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Buenos Aires » Infobae
Fecha: 03/04/2026 14:40
Mario Pergolini, aquel joven rebelde que cambió la historia de la televisión argentina, lloró en cámara. Lo hizo el 2 de abril pasado cuando, en un homenaje a los caídos y combatientes de Malvinas en su programa Otro día perdido, intentó leer una carta enviada a Un soldado argentino y no pudo. Se les llenaron los ojos de lágrimas y nadie se pudo enterar del contenido de la carta. Esa carta había sido enviada por una mujer al colegio Euskal Echea de Llavallol, provincia de Buenos Aires. Esa institución recibía cartas de la comunidad educativa y las enviaba a las Malvinas. El que rescató la carta de una bolsa enorme de Encotel (Empresa de Correos y Telecomunicaciones) fue el soldado clase 1963 Marcelo Lapajufker quien llegó a las Malvinas pocos días antes de cumplir los 19 años. Lapa como le dicen todos, estuvo en el programa conducido por Pergolini junto a otro Veterano de la Guerra de Malvinas, José Cruz. Lapajufker contó que esa carta, abandonada y rescatada por él, no tenía destinatario. Pero cuando llegó al continente luego de la guerra tejió una historia que combinaba su infancia cuando pasaba por la puerta del imponente Euskal Echea de Llavallol. Al ver que provenía de ese colegio, se la adjudicó en su mente a un soldado clase 1962 que había muerto en combate y que había estudiado allí. El nombre del soldado es Ignacio María Indino y murió el 11 de junio de 1982. Era el estafeta de la Compañía de Comunicaciones Mecanizada 10 donde revistaron tanto Lapajufker como Indino. No lo conocí -cuenta Lapa- supe que murió en Moody Brook y que había estudiado en el Euskal Echea y decidí que esa carta era un homenaje para él. Lapajufker, que jamás disparó un tiro con su fusil, compartió pozo en Puerto Argentino en condiciones infrahumanas con otros tres soldados quienes desde 1982 pasaron a ser hermanos. Marcelo Bruno, Sergio Grabchuk y Ricardo Deutsch padecieron juntos el frío, el agua, el hambre, pero volvieron al continente. Lapa pasó 71 días en Malvinas de los cuales seis fue en condición de prisionero luego de la rendición Argentina. Bajé 14 kilos, se me congelaron los pies y las manos y tuve enormes problemas digestivos. Pero con huevos, la fuerza de las cartas y mis hermanos de toda la vida, sobrevivimos. De su paso por Malvinas, Lapajufker atesora 187 cartas. Unas 40 fueron para soldados sin nombre. El resto las recibió de amigos, familiares, vecinos y conocidos que le daban aliento. Las conservó en bolsas de plásticos porque todo el tiempo estaban empapados en Malvinas y no quería permitir que la tinta cayera en el olvido. La carta que no pudo leer Pergolini y las otras 186 estuvieron a punto de quedar en manos del enemigo. Es que en el momento de la rendición en el campo de desarme, a Lapajufker le quitaron todo: su fusil, las municiones, la bayoneta y la corredera le palparon sus bolsillos y allí estaban amontonadas las palabras que habían llegado desde el continente. Lapajufker relata que: El soldado inglés que hablaba español me preguntó qué eran esas cartas. Y yo le dije que eran cartas que me permitían saber mi nombre, porque lo había olvidado durante la guerra. Le dije que ya no sabía cómo me llamaba y que en los sobres decía quién soy. Y me las volvió a poner en el bolsillo del pantalón de combate. La carta que había llegado a Malvinas a través del Euskal Echea fue enviada por Delia de Dubilet, quien por entonces era abuela. Y de ello habla en la carta que dice así: Querido soldadito: perdona que te diga así, pero vos podés ser mi nieto (tengo uno de 17 años). Yo no soy alumna de este colegio, sino que soy la abuela de cuatro nietos que concurren al Euskal Echea, uno de 14 años, que está en 2 año y tres nenas, una en 5 grado otra en 4 y otra en 1 todos han escrito cartas, agradeciéndoles mucho lo que estás haciendo por todos nosotros arriesgando tu preciosa vida, para defender a Nuestra Queridísima Patria del vil invasor. Pero si Dios quiere y la Virgen del Rosario los llevaran a la VICTORIA final, ya que las cosas justas siempre triunfan. Me gustaría un día conocerte para poder abrazar a un héroe. Estamos todos los argentinos muy orgullosos de tener tan grandes patriotas como son Uds. Adelante con todo nuestro valor y hasta la victoria final. Viva la patria. Te mando un gran abrazo. Delia de Dubilet. Esa carta que emocionó a Pergolini fue conservada por Lapajufker y ofrendada en homenaje a Ignacio María Indino. El soldado que no volvió de Malvinas jamás tuvo que haber ido a la guerra porque era hijo de madre viuda y esa era una causal para no hacer el Servicio Militar Obligatorio, más conocido como colimba. Pero quiso ir y allí murió. Lapajufker, casado, dos hijos, hincha de Independiente, se dedica a contar su experiencia en Malvinas y luego de volver del campo de batalla. También acompañó a Aurelia, la madre de Indino en el momento en el que le comunicaron oficialmente que los restos de su hijo habían sido identificados por el Equipo Argentino de Antropología Forense. Habían sido hallados en una tumba del Cenotafio de Darwin destinada a un Soldado argentino solo conocido por Dios. Lapajufker e Indino no se conocieron. Pero quedaron emparentados para siempre a partir de una carta breve, bella, emotiva, rescatada de las manos del enemigo y que no pudo ser leída por Pergolini.
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