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Fecha: 03/04/2026 06:17
Javier Milei decidió volver a respaldar públicamente a Manuel Adorni, pero el gesto no logró aplacar del todo la inquietud interna en el Gobierno. En la Casa Rosada aseguran que el funcionario sigue firme, aunque admiten que aumentó la desconfianza sobre su situación patrimonial, el manejo político del tema y la posibilidad de que aparezcan nuevas revelaciones en las próximas semanas. El oficialismo empezó a ponerle plazos a esa evaluación y ya asume que abril será un mes clave para definir si la tensión se estabiliza o no. La decisión política del Presidente fue darle aire y mostrarse con él en público, primero con la reunión reservada en Olivos y luego con su presencia en el acto por Malvinas. A eso se le sumó un comunicado oficial que anunció una ronda de reuniones de Adorni con ministros para revisar planificación y metas de gestión 2026/2027, en una señal de continuidad. En Balcarce 50, sin embargo, reconocen que el impulso de la agenda fue leído también como una forma de contener los rumores sobre una salida y de ganar tiempo frente al avance del frente judicial y mediático. Puertas adentro, la discusión ya no pasa solo por si Adorni resiste, sino cuánto daño adicional puede provocarle al Gobierno. Hay sectores que ven como sensible la declaración de la escribana que intervino en la compra del departamento de Caballito y otros que hablan de una ventana de quince días para medir si baja la exposición. En todos los casos aparece la misma preocupación: casi nadie en la mesa política tiene certeza sobre si ya se blanquearon todas las posibles vías de cuestionamiento o si todavía pueden aparecer datos nuevos sobre patrimonio, inmuebles o viajes que vuelvan a correr el eje de la agenda oficial. El frente más delicado sigue siendo el judicial. La causa que tramita en Comodoro Py incorporó medidas sobre el departamento que Adorni compró en Caballito y sobre los viajes privados a Punta del Este, mientras el Gobierno prepara documentación para responder a requerimientos del juzgado. También pusieron el foco sobre el crédito de US$200.000 vinculado a dos jubiladas y sobre la trazabilidad de pagos asociados a esos traslados. En el entorno del jefe de Gabinete mantienen cautela y repiten que, por ahora, no creen que esos movimientos vayan a complicarlo de manera decisiva, pero admiten que el expediente se transformó en el principal ordenador de su futuro político. La crisis dejó además un impacto político que ya nadie niega en privado. En varios despachos oficiales circulan mediciones que muestran que el caso empezó a golpear la imagen del Gobierno y del propio Milei, y que una mayoría social considera que Adorni debería renunciar. Esa lectura explica otra definición que se repite en el oficialismo: el jefe de Gabinete sigue, entre otras cosas, porque el Presidente no encontró un reemplazo confiable y competitivo para un cargo que articula gestión, comunicación y vínculo interno entre ministerios. En Nación reconocen que no hay hoy un sucesor mileísta claro y que cualquier salida abre una disputa nueva dentro del oficialismo. A ese cuadro se suman los reproches por el manejo de la crisis. Funcionarios de distintas áreas cuestionan que no se haya conformado una mesa específica para ordenar la respuesta política, jurídica y comunicacional, y le achacan a Adorni haber quedado como su propio estratega. También hay críticas cruzadas por la falta de coordinación previa a la conferencia de la semana pasada y por no haber anticipado todos los flancos sensibles. En el karinismo vinculan parte de ese desorden a la ruptura de confianza con Santiago Caputo y sus equipos, mientras otros sectores prefieren bajar el tono y esperar a que la situación se decante antes de impulsar movimientos más bruscos. Leé también: Javier Milei convocó a una reunión de Gabinete para reactivar la agenda política y ratificar el rol de Manuel Adorni En el Ejecutivo, la discusión sobre Adorni ya disparó en paralelo cálculos sobre otros cambios. En despachos oficiales ponen la mira sobre áreas sensibles como ARCA, la SIDE y Salud, bajo la lógica de que una eventual salida del jefe de Gabinete no sería un hecho aislado, sino el comienzo de una nueva etapa de reacomodamientos. El anuncio de próximas reuniones de Adorni con los ministros de Seguridad, Salud y Defensa buscó mostrar normalidad, pero incluso en algunas carteras admitieron que no estaban al tanto del esquema cuando se comunicó oficialmente. Ese detalle reforzó entre funcionarios la idea de que la gestión del caso sigue siendo más reactiva que ordenada. Es por eso que en la Casa Rosada conviven hoy dos definiciones parciales. La primera es que Milei no quiere soltarle la mano a Adorni en medio de las tensiones. La segunda es que esa decisión ya quedó atada a una evaluación de corto plazo, con Semana Santa y abril como estación de prueba. Si no aparece nueva información y la espuma baja, en Balcarce 50 creen que podrá sostenerse. Pero si la causa avanza, se suman revelaciones o el costo político sobre el primer mandatario sigue creciendo, el caso Adorni puede convertirse en el disparador de otras modificaciones.
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