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Parana » AIM Digital
Fecha: 02/04/2026 20:45
El 2 de abril de 1996 Lech Walesa, ex presidente de Polonia, regresó a su trabajo como electricista en los talleres de Gdansk, tras una derrota electoral, en una actitud que es digna de mantener dentro de un relicario como cosa curiosa de un pasado irrecuperable, el menos en la Argentina. Los políticos argentinos son muy superiores a Walesa en voluntad de servicio, tan enérgica que no pueden abandonar ni por un segundo los cargos públicos por los que pelean entre sí más que boxeadores sobre el ring. Desde esos cargos pueden ejercer su vocación, que es tan desarrollada que ni siquiera pueden cumplirlos sin abandonarlos por otro mejor, desde donde puedan expresarse con más altura. Walesa perdió las elecciones y a pesar de haber sido presidente, en lugar de seguir en la lucha como hombre político volvió tranquilamente al cargo de electricista en los talleres de Gdansk, la antigua Danzig de la Prusia Oriental, donde nació Schopenhauer. En este punto, su actitud fue similar a la de Cincinato, que en un momento de grave apuro militar para Roma, fue invitado por sus conciudadanos a hacerse cargo del poder como dictador. Salió de su campo, que estaba arando cuando recibió a los visitantes del Senado, para asumir la dictadura. Derrotó a los enemigos, pacificó el país, arregló su politica y su economía, y rechazó el ofrecimiento de seguir en el cargo para volver a arar su parcela de terreno. Walesa nació el 29 de septiembre de 1943 en una pequeña ciudad del este de Polonia, llamada Lipna, en una familia humilde, de campesinos. Concluyó sus estudios en una escuela de oficios y comenzó a trabajar como mecánico de maquinaria agrícola. En 1961, dejó su casa para servir en las Fuerzas Armadas. Pasó seis años cumpliendo con el servicio militar obligatorio, al terminarlo se mudó a Gdansk con la intención de mejorar su situación económica. Allí consiguió un empleo como electricista en los gigantescos astilleros Lenin. En 1970 se iniciaron las primeras revueltas pro-derechos de los trabajadores en Gdansk. En ellas Walesa participó y vio directamente cómo varios manifestantes eran ejecutados en la vía pública por las tropas gubernamentales. A partir de entonces, tomó un lugar preponderante en la lucha por la creación y mantenimiento de sindicatos obreros auténticamente libres. Pero el nombre de Lech Walesa recién comenzó a ser conocido internacionalmente en 1980. Por aquellos días, en los astilleros Lenin, en Gdansk, tenían lugar una serie de manifestaciones de protesta provocadas por dos razones: un aumento de precios de los alimentos y el despido de Walesa y otros dos activistas sindicales. El 14 de agosto, Lech Walesa saltó por arriba de un muro, ingresó al predio e improvisó un fervoroso discurso llamando a la huelga a los 17.000 trabajadores de aquella empresa. Walesa fue designado como líder de un comité de huelga que negociaba con la dirección del astillero. 72 horas más tarde, las demandas de los huelguistas fueron aceptadas. Pero entonces los huelguistas de otras fábricas de Gdansk le pidieron a Walesa que continuara su huelga en solidaridad con ellos. Walesa aceptó y se formó un comité inter-empresarial de huelga que abarcó las plantas de Gdansk, Sopot y Gdynia, que lanzó de inmediato una huelga general. El 31 de agosto de ese año 1980, Walesa y el gobierno firmaron un acuerdo que concedió a los obreros varias de sus reivindicaciones: el derecho a organizarse de manera libre e independiente, y concesiones en cuanto a aumentos de salarios y mayor libertad de expresión en materia política y religiosa. Fue entonces cuando aquel comité inter-empresarial de huelga dio paso a lo que el mundo conocería como Solidarnosc (Solidaridad). Como principal figura de la unión de gremios, Walesa obtuvo mayores concesiones. Pero las conquistas fueron efímeras. El 31 de diciembre de 1981, el gobierno polaco impuso la ley marcial, Solidaridad fue declarado ilegal y la mayoría de sus líderes fueron arrestados, incluyendo a Walesa, quien estuvo detenido por cerca de un año. Los movimientos obreros continuaron pero fueron acallados al mantener el gobierno pro-soviético una política de acoso a Walesa y otros activistas. Por permanecer firme en su lucha, sin acudir a la violencia, Lech Walesa recibió en 1983 el Premio Nobel de la Paz, una decisión que fue duramente criticada por el gobierno polaco. Temiendo que si salía del país no se le permitiese retornar, Walesa se quedó en Polonia mientras que su mujer, Danuta, viajó a Oslo a recibir el premio en su nombre. En 1988 y 1989 participó en negociaciones con el gobierno de Polonia. obtuvo la legalización de Solidaridad y otros sindicatos, elecciones libres para la recién restaurada Cámara Alta del Parlamento, el establecimiento de la figura de presidente de la República y la implementación de algunos cambios económicos. En 1990, Walesa donó los 200.000 dólares que obtuvo del Premio Nobel a un fondo destinado a reconstruir el país. En 1989 ayudó a Tadeusz Mazowiecki, un intelectual que desde la primera hora había apoyado a Solidaridad, a obtener el cargo de primer ministro. Pero un año más tarde compitió con él por la Presidencia y le ganó en la primera elección libre y directa de la historia polaca. Cinco años después, en 1995, Lech Walesa intentó la reelección pero fue derrotado, aunque por un margen no muy amplio, por el ex comunista Aleksander Kwasniewski, principal de la Alianza de Izquierda Democrática. La revista estadounidense Time sintetizó muy claramente la importancia del legado histórico de Lech Walesa: "Es de las grandes ironías de la historia: una de las cosas más cercanas a una genuina revolución de trabajadores que hayamos visto fue dirigida contra un autodenominado estado de los trabajadores. Polonia fue el rompehielos para el resto de Europa Central en las revoluciones de terciopelo de 1989. La contribución de Walesa al fin del comunismo en Europa, y por lo tanto al fin de la guerra fría, está al mismo nivel que la de su compatriota, el Papa Juan Pablo II y la del líder soviético, Mikhail Gorvachov".
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