02/04/2026 03:35
02/04/2026 03:31
02/04/2026 03:29
02/04/2026 03:28
02/04/2026 03:27
02/04/2026 03:25
02/04/2026 03:24
02/04/2026 03:24
02/04/2026 03:24
02/04/2026 03:24
Parana » Cuestion Entrerriana
Fecha: 02/04/2026 01:55
En un lanzamiento histórico seguido por millones en todo el mundo, la NASA puso en órbita la misión tripulada Artemis II rumbo a la Luna y, junto a la nave Orion, viaja el nanosatélite argentino Atenea, desarrollado íntegramente en el país. Fueron algunos minutos tensos en los que Estados Unidos y buena parte del planeta contuvieron la respiración durante la cuenta regresiva, en especial en los primeros 8 minutos, considerados críticos por el riesgo de explosión. Tres, dos, uno, ¡Lift off! (¡despeguen!), ordenó el centro de comando, mientras el suelo temblaba con la fuerza de los motores que lanzaban llamaradas. Poco después llegaron los suspiros de emoción y los aplausos cuando la primera misión tripulada hacia la Luna en más de medio siglo despegó sin contratiempos por el cielo azul de Florida. Tres hombres y una mujer astronautas hicieron historia al iniciar la odisea de dar una vuelta alrededor del satélite de la Tierra, algo que no sucedía desde 1972, en un nuevo paso de Estados Unidos hacia una era renovada de exploración espacial. La misión de la NASA, bautizada Artemis II, se gestó durante años y sufrió múltiples contratiempos y demoras, pero finalmente pudo despegar a las 18.35 de la tarde, hora local, 19.35 hora argentina, desde el Kennedy Space Center, en Florida. Un cielo despejado ofreció una ventana climática ideal para la partida. Este viaje, que durará 10 días, marcará la primera vez que los humanos salen de la órbita terrestre baja en más de medio siglo, desde que tras la misión Apolo 17 de 1972 se abandonaron los viajes al satélite terrestre. También batirá el récord del Apolo 13 (1970) de la distancia recorrida por humanos en el espacio, estimada en unos 400.000 kilómetros, y sentará las bases para un futuro alunizaje y la exploración del espacio profundo. Bajo el potente sol de Florida, unas 250.000 personas presenciaron el lanzamiento en directo desde zonas cercanas. Hubo aplausos y hasta lágrimas cuando el cuerpo de todos tembló con la fuerza de los motores al máximo. Periodistas, curiosos y familias enteras esperaron por horas hasta que el inmenso cohete naranja y blanco se elevó con una estela de fuego y, en los primeros 8 minutos, fue desprendiéndose de motores y partes no esenciales para la travesía, la fase de mayor riesgo de accidente según los expertos. Al mismo tiempo, millones de personas siguieron el despegue desde salones en Estados Unidos y desde todo el mundo a través de una transmisión en vivo de la NASA, que mostró cada instancia del operativo. En la Argentina, el lanzamiento también se vivió con expectativa. En otro hecho histórico, un nanosatélite bautizado Atenea, de desarrollo íntegramente nacional, se sumó a la misión estadounidense y viaja junto a los astronautas. Tras una rigurosa selección en la que participaron más de 50 países, solo cuatro lograron un lugar: Alemania, Arabia Saudita, Corea del Sur y Argentina. El desarrollo de Atenea fue fruto de una colaboración entre la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (CONAE); la Universidad de Buenos Aires; la Universidad Nacional de La Plata; la Universidad Nacional de San Martín; el Instituto Argentino de Radioastronomía y la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA), junto con la empresa VENG S.A. Atenea navegará en una órbita de 72.000 kilómetros de altura, una posición en la que hoy no existen satélites. Desde allí medirá la radiación existente, datos vitales para estudiar su impacto en el organismo humano y para probar nueva tecnología que luego podría aplicarse, por ejemplo, en vehículos terrestres. También evaluará las comunicaciones con las bases terrestres desde esa lejana posición. En la extensa transmisión en vivo de la NASA se vio a los astronautas, con sus trajes naranjas, saludar a familiares y técnicos antes de introducirse en la cápsula Orion, el pequeño habitáculo de unos 9 metros cúbicos en el que permanecerán al menos 10 días antes de regresar a la Tierra. El equipo está compuesto por los astronautas estadounidenses Reid Wiseman (comandante), Victor Glover (piloto) y Christina Koch, junto con el canadiense Jeremy Hansen, ambos especialistas, quienes protagonizan esta nueva etapa del programa lunar. Es la primera vez que una mujer, un afroamericano y un ciudadano no estadounidense participan en una misión a la Luna. A la vez, se trata del primer vuelo tripulado del nuevo cohete lunar de la NASA, denominado SLS, diseñado para permitir que Estados Unidos regrese de manera recurrente a la Luna en los próximos años. La misión Artemis II incluye circunvalar la Luna y, por primera vez, viajar al lado oscuro del satélite antes de regresar a la Tierra. La cápsula Orion amerizará luego en el Océano Pacífico. La experiencia busca verificar que tanto el cohete como la nave espacial funcionen a la perfección durante toda la travesía, con la expectativa de allanar el camino para un regreso y un alunizaje en 2028. El objetivo de largo plazo es establecer en la Luna una base permanente que sirva como plataforma para una exploración más profunda y para la posible explotación de recursos valiosos como agua y Helio 3, un isótopo clave para futuras tecnologías energéticas. A la vez, es un peldaño hacia Marte, donde podríamos tener la mayor probabilidad de encontrar evidencia de vida pasada, pero también es una piedra de Rosetta para entender cómo se forman otros sistemas solares, dijo la astronauta Koch en una conferencia de prensa el fin de semana. El lanzamiento de Artemis II marca un hito arriesgado, costoso y técnicamente desafiante: la reapertura formal de la ambición humana de explorar el espacio profundo. El programa insumió alrededor de 107.000 millones de dólares y se convirtió además en una meta personal para el presidente Donald Trump, que busca que Estados Unidos vuelva a pisar la Luna durante su mandato, que culmina en menos de tres años. Si bien desde hace años astronautas viven por meses en la Estación Espacial Internacional y existe una creciente industria espacial comercial que envía personas a órbita terrestre baja, ir a la Luna es mucho más peligroso. Supone viajar más lejos y más rápido, confiando en hardware que nunca se ha utilizado para transportar humanos a ningún destino, y menos aún al satélite terrestre. En una era dominada por contratos espaciales privados y comerciales, Artemis II es una misión tradicional, basada en un cohete y una cápsula de gran capacidad desarrollados por la NASA durante más de una década, que retoma el modelo de las grandes expediciones estatales. El presidente Trump siguió con atención el lanzamiento. Por primera vez en más de 50 años, Estados Unidos regresa a la Luna!, posteó en su red social. Artemis II, uno de los cohetes más potentes jamás construidos, lanzará a nuestros valientes astronautas al espacio profundo, más lejos de lo que ningún ser humano ha llegado jamás, celebró. Poco antes de pronunciar un discurso sobre la complicada guerra en Irán, agregó: Estamos ganando: en el espacio, en la Tierra y en todas partes, económica, militarmente y ahora, más allá de las estrellas, añadió el magnate. Nadie puede competir! Estados Unidos no solo compite, domina, y el mundo entero nos observa. Las últimas palabras del comandante Glover a la prensa fueron: Los amo, chicos. En las horas previas al lanzamiento, los astronautas jugaron a las cartas, una tradición de la NASA para que los comandantes quemen toda su mala suerte antes de embarcar. Ahora resta esperar que todo marche bien y que los cuatro puedan regresar sanos y salvos.
Ver noticia original