Contacto

×
  • +54 343 4178845

  • bcuadra@examedia.com.ar

  • Entre Ríos, Argentina

  • Viaje al corazón de la fe: cómo se celebra la Semana Santa en Jerez, España

    » TN

    Fecha: 03/04/2026 06:17

    Las calles huelen a azahares y llueven los pétalos de las flores de los naranjos sobre quienes caminan por Jerez, ese pueblo andaluz que todas las primaveras anda pidiendo escaleras para subir a la cruz. En vísperas de la Semana Santa, cada año esta ciudad del suroeste de España, en la provincia de Cádiz, se prepara para exhibir un fervor popular que atraviesa generaciones desde hace siglos. La tradición tiene raíces centenarias y combina fe, identidad local y herencia cultural: las hermandades salen a la calle para recrear la pasión de Cristo en procesiones que atraviesan la ciudad y que sostienen un ritual donde lo religioso, lo artístico y lo comunitario se entrelazan. Los dos roles centrales de esta celebración son los de los costaleros y los penitentes. Los primeros son quienes cargan a pulso y durante kilómetros pesadas estructuras, a las que llaman pasos, con imágenes que recrean escenas bíblicas, candelabros y flores. Los penitentes son adultos y niños que peregrinan ataviados con gorros cónicos. Los mayores también se cubren el rostro, aunque no lo viven con un sentido trágico sino como una forma de participar con mayor compromiso. Los pasos están tallados en madera, formando estructuras que pueden llegar a pesar cinco toneladas y son portadas por entre 30 y 40 hombres. Hay tres sistemas para cargar esos aproximadamente 125 kilos por persona, con la dificultad extra de que muchas calles tienen pendiente. Uno es el que recurre a la molía, una especie de almohada de avión muy resistente en la que apoyar la carga. En otro se usa un costal, paño que se coloca sobre la cabeza y que en la nuca tiene un reborde para sostener el peso. Y el tercero se da cuando los portadores caminan por fuera del paso, sosteniéndolo desde unas vigas de madera. Trabajo en equipo La Semana Santa en Jerez es una tradición que conjuga fe con sentido de trabajo en equipo. Ensayan desde dos meses antes de Pascuas, al mando de un capataz que es quien marca cuándo hacer el gran esfuerzo de levantar el paso y cómo girar lentamente en cada esquina (suenan los aplausos cuando consiguen doblar) para encarar callejones tan angostos que los costados de la estructura rozan los balcones. Llevo 30 años montando este paso. Un mes antes de cada Semana Santa empiezo a trabajar todos los días para armarlo, cuenta Miguel Rivero desde arriba de una escalera, destornillador en mano. Habla junto a los destellos de la plata en la que está revestido el paso de la hermandad de San Mateo, en una iglesia de estilo gótico y altar barroco. Para comenzar a peregrinar y tras cada detención, el capataz da tres golpes con un llamador metálico para que cada costalero escuche la orden. La dimensión de los pasos es tan imponente que un miembro de la cofradía avanza a la par llevando una vara altísima para levantar los cables de luz. Como medida de protección ante el frío nocturno, usan cinturones anchos de soga, y para cuidar sus espaldas, fajas. La carrera oficial (el recorrido por el cual se desarrolla la procesión) contempla toda una semana de caminata. Durante unas 10 horas, cada hermandad sale desde su iglesia, cruza por dentro la catedral y regresa al punto de partida. Lee también: Recetas fáciles para Semana Santa: opciones rápidas sin carne para el fin de semana largo En ese sentido, la hermandad de La Entrega, de Guadalcacín, en las afueras de Jerez, bate todos los récords: por estar ubicada en un área rural, sus costaleros caminan más de 15 kilómetros para llegar al centro urbano y volver. La música los anima. Juan Garrido es periodista e integra tres hermandades. Dice que si bien hay un amplio repertorio de saetas que viene desde hace siglos, muchas veces los cantores se inspiran e improvisan cantos que hablan de la pasión y la fe. Hay 46 hermandades, porque cada barrio impulsa la propia, y algunas reúnen a más de 600 miembros. Las más establecidas pueden organizar procesiones con hasta cuatro pasos a la vez. Entre otras curiosidades, las imágenes (algunas datan del siglo XVI) son vestidas con mantos bordados a mano por mujeres de la hermandad con hilos de oro. Ninguna de esas telas se lava jamás, pero al terminar cada Semana Santa un grupo de artesanas (las entoladoras) se encarga de reparar las antiguas tramas que de lo contrario se irían deshaciendo. Lee