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  • León XIV pidió a los líderes del mundo: Que quienes tienen el poder de desatar guerras elijan la paz

    Parana » Cuestion Entrerriana

    Fecha: 05/04/2026 12:08

    En su primera Pascua como pontífice, celebrada este domingo ante 50 mil fieles y turistas en una bulliciosa plaza San Pedro, el Papa León XIV imploró a los responsables de los conflictos bélicos que elijan la paz durante su tradicional mensaje Urbi et Orbi (a Roma y al mundo). En la conclusión de la primera Semana Santa de su pontificado, León XIV presidió la principal celebración del calendario cristiano en un clima ensombrecido por la guerra en Medio Oriente y por el temor a una escalada del panorama bélico global. Anoche, durante la Vigilia Pascual del Sábado Santo, esos temores ya resonaban en la basílica de San Pedro. Esta mañana, en la misa de Resurrección, el pontífice llamó a la esperanza ante la violencia y la guerra que mata y destruye y denunció la idolatría del lucro que saquea los recursos de la tierra, según expresó en su mensaje litúrgico. En la homilía, León advirtió que la muerte siempre acecha y se manifiesta en los egoísmos partidistas, en la opresión de los pobres y en la escasa atención a los más frágiles. La vemos en la violencia, en las heridas del mundo, en el grito de dolor que se eleva por todas partes a causa de los abusos que aplastan a los más débiles, describió. Frente a ello, subrayó que la Pascua es una fuerza imparable, capaz de dar luz en la oscuridad más profunda. Hoy necesitamos este canto de esperanza, afirmó, al pedir a los creyentes que lleven la alegría de la resurrección por las calles del mundo. Sin embargo, reconoció que el mensaje pascual no siempre es fácil de acoger, especialmente cuando el lastre de los pecados o la soledad agotan la esperanza, según señaló ante la multitud reunida en el Vaticano. En ese marco, destacó que el anuncio pascual alcanza al ser humano hasta los abismos de la muerte y abre a la esperanza que no desfallece, a la luz que no se apaga, a esa plena de alegría que nada puede borrar. Cuando las preocupaciones o los resentimientos sofocan la alegría de vivir, cuando sentimos tristeza y cansancio, cuando nos sentimos traicionados o rechazados, ¿no parece que hayamos caído en un túnel del que no vemos la salida?, admitió el Papa, aludiendo a las crisis personales y colectivas. El marco litúrgico estuvo acompañado por un imponente despliegue floral: decenas de miles de flores aportadas por floristas holandeses partían desde el altar frente a la basílica, conformando una escenografía característica de la Pascua vaticana. Terminada la misa, el Papa se trasladó al balcón central de la basílica, el mismo desde el cual el 8 de mayo pasado se anunció el Habemus Papam, y desde allí impartió la bendición Urbi et Orbi, dirigida a Roma y al mundo. León XIV evitó, como es habitual en sus mensajes dominicales tras el ángelus del mediodía, mencionar uno por uno los conflictos bélicos que se expanden en el planeta, aunque su discurso estuvo atravesado por referencias constantes a la guerra y a sus consecuencias. En ese sentido, anunció que el sábado 11 de este mes se realizará una celebración especial en la basílica de San Pedro para implorar a Dios por la paz, convocando a los fieles a sumarse espiritualmente a esa jornada. El pontífice lanzó además mensajes en varios idiomas, como es costumbre en la jornada de Pascua, y reiteró su llamado al mundo a elegir la paz frente a la lógica de la confrontación. En un pasaje especialmente duro, denunció la indiferencia ante las guerras en el mundo, que dejan miles de muertos. Nos estamos habituando a la violencia, nos resignamos a ella y nos volvemos indiferentes ante la muerte de miles y miles de personas, indiferentes ante las secuelas de odio y división que siembran los conflictos y a sus consecuencias económicas y sociales, señaló. León XIV hizo un llamado directo a deponer las armas y buscar la paz mediante el diálogo en los distintos escenarios de conflicto. Enfatizó el mensaje de esperanza de la Pascua como celebración de la resurrección de Jesús tras la crucifixión. ¡Dejemos que nuestros corazones sean transformados por el amor de Cristo por nosotros!. ¡Que quienes tienen armas las depongan!. ¡Que quienes tienen el poder de desatar guerras elijan la paz!. ¡No una paz impuesta por la fuerza sino mediante el diálogo!. ¡No con el deseo de dominar a los demás sino de encontrarnos!, imploró el pontífice desde el balcón vaticano. El Papa volvió sobre la sensación de indiferencia ante la muerte de miles de personas y ante las consecuencias económicas y sociales que producen las guerras, al advertir que esa anestesia moral agrava el sufrimiento de las víctimas. Sin mencionar conflictos específicos, León XIV citó a su predecesor, el Papa argentino Francisco, quien durante su última aparición pública desde el mismo balcón principal de la basílica, el día antes de su muerte, recordó a los fieles la gran sed de muerte, de matar, que presenciamos cada día, retomando así una línea de continuidad en la denuncia del drama bélico.

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