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  • La crisis invisible: la pérdida de la pertenencia

    » Clarin

    Fecha: 05/04/2026 07:24

    En los últimos días convivieron dos noticias que, puestas juntas, parecen contradictorias. Por un lado, los últimos datos del INDEC muestran una mejora en algunos indicadores sociales. Por otro, episodios de violencia extrema vuelven a poner un foco un malestar más profundo. Esta tensión no es nueva. De hecho, refleja una paradoja más amplia. Nunca en la historia de la humanidad tuvimos condiciones materiales tan buenas. Pero esto convive con un deterioro muy grave de nuestros vínculos. Estamos, de hecho, atravesando una grave crisis de confianza donde se erosiona el sentido de pertenencia. A este fenómeno se lo conoce como desafiliación y es un problema que afecta tanto los vínculos entre las personas como la confianza en las instituciones (como el Estado, los medios, las empresas o la escuela). Y es justamente la desafiliación el hilo que une a muchos de los problemas actuales: la baja participación electoral, la caída en la natalidad, el abandono escolar, o la creciente polarización. Esto también se expresa en decisiones cotidianas: ¿cumplo las reglas?, ¿pago los impuestos? A nivel global, es lo que también explica la crisis del multilateralismo. En Argentina esta crisis se siente con fuerza: ¿cómo podemos esperar inversiones si solamente 20% confía en la Justicia? La crisis de desafiliación es el eje de una reciente charla TED en la que desarrollo este argumento: sin un nosotros, no hay forma de enfrentar lo que viene. Los grandes desafíos de nuestro tiempo (desde la crisis climática y los conflictos bélicos hasta las eventuales futuras pandemias) no pueden resolverse de manera individual. Requieren coordinación, cooperación y, sobre todo, confianza. Cuando esa base se debilita, no solo se resiente el tejido social: también se reduce la capacidad de una sociedad para actuar conjuntamente. La historia muestra que estos procesos de fragmentación no son irreversibles, pero tampoco se corrigen automáticamente. En muchos casos, la reconstrucción de los vínculos sociales ocurre después de atravesar crisis profundas. La Argentina tiene una experiencia clara en ese sentido. Tras el colapso de 2001, en un contexto de extrema fragilidad institucional y económica, emergieron formas de organización y solidaridad que recompusieron, al menos parcialmente, los lazos sociales. Sin embargo, esperar a que una crisis fuerce esa reconstrucción implica costos muy altos. La pregunta es si es posible anticiparse. Es decir, si podremos reconstruir la confianza y pertenencia sin un quiebre mayor. Esto implica reconocer que la cohesión social no es un subproducto automático del crecimiento ni de la estabilidad macroeconómica, sino una condición necesaria para sostener ambos en el tiempo. En un contexto global de transformaciones aceleradas, donde la incertidumbre se vuelve la norma, fortalecer el sentido de pertenencia deja de ser una aspiración abstracta para convertirse en un componente central de cualquier estrategia de desarrollo. Sin un nosotros mínimamente compartido, las sociedades no solo se fragmentan: se vuelven más vulnerables. Reconstruir los vínculos y la confianza no es sencillo ni inmediato. Pero ignorar su deterioro tampoco es una opción. Porque, en última instancia, sin un nosotros mínimo, ninguna sociedad puede sostener su desarrollo ni su supervivencia. Sobre la firma Newsletter Clarín

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