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» Clarin
Fecha: 02/04/2026 13:42
Este 2 de abril, a más de cuatro décadas de la guerra de Malvinas, hay historias que siguen vigentes. Una de ellas es la de Raymundo Gleyzer, el documentalista argentino que viajó solo a las islas, las filmó por primera vez para la TV y estuvo a punto de morir en el intento. Mucho antes de 1982, cuando para la mayoría Malvinas era apenas un mapa escolar, una estampilla y una consigna, Gleyzer llevó una cámara de 16 mm a las islas y registró algo rarísimo para la época: la vida cotidiana. No el símbolo. No la guerra. La vida. Lo hizo solo, con recursos mínimos, y dejó un documento pionero para la TV argentina. Con los años, ese material ganó otro peso: mostró un mundo cercano en kilómetros, pero lejano en idioma, cultura y costumbres, antes de que la historia lo partiera al medio. Raymundo Gleyzer: cómo filmó las Islas Malvinas antes de la guerra Las Islas Malvinas: otro mundo dentro de este mundo. Un archipiélago de dos islas principales, a unos 600 km de la costa patagónica (casi nada para un país de casi 4000 km de longitud), pero inglesas para el resto del mundo. Allí no se habla castellano, sino inglés. Y con la yerba mate que importada de Uruguay se prepara té inglés (un descubrimiento del documental). Nada más gráfico que ese detalle para destacar la diferencia de lenguas y tradiciones de dos países en un mismo suelo. Raymundo Gleyzer, nacido en Buenos Aires en 1941, también habitaba otro mundo dentro de su argentinidad. Desde adolescente, al salir del colegio, iba a aprender idish, el dialecto de los judíos de Europa del Este. Su madre había sido fundadora del teatro IFT, que popularizó el teatro judío en Argentina. Un tipo de teatro tan popular que Orson Welles lo elogió durante su visita al país. Es probable que ese comentario no le haya pasado desapercibido al joven Gleyzer, antes de tomar la cámara. Nuestras Islas Malvinas, el documental pionero de la TV argentina En 1966, la TV argentina fue testigo de un hecho histórico que con el tiempo demostraría su importancia: comenzaba el programa Telenoche. Con Tomás Eloy Martínez como director periodístico, el programa en Canal 13 cubrió eventos como la llegada del hombre a la Luna, el Cordobazo, la guerra de Vietnam y el Mayo Francés. Uno de sus primeros hitos fue el primer documental sobre las islas, el mediometraje Nuestras Islas Malvinas, dirigido por el joven camarógrafo Raymundo Gleyzer.. Fascinado por el nuevo cine documental y social de los 60, Gleyzer había abandonado sus estudios en la Escuela de Bellas Artes de La Plata, bajo la tutela del director José A. Martínez Suárez (hermano de Mirtha Legrand), para unirse al canal. Su primer gran proyecto, casi una película (un mediometraje de poco más de media hora), fue filmar las Islas Malvinas. La hazaña es doble: no solo fue pionero en mostrar lo que nadie había visto, en ese lugar tan cercano pero en otro idioma, sino que el especial para Telenoche también se convirtió en un precursor de la TV argentina. Gleyzer logró registrar, por primera vez para la TV argentina, la vida de los isleños: en las calles, las iglesias, sus cines (¡dos salas!), y su quehacer cotidiano. Aunque contaba con poca tecnología, su creatividad y recursos marcaron el embrión de grandes hitos en TV. Cómo filmó Malvinas casi en vivo y con recursos mínimos Raymundo Gleyzer viajó solo al gélido clima de las Islas Malvinas. Llegó en el buque Darwin desde Montevideo y desembarcó cinco días después, en medio de una de las nevadas históricas de Puerto Stanley. Iba solo, con su cámara Bolex de 16 mm, un modelo utilizado tanto por narradores como por aventureros, desde Steven Spielberg y David Lynch hasta Antoine de Saint-Exupéry para documentar sus viajes. Era una cámara de estudiante y aprendiz que Gleyzer manejaba con la destreza de un maestro. Spoiler para la generación Alfa y nativos digitales: las cámaras de TV pesaban. Muchísimo. No eran portátiles y no existía conexión satelital en ese momento. Nada que ver con la inmediatez de un vivo en redes sociales. Incluso hasta bien entrados los años 70, la portabilidad era muy difícil, como muestra la extraordinaria película Septiembre 5, que retrata la cobertura casi física y sin descanso de la masacre en las Olimpiadas de Múnich. Sin embargo, el resultado de Gleyzer, a pesar de los casi 60 años que han pasado, sigue respirando. Está vivo. Rompe con el formato de cabezas parlantes (entrevistas a personas) y muestra las Islas desde múltiples ángulos. Malvinas: un viaje casi letal y