también: Cuándo es Semana Santa 2026 y qué días son feriado Jaime Gutiérrez es vestidor, es decir, quien junto con sus asistentes (denominadas camareras) le pone la ropa a las figuras de los pasos de la iglesia de San Mateo. Como los trajes cambian en función del calendario litúrgico, nada va cosido, todo se prende con alfileres, afirma. Las vírgenes muchas veces son adornadas con joyas que los devotos les obsequian y que durante todo el año están en cada iglesia bajo el cuidado de mayordomos. Otro detalle que llama la atención: también las perfuman. La de San Mateo, por ejemplo, huele a una fragancia de Carolina Herrera. Las calles adoquinadas que rodean a la céntrica Plaza del Arenal, como las de gran parte de la carrera oficial, albergan palcos, donde se ubican asistentes que por cada silla pagan en promedio unos 100 euros para presenciar toda la semana. No es la única fuente de ingresos de las cofradías. Cada miembro de la hermandad paga una cuota anual de 60 euros. Sobre eso donamos todo lo que podemos, y además, organizamos fiestas, ferias y loterías, no solo para mantener las actividades sino para nuestras tareas sociales, asegura Javier Mantaras, con más de 50 años como integrante de la cofradía de Las Angustias. Arte y emprendimientos Silvia Toro está al frente de la mercería de Jerez que lleva su apellido y que fundó su abuelo Bartolo en 1889. Tomó las riendas del local cuando vio que el negocio iba camino al cierre, en tiempos en que, lejos de aquellos finales del siglo XIX, cada vez menos gente cose. Vine con mi experiencia en grandes empresas mayoristas de papelería, y decidí recorrer las hermandades para contarles que podíamos hacerles accesorios personalizados, cuenta, rodeada de mantillas, capirotes y toda clase de elementos para uniformar a los miembros de cada cofradía. Lee también: De Río de Janeiro a Miami: los destinos que eligen los argentinos para viajar en Semana Santa Logró que la gente joven volviera a atravesar las puertas de su local. Antes las molías se improvisaban con frazadas enrolladas, y cada costalero iba vestido con su ropa de calle. Nosotros les ofrecemos todo el atuendo con los colores de cada hermandad, con leyendas bordadas, con apliques para que personalicen sus prendas y con practicidad. Diseñamos, por ejemplo, mochilas que pueden llevar sujetas al cinturón, capirotes que se desarman para ser guardados sin ocupar espacio, molías de alta resistencia, fajines para protegerse del frío y hasta calzados, detalla. Su campaña comercial de Semana Santa arranca en el mes de noviembre del año anterior, cuando sale de visita con una valija llena de muestras y empieza a tomar pedidos de toda la ciudad y de otros puntos de España. Es que estas celebraciones motorizan una enorme actividad económica local porque involucran un engranaje de toda clase de artesanos y de artistas que abastecen a las hermandades. Manos en la masa Las tradiciones de esta celebración también son dulces. Adonay Torres Gómez es nieto e hijo de panaderos, pero torció levemente el mandato familiar para convertirse en el alma creativa de La guinda, una pastelería que se especializa en recetas típicas de Semana Santa. Retomé una receta de mi abuela y hago leche frita, un postre que se hace infusionando leche con canela y limón. Se cuela la preparación y se mezcla con harina para llevarla al fuego hasta convertirla en una especie de crema pastelera. Se la enfría durante 24 horas para que solidifique bien, se corta en cuadrados y luego se la pasa por huevo y harina para freírla. Finalmente se recubre cada porción de azúcar y canela, explica. También por estos días sus vitrinas ofrecen arroz con leche sólido, en forma de torta con base de galletitas; torrijas (rebanadas de pan bañadas en vino dulce y luego fritas); roscos (masas secas y especiadas con anís, clavo de olor molido y canela) y tocino del cielo, una preparación que se asemeja al flan y surgió en los conventos para aprovechar las yemas que las bodegas descartaban después de usar las claras como clarificantes del vino. Jerez tiene 215.000 habitantes, un mercado de abastos de 140 años de antigüedad con puestos de pescado atendidos desde siempre por grandes familias gitanas; un alcázar, fortaleza del siglo XII que resiste en pie mientras la ciudad multiplica sus bodegas y sus bailaoras flamencas. Y cada año una certeza: no dejar de cantarle al que anduvo en la mar.

    Ver noticia original

    También te puede interesar

  • Examedia © 2024

    Desarrollado por