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Parana » Uno
Fecha: 02/04/2026 09:05
El 19 de junio de 1982, el buque británico Canberra arribó al puerto Almirante Storni de la ciudad de Puerto Madryn con más de 4.100 soldados argentinos que regresaban de la guerra de Malvinas. El día que Puerto Madryn se quedó sin pan: el abrazo de un pueblo que rompió el cerco del olvido Mientras el Ejercito escondía a los soldados, tras la derrota en Malvinas el pueblo de Madryn les abrió las puertas de sus casas y los abrazó A menos de una semana de la rendición en Puerto Argentino, un fuerte cerco militar impidió el acceso al puerto con el objetivo de ocultar las pésimas condiciones alimentarias de los combatientes y evitar el contacto con la población. Escondidos en una larga fila de camiones tapados con lonas, los soldados atravesaron la ciudad hacia una barraca antes de ser enviados de regreso a sus regimientos. Sin embargo, al enterarse de la situación, el pueblo madrylense se volcó espontáneamente a las calles para recibirlos como héroes, ofreciéndoles pan, galletitas y hasta sus propias casas para brindarles un plato de comida y un teléfono para avisar a sus familias que habían regresado. Horas después, las panaderías habían quedado sin reservas de harina y en toda la ciudad no había ni un solo gramo de pan. En el año 2016 el Concejo Deliberante de esa ciudad votó por unanimidad una ordenanza que declara el 19 de junio como El Día que Madryn se quedó sin pan por la solidaridad y gratitud de los vecinos, con la finalidad de reconocer la importancia de la historia local y de mantener viva la memoria de la solidaridad de los vecinos en un momento crucial de la historia argentina. Memoria que sigue viva en el pueblo de Puerto Madryn a través de relatos, historias orales, monumentos sitios de memoria y murales en los espacios públicos. Otro relato sobre el hecho El profesor de historia Jorge Tesan, a través de su podcast "Se acabó la merluza", contextualiza este suceso contrastando la realidad de Buenos Aires, donde el Mundial de Fútbol de 1982 hacía que la guerra pareciera parte de otro universo. Sostiene que la estrategia del gobierno militar fue "esconder la guerra perdida bajo la alfombra", tratando a los soldados como los "próximos desaparecidos" para evitar que su estado físico y psíquico se volviera contra la dictadura. Según su relato, Puerto Madryn una ciudad que entonces tenía no más de 20.000 habitantes vivió el conflicto de cerca, con niños haciendo ejercicios de defensa bajo los pupitres y una población envuelta en una "Navidad bélica". Tras el abrupto final de la guerra el 14 de junio, una "tristeza descomunal" se apoderó de la ciudad. Mientras tanto, en Puerto Argentino, los ingleses alimentaban a los soldados argentinos con la comida que su propio Eejército les había negado, antes de embarcarlos en el transatlántico de lujo Canberra, apodado la "ballena blanca". El 19 de junio, una nevada inusual cubrió Madryn mientras el Ejército copaba cada rincón en un radio de tres kilómetros para asegurar el mutismo oficial. Al llegar, las autoridades militares lanzaron una cruel arenga a los soldados, advirtiéndoles falsamente que la gente estaba indignada con ellos y que podrían ser apedreados. Pero la realidad era otra: vecinos con banderas, bizcochuelos y bufandas celestes y blancas salieron al encuentro de los camiones. "¡Por qué los esconden!", gritaba la gente mientras descorría las lonas de los camiones para tocar a esos jóvenes que se asomaban con uniformes sucios. Solidaridad y memoria histórica La movilización fue de tal magnitud que los panaderos, al agotarse sus reservas, enviaron a los repartidores a regalar todo lo que tenían en los canastos: facturas, tortas negras y pan. Aquel día, unas 10.000 personas salieron a la calle, colapsando la central telefónica para que los conscriptos pudieran hablar con sus hogares. Los soldados, abrumados y silenciosos, retribuían el cariño entregando partes de sus uniformes, gorros y camperas. El gesto de cobijo se repitió en los días siguientes con la llegada de otros buques como el Northland, el Irizar, el Saint Edmond y el Bahía Paraíso. El impacto de este "momento de comunión" perdura hasta hoy. En el año 2016, el Concejo Deliberante de Puerto Madryn declaró por unanimidad el 19 de junio como el "Día que Madryn se quedó sin pan". Actualmente, la memoria sigue viva a través de murales como "El regreso", un mural de 30 metros inaugurado en 2019, y el pedido para declarar la ex barraca Lahusen donde se alojó a los soldados como Patrimonio Histórico de la ciudad. Para los excombatientes, Puerto Madryn representa ese lugar donde, por unas horas, "todo fue como debía ser".
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