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  • Teatro: Memoria, resistencia y construcción de sentido colectivo

    Parana » AIM Digital

    Fecha: 04/04/2026 09:43

    El teatro es un espacio fundamental de memoria viva; el escenario, su lugar de resistencia, encuentro y reflexión. En la multiplicidad de los recursos, disciplinas y lenguajes que se ponen en juego en una obra teatral se encuentran cifradas las huellas de nuestra historia como comunidad. Y también de nuestro presente, compartió con AIM el actor, director teatral y docente, Gustavo Bendersky. La vida, cuando no encuentra lenguaje, se rompe. La vida se está resquebrajando entre el tembladeral de un mundo que se fagocita a sí mismo y que se duerme y despierta entre fiebre y convulsiones. Si a la mañana leímos en el diario que han asesinado otra tanda de niñas y niños en Gaza, a la tarde puede que nos crucemos con uno aquí en Paraná. Descalzo sobre el asfalto. Mendigando en un semáforo. Así, asistimos azorados a la experiencia de aquello inaceptable aceptándolo, rumiando frustración. Nuestra intuición de lo que no puede más que estar mal se choca de frente con nuestra absoluta incertidumbre con respecto a qué hacer cómo hacia dónde, en qué espacios y de qué modos. Sin un lenguaje común para el dolor, el sentido de comunidad se nos desmorona. Esa experiencia cotidiana de convivir con el dolor (propio y muchísimas veces el ajeno) es una herida por donde supura la pregunta acerca de nuestra propia humanidad. Esto es parte de nuestra realidad diaria Ahora bien lo real, en sí mismo, no es ni verdadero ni falso, ni moral ni amoral, cualidades que sólo cabe atribuir a las narraciones y a las representaciones con las que se construyen tanto la realidad como la ficción. En cuanto ficción comprometida con lo real, la realidad está inevitablemente determinada por el poder, en sus múltiples configuraciones: económico, disciplinar, patriarcal, colonial, militar, institucional. La disputa por cuáles son nuestras realidades es el centro de nuestra vida política, el epicentro en torno al cual se dan las batallas. Dar testimonio Entre las acciones que aguardan por nuestra voluntad -entre aquellas cosas que podemos hacer - nuestra tarea como trabajadores de la cultura es colaborar para que el velo comience a rasgarse. Y esta realidad espantosa y supuestamente irreversible se revele como lo que es: una ficción impuesta, un simulacro, una narración inventada. Testimoniar. Para que lo real irrumpa como un reclamo que exige verdad, justicia y cambio. ¿A qué negarlo?.. El teatro no puede provocar revoluciones, ni cortar cabezas, ni encarcelar, ni hacer que nadie gane o pierda puntos en un proceso eleccionario. Una buena imagen o escena en el teatro es apenas - nada más, pero tampoco nada menos - que la piedra que rompe el vidrio de una ventana, la pelota que impacta sobre el párpado o un dolor agudo que contrae el estómago o el olor de un abrazo. La escena y la escritura pueden facilitar espacios y contextos para la emergencia de lo real y otras realidades, colocando su potencia poética en solidaridad con otras potencias sociales de transformación. Teatro y lenguaje Porque el arte en general y el teatro particularmente, crea lenguajes. Lenguajes que permiten comprender el mundo cuando se nos vuelve incomprensible. Cada espectáculo, al encontrarse con el público, se vuelve un laboratorio colectivo, anónimo, mutante que comparte la inconstancia de la memoria, el metabolismo de los cuerpos, la fluidez de la vivencia y la inestabilidad de las partículas. Un espectáculo no sólo cuenta una historia, sino que nos obliga a mirarnos en una forma de espejo. El arte es el lugar donde los entresijos humanos encuentran forma sin ser reducidos. Por eso la convivencia en el teatro es un acto de resistencia emocional, un modo de no rendirse ante lo que duele. El teatro no es terapia, es sin embargo, un territorio inigualable para la simbolización. Un lugar donde lo emocional puede ser explorado sin quedar expuesto. Un espacio donde la vulnerabilidad se convierte en forma y la forma, en comprensión. Por eso justamente el teatro es una necesidad pedagógica, emocional y social que nos coloca a todos en el mismo nivel. El teatro puede sostener lo que la realidad no sabe sostener. Actuar. Encarnar. Ponerse en el lugar del otro no es un ejercicio intelectual, sino un acto corporal. La empatía no se enseña con definiciones, sino con experiencias. En un mundo crispado, polarizado y acelerado, esa sensibilidad es un bien escaso. Teatro y memoria Teatro por la identidad, el teatro de calle, los personajes históricos que siempre regresan en nuestros espectáculos, las intervenciones teatrales el último 24 de marzo durante la Marcha, los escraches llevados adelante por la agrupación Hijos, los textos y espectáculos acerca de la guerra de Malvinas, la gauchesca Los espectáculos transmiten - de generación en generación - memorias performativas contradictorias, conscientes e inconscientes, que hablan y callan a la vez, que saben y no saben lo que dicen, puesto que operan a la manera del pensamiento, de la escritura y del inconsciente. Este pensamiento corporal, afectivo, sensible, consciente e inconsciente, cifrado y explícito a la vez, es lo propio de las memorias performativas que podemos ver en algunas experiencias teatrales. Memorias inscriptas en el espesor de los signos del lenguaje teatral, en los cuerpos de actrices y actores, en su carácter lumínico, en los ámbitos espaciales, escenográficos, plásticos, sonoros y temporales; memorias que instauran un poder de significación propio del acontecer teatral, que en su hacer y rehacer presentifican aquello que ya no está, constituyéndose como momentos de evocación de ciertas instancias del pasado reciente. Son memorias encarnadas en el presente de lo teatral y lo performático que involucran enteramente al espectador, consciente e inconscientemente, afectiva y cognitivamente: será él quien lea la potencia de la singularidad de estas memorias en relación con sus competencias y su horizonte de expectativas. Memorias que buscan reponer la presencia de la ausencia. No se trata en sí de representar o dar cuenta explícitamente de lo real, sino que más bien buscan captar sus fuerzas y revelarlas, en hacer sensibles en sí mismos el tiempo y la duración de las cosas, en demostrar la tensión que recubren lo banal y lo cotidiano, restituyendo a nuestra realidad los recuerdos presentes en los silencios, en los miedos y en los fantasmas que nos visitan reiteradamente en nuestros sueños, en olores y ruidos que se repiten. Dar testimonio del padecimiento, del dolor, de las injusticias, de las pequeñas esperanzas, testimoniar que otros mundos son posibles. En la multiplicidad de los recursos, disciplinas y lenguajes que se ponen en juego en una obra teatral se encuentran cifradas las huellas de nuestra historia como comunidad. Y también de nuestro presente.

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