iban incluso más allá que las de aquel período. Por eso la nota de la BBC impacta tanto. Porque permite leer la Argentina actual no solo como un problema de coyuntura, sino como la reaparición de una vieja herida social. Otra vez aparece el trabajador que no llega. Otra vez aparece la clase media que siente que puede caer. Otra vez aparece la vida reducida a cálculo, ajuste, deuda y aguante. Otra vez aparece la sospecha de que el esfuerzo no alcanza para sostener lo básico. No se trata de decir que el presente es idéntico a 1995 o a 2001. No lo es. Se trata de advertir algo más importante: que ciertas políticas pueden cambiar de estilo, de discurso y de contexto, pero producir una misma marca social. Y esa marca es el empobrecimiento de quienes trabajan, el desgaste de quienes viven del salario y la expansión de una sensación colectiva de intemperie. No se pierde solo plata El gran error al hablar de pobreza es creer que todo se reduce a ingresos. Claro que el ingreso importa. Pero cuando una familia cae, no pierde solamente plata. Pierde margen. Pierde descanso. Pierde previsibilidad. Pierde salud. Pierde proyecto de vida. Pierde tranquilidad. Pierde autoestima. Eso es lo que vuelve tan potente tanto a la nota de la BBC como al libro de Minujin y Kessler. Ambos muestran que el empobrecimiento no es solo económico. También es social, cultural y humano. Se mete en la mesa, en la escuela, en el ánimo, en la deuda, en el miedo, en las conversaciones que se tienen bajito para que los chicos no escuchen. Cuando sobrevivir se vuelve costumbre, cuando una sociedad entera empieza a reconocerse en la frase estoy en modo supervivencia, ya no estamos frente a una suma de problemas individuales. Estamos frente a una fractura social. Porque detrás de esa frase hay trabajadores que no llegan, familias que recortan comida, madres y padres que postergan todo para sostener a sus hijos, jubilados que eligen qué remedio comprar, jóvenes que estudian sin estar seguros de que el esfuerzo les vaya a devolver una vida mejor. Hay angustia, endeudamiento, renuncias diarias y una tristeza silenciosa que muchas veces no entra en las estadísticas, pero está en las casas, en las mesas y en la forma en que la gente habla del futuro. Lo más grave no es solo que falte plata. Lo más grave es que empiece a faltar horizonte. Que vivir se reduzca a aguantar. Que el trabajo deje de ser una herramienta de dignidad para convertirse apenas en una defensa precaria contra la caída. Que millones de personas hagan todo lo que se supone que debían hacer y, aun así, no puedan sostener lo mínimo. Un país que acostumbra a su gente a vivir así no está solamente empobrecido. Está herido. Porque cuando trabajar no alcanza, cuando la deuda reemplaza al salario y cuando la esperanza se vuelve un lujo, lo que entra en crisis no es solo la economía. Entra en crisis el sentido mismo de comunidad. * Roque Guillermo Benedetto es contador público, abogado, escribano y docente. Fuente: El Cohete a la Luna

    Ver noticia original

    También te puede interesar

  • Examedia © 2024

    Desarrollado por