con permiso de su majestad Vivimos rodeados de imágenes. Hoy cuesta entender que, hasta el documental de Raymundo Gleyzer, lo que se conocía de las Islas Malvinas eran estampillas con el rótulo "Las Malvinas son argentinas", mapas enrollables de colegio y comentarios en manuales de historia. Corresponsal, periodista, editor, cineasta documentalista, Gleyzer trajo seres vivos a su registro. Combinó todas sus habilidades y, junto a la voz en off del periodista Roberto Maidana, narró las Islas Malvinas. En el libro de los historiadores de cine Fernando Martín Peña y Carlos Vallina, Raymundo Gleyzer: el cine quema, somos testigos de la hazaña, a través del recuerdo de su viuda, Juana Sapire: De Telenoche pidieron un permiso a la Reina de Inglaterra, un permiso que era para una persona y nadie más. Entonces fue él solo, con la cámara de 16 mm para filmar, con una cámara para sacar fotos en blanco y negro y con otra para sacar fotos en color y con un grabador. Sin embargo, como también explica el libro, el viaje original debió acortarse. Gleyzer, alojado en una casa de familia y siguiendo una peculiar dieta de cordero y curry, desarrolló una úlcera que lo dejó en cama. El regreso fue un suplicio; viajó acostado y a base de té. Al llegar a Buenos Aires, tuvo que someterse a una transfusión de sangre urgente: sufría una hemorragia interna. Pero, antes de todo esto, había capturado la esencia de las Malvinas. Cómo eran las Islas Malvinas que registró Gleyzer A pesar de que casi le costó la vida, el material de Raymundo Gleyzer, ese otro mundo isleño que capturó, perdura. La vida de los kelpers (que la voz en off se niega a llamar así, destacando el gentilicio Malvineros) se muestra en escenas cotidianas: en los pubs, tirando dardos, en la escuela, con el lechero, en un entierro, o en un encuentro entre el gobernador y empresarios. Aún hoy sorprenden los recursos que Gleyzer, en solitario, pudo capturar. Kelpers o malvineros: un todo, un conjunto. Uno de los aspectos más llamativos es la convivencia entre esos mundos, el argentino y el sajón. Kelpers argentinos y malvineros ingleses, que relatan viajes por Argentina, "desde Santa Cruz hasta Corrientes", en entrevistas que realiza Gleyzer. Hay una escuela de español para chicos y grandes, y radioaficionados que recibieron, de Argentina, banderines de Quilmes, Ezpeleta o Lobos. En muchos planos, la famosa poesía de John Donne se argentiniza: Ningún hombre es una isla, algo completo en sí mismo; cada hombre es un fragmento del continente, una parte de un conjunto. De Telenoche pidieron un permiso a la Reina de Inglaterra, un permiso que era para una persona y nadie más. Entonces fue él solo, con la cámara de 16 mm para filmar. Un hincha de Racing en las Malvinas Un momento curioso muestra a Reinaldo Rey, un argentino malvinense fanático de Racing. La voz en off de Roberto Maidana comenta : Reinaldo no va al cine, los domingos escucha los partidos de Racing. Rey celebra una racha de más de 30 victorias, con la bandera celeste y blanca, argentina y de Racing, que guarda en su casa. El legado de Gleyzer tras filmar Malvinas El telefilme de Gleyzer marcó un hito en la TV argentina, no como un panfleto anti-colonialista, sino como un retrato sensible de la vida cotidiana de los isleños: su gente, el puerto nevado, los rituales sociales. Telenoche emitió el material en varios programas y parte de él luego resurgiría en los documentales Malvinas, historia de traiciones (Jorge Denti, 1985) y Hundan al Belgrano (Federico Urioste, 1994). Tras finalizar el proyecto sobre Malvinas, Gleyzer, visionario, propuso a una productora filmar Argentinos por el Mundo, un proyecto que documentaba a argentinos viviendo en el extranjero. La idea fue rechazada. Décadas después se convertiría en uno de los formatos más exitosos de la TV argentina, con conductores como Marley o Florencia Peña. Gleyzer también dirigió otros importantes documentales como Ni olvido ni perdón: 1972, la masacre de Trelew y su ficción más famosa, Los traidores (1973), sobre la corrupción sindical. El 27 de mayo de 1976, fue secuestrado por la dictadura militar y continúa desaparecido. Cada 27 de Mayo se conmemora en Argentina el "Día del documentalista" en su honor. Según los historiadores Martín Peña y Vallina, su cine, siempre vigente, supera largamente el marco histórico y político en el que fue realizado. Antes de la guerra, Gleyzer había filmado Malvinas. No el conflicto. La vida. Después, la historia hizo el resto. Sobre la firma Newsletter Clarín